N. K. Jemisin
Hasta hace relativamente poco 2016, N. K. Jemisin no sólo se dedicaba a escribir, estudió sicología y trabajaba en algo relacionado con eso. No importaba mucho que varios de sus cuentos y novelas estuvieran nominados e incluso obtuvieran premios, tenía que trabajar para ...
Hasta hace relativamente poco (2016), N. K. Jemisin no sólo se dedicaba a escribir, estudió sicología y trabajaba en algo relacionado con eso. No importaba mucho que varios de sus cuentos y novelas estuvieran nominados e incluso obtuvieran premios, tenía que trabajar para pagar la renta. Eso cambió cuando entró a Patreon, una crowdfunding donde los fans (lectores) pueden donar dinero a su artista favorito (escritora, en este caso) para que se dedique 100% a su arte.
N. K. Jemisin le sacó mucho provecho. Acaba de ganar por tercer año consecutivo el premio Hugo, el equivalente a los Oscares, pero en literatura de ciencia ficción.
Ya en 2016 obtuvo su primer gran logro: ser la primera mujer afroamericana en ganar el premio Hugo de mejor novela del año con La quinta estación (Ediciones B, colección Nova, 2017), primera parte de su trilogía La Tierra Fragmentada. Repitió la hazaña en 2017 con la segunda parte, El portal de los obeliscos (Ediciones B, 2018) y, para sorpresa de todos, este 2018 lo volvió a ganar con la tercera parte: The Stone Sky, que Nova publicará en español el próximo año con el título El Cielo de Piedra.
La trilogía de La Tierra Fragmentada se convirtió así en una lectura obligada para los fans de la ciencia ficción y la fantasía, al ser la primera trilogía premiada en su totalidad. Pero no sólo por eso. A diferencia de otros premios, estas novelas que se encuentran a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía épica, merecen ser leídas por diversas razones.
Teniendo en cuenta mi experiencia como mujer negra —dijo en una entrevista en 2017—, es inevitable que desarrolle sociedades en las que se manifieste la intolerancia en diversas formas: sexismo, clasismo, racismo... no existe ninguna sociedad sin ese tipo de conflictos. En la realidad tenemos intolerancia, y tenemos que hablar de ella.
Como muchas novelas de fantasía, ésta tiene un mapa en sus primeras páginas. En el primer libro se muestra La Quietud, un continente que, periódicamente, se quiebra en catástrofes geológicas de lava, azufre, terremotos y ceniza, los cuales desencadenan extinciones masivas. Hay temblores todo el tiempo, pero existen los Orogenes, personas muy especiales que tienen el don (o la maldición) de sentir la tierra, las placas tectónicas y los movimientos de éstas: pueden detener un sismo, pero también pueden provocarlo. Los Orogenes son temidos y odiados por los demás habitantes de este continente, pero, al mismo tiempo, son usados por los que ostentan el poder, para mantener la tierra quieta y que no suceda otra “estación”, como son llamadas las catástrofes que ocurren cada siglo o incluso antes. En La Quietud conviven —o malviven— varios seres extraños: los guardianes, los comepiedras y los táticos, o sea, los que no tienen ningún don o poder, que son los más normalitos de todos, pero no por eso menos peligrosos. Sobrevivir es lo más importante en esta tierra inhóspita.
N. K. Jemisin, como muchos grandes autores de ciencia ficción, utilizó ese medio para hablar de asuntos realmente importantes de nuestro mundo.
Éste ha sido un año duro, ¿no? Unos pocos años duros. Un siglo duro. Para algunos de nosotros las cosas siempre han sido duras. Escribí La Trilogía de la Tierra Fragmentada para hablar de esa lucha y qué es lo que supone vivir, por no decir prosperar, en un mundo determinado a romperte. Un mundo de personas que constantemente se cuestionan tu competencia, tu relevancia, tu propia experiencia.
Esto dijo en el discurso de aceptación que dio N. K. Jemisin al recibir su tercer Hugo. Esperemos que nada ni nadie rompa a N.K. Jemisin y nos siga deleitando y cuestionando con sus libros. Que siga hablando, como dice en una de sus dedicatorias, por todos aquellos que tienen que luchar por el respeto que el resto recibe por omisión.
