Mesías

“Si las bandas de rock estuvieran más cerca del centro de la cultura popular, Jack White sería más famoso de lo que ya es”, dice Brian Hiatt en su reportaje y entrevista al cantante de Detroit en el número de abril de la revista Rolling Stone. Esta frase aplica, ...

Si las bandas de rock estuvieran más cerca del centro de la cultura popular, Jack White sería más famoso de lo que ya es”, dice Brian Hiatt en su reportaje y entrevista al cantante de Detroit en el número de abril de la revista Rolling Stone. Esta frase aplica, quizá, para todos los que tenemos una banda de rock, sea nueva o ya medio ruca, como la mía.

El rock no está de moda. Lo cual puede sonar raro para quienes leen esta columna, pues estoy seguro de que, si me leen, es porque tenemos varias cosas en común, una de ellas, el gusto por el rock. ¿Jack White no es lo suficientemente famoso? ¿El rock no es el centro de la vida de todos? Cada quien vive en su burbuja y, para nosotros, tú y yo, el rock está más vivo que nunca, con tantas bandas al alcance de los dedos en iTunes, Spotify y YouTube, con grupos que vienen a tocar en vivo a nuestros países en subdesarrollo y tantos festivales. Pero, fuera de nuestro gueto, el rock apesta a muerto. Lo que les gusta allá afuera es otro tipo de música: sí, sí, hip-hop, R&B (del nuevo), reguetón, reguetón pop, banda sinaloense, cumbias, bachata, etcétera, etcétera.

Hay quien piensa que no falta mucho para que todo esto cambie, pues, en la historia de la industria musical, es fácil percibir ciclos: después de la música disco vino el punk; terminando el pop de los 80 vino el grunge, ¿cuánto falta?

El nuevo disco solista de Jack White, Boarding House Reach, tiene reseñas polarizadas, hay quienes piensan que es una joya; otros, que es una basura. La primera vez que yo lo puse lo entendí claramente como un disco más experimental que los anteriores. A discos así hay que darles varias escuchadas antes de emitir un juicio. Dos o tres canciones me gustaron mucho de primera, pero lo demás era una interrogación total. No lo rechacé de inmediato, lo cual me pareció un acierto. Me pasó una cosa rara: me recordó la sensación que tuve cuando escuché el Sign O the Times, de Prince. Pero no me hagan mucho caso, saquen sus propias conclusiones.

Leyendo la entrevista de la Rolling Stone me entero que sí, Jack White se puso a experimentar. Si antes no usaba Protools porque pensaba que era la salida fácil, ahora lo usa en este disco; si antes desdeñaba ciertas guitarras porque eran más cómodas (como el modelo que Eddie Van Halen sacó hace poco a la venta), entonces se compró una. Jack es un tipo al que le gusta ir en contra de todo, incluso de sí mismo, es su manera de conjurar la creatividad. Se pone retos difíciles de vencer para, de ahí, sacar inspiración. Prefiere el camino intransitable, la ruta menos concurrida y, claro, eso lo lleva por lugares que suelen ser considerados basura o, si bien le va, incomprensibles.

Lo que sí es cierto es que White se alejó de la estructura de la canción tradicional en este trabajo. Hay quienes pensarán que ya no le salen buenas canciones, pero yo creo que tiene el oficio y claro que las debe componer, pero quiere buscar otro camino en vez del verso-verso-coro-verso-solo-coro-coro. Eso ya lo demostró en The White Stripes, The Raconteurs y en The Dead Weather.

Jack White, a mediana edad (tiene 42), está en el punto preciso de la carrera de un músico, donde más tendemos a subestimarlo. En diez años será una leyenda indiscutible”, vuelvo a citar el reportaje de la Rolling Stone.

Ramiro del Real, quien toca varios instrumentos y acompaña a Café Tacvba como músico invitado, tiene una frase que le escucho repetir una y otra vez: ¿cuándo aparecerá el nuevo Kurt Cobain que venga a darle vida y un nuevo auge al rock?

Yo también me lo cuestiono. Suena como que estamos esperando al mesías. Y si continuamos la analogía bíblica, Jack White es como un Juan el Bautista. Quien le abre paso a ese artista o grupo que vendrá a cambiar la escena musical. Espero que sea algo totalmente distinto a lo que nos imaginamos. Espero, incluso, que no le entienda.

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