Imaginación
“Imaginemos cosas chingonas, ¡carajo!”. Es tan fácil burlarse de esa frase, carcajearse incluso, porque tomarla en serio, creer que podemos afectar la realidad con el pensamiento, con la imaginación, es un acto de total ingenuidad. Y nadie quiere que lo tachen de ...
“Imaginemos cosas chingonas, ¡carajo!”. Es tan fácil burlarse de esa frase, carcajearse incluso, porque tomarla en serio, creer que podemos afectar la realidad con el pensamiento, con la imaginación, es un acto de total ingenuidad. Y nadie quiere que lo tachen de ingenuo. Somos adultos. No me vengan con fantasías. Las cosas son concretas o nada.
Pero una frase como “deberían creérsela” es menos peligrosa, aunque para mí significa más o menos lo mismo. “La selección tiene que creérsela para triunfar”, “si meten el primer gol del partido, tienen más posibilidades de ganar”. Esas frases que escucho cada cuatro años que hay Mundial tienen que ver con la seguridad de los jugadores, del equipo y, tal vez, creemos, sea algo distinto a “imaginar cosas”. Pero para mí todo comienza con la imaginación: si te crees capaz de lograrlo, tienes más posibilidades. Si no te la crees, si no te ves a ti mismo triunfando, imaginándolo, ya perdiste aun antes de salir a jugar.
Pero la imaginación, por desgracia, no es bien vista. Tiene buena aceptación en películas o en los niños. Ellos sí, que cree, pero “ay” de aquel que lleve esa imaginación a la vida adulta. A menos que seas un “creativo”, no puedes imaginar nada más allá de lo tangible y concreto. La realidad, dicen, no es maleable.
Acabo de leer una biografía de Elon Musk, escrita por Ashlee Vance, un periodista que hizo una barbaridad de entrevistas a personas que rodean a Elon, su exesposa con la que tuvo varios hijos, su otra exesposa con la que se casó, se divorció, se volvió a casar y se volvió a divorciar; sus socios, sus exsocios; sus empleados y exempleados; enemigos y amigos. Todo para retratar la vida de este genio (para unos) y farsante (para otros).
El sueño de Elon Musk es que la humanidad colonice Marte. Esto, por supuesto, le ha traído un sinfín de críticas y burlas, pero como él dice, es algo que soñé desde pequeño. Entre sus lecturas favoritas se contaban El señor de los anillos, la saga de Fundación, de Isaac Asimov, La luna es una cruel amante, de Robert Heinlein, y La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams. Aprendió solo a programar y a la corta edad de doce años creó su primer videojuego, pero decidió no seguir ese camino, “me gustan mucho los juegos de computadora, pero, aunque hubiera creado grandes juegos, ¿qué efecto habría tenido eso en el mundo? Más bien poco”, dice. En cambio, todo el dinero que ganó como socio de PayPal lo invirtió en Tesla, la empresa de autos eléctricos, y creó desde cero SpaceX, empresa que fabrica cohetes que van al espacio con innovaciones que ninguna otra había logrado.
Se supone que Elon Musk, que viene de Silicon Valley, no tendría nada que hacer en la industria automotriz ni en la del espacio, pero ahí está, atreviéndose a hacer cosas que otros no. Es, según el libro, un tipo arrogante, que corre a sus empleados sólo porque tienen faltas de ortografía en los e-mails que le mandan. Hay quienes lo aman y lo seguirán al fin del mundo; otros, sólo lo odian. Pero hay quienes lo odian y, aun así, lo seguirán a donde les diga porque saben de su valor.
¿Podría haber logrado tantos éxitos en su vida Elon Musk sin imaginación? No creo.
El futbol es lo más importante entre las cosas menos importantes, dijo Jorge Valdano. Qué maravilla que el Chicharito dijo esa frase: “Hay que imaginar cosas chingonas, ¡carajo!”, aunque sólo estuviera hablando de futbol, qué importa, pero no importa. Tampoco importa que luego perdieran. Yo, en vez de creer que no funciona pensar en cosas chingonas, estoy seguro de que alguien del equipo o de la afición no le puso bastantes ganas a imaginar. Fue por su culpa que perdimos.
Votar también es imaginar un país nuevo. Y la gente votó. Votamos como nunca en la historia de México. Ahora hay que imaginar que la transición sea pacífica y armoniosa. Tal vez no deberíamos burlarnos tanto de Chicharito.
