Gurú Chava Rock

El ejemplo que nos acaba de dar Chava Rock, con la carta abierta que le envió a quien le robó, es invaluable. Ya quisieran los políticos, que se las dan de ejemplo a seguir, tener aunque sea un poquito de la filosofía de este trabajador de las letras. Para quien no lo ...

El ejemplo que nos acaba de dar Chava Rock, con la carta abierta que le envió a quien le robó, es invaluable. Ya quisieran los políticos, que se las dan de ejemplo a seguir, tener aunque sea un poquito de la filosofía de este trabajador de las letras. Para quien no lo conozca aún, Chava Rock es un periodista cuyo interés principal es el rock, quien ha estado en la batalla desde hace 30 años, y justo el pasado Vive Latino le robaron una mochila con cámara y demás utensilios de trabajo ¡en la zona de prensa! Un lugar que se supone es seguro, pero ¿no debería ser cualquier lugar “seguro” dentro de las instalaciones del Foro Sol?

El robo de celulares en festivales y conciertos de rock vio su punto algido en el Vive Latino 2018. Fueron muchas las denuncias en redes de la cantidad de personas que “perdieron” su celular. No sé cuántas de estas personas fueron a declarar al Ministerio Público, pero supongo que las menos, pues cada vez desconfiamos más de que la policía pueda hacer algo, cuando sabemos que a veces ellos están coludidos con los maleantes.

Los afectados incluso saben en qué lugar les fue robado su iPhone —en un túnel por el que deben pasar de un escenario a otro, por ejemplo, y que en el cambio de artistas se atasca—. Hay quien dice que los robos son perpetrados por una banda muy bien organizada, con radios y toda la cosa. Seguro son muchos. Deben tener todo bien planeado: compran su boleto, saben a qué hora es cuando deben robar, uno sustrae el gadget del pantalón o backpack y otro lo saca del recinto, junto con otra decena de celulares que se consiguieron.

No es una situación nueva. Los robos de celulares en conciertos vienen sucediendo desde hace años. Recuerdo que cuando vi a Radiohead en el Palacio de los Deportes, a la hora de que el grupo comenzó los primeros acordes, cuando el público hace un reacomodo y todos damos uno o dos pasos al frente para estar más cerca del escenario, un chavo chaparrito y fornido, con tres jovencitas atrás de él, iba en contrasentido de todos los fans del grupo británico. El que iba abriendo paso, golpeaba a diestra y siniestra con sus codos, con urgencia. Cuando eso sucede uno se imagina que alguien está lastimado, desmayado, así que te haces a un lado. ¿Qué les pasa a estos?, pensé. Dos canciones más tarde, una chava que estaba adelante de mí empezó a buscar su celular. Pensó que se le había caído, así que su novio buscaba en el suelo. Ahí me di cuenta que habían sido estas personas que con tanto esmero buscaban la salida... ¿cuántos celulares habrán conseguido en su carrera desesperada? Las manos ágiles de las ladronas entrando y saliendo a toda velocidad de cientos de bolsos y bolsas. ¿Se quedarían hasta el final del concierto? No creo. Entonces habrán salido del recinto inmediatamente, ¿no deberían encontrar muy sospechoso los Lobos (la seguridad en los conciertos de Ocesa) que gente salga a la calle cuando el concierto apenas empieza?

Rabia, odio, tristeza, frustración. Todo eso genera en la gente que le roben su celular. En todos menos en Chava Rock. En su carta abierta, publicada en Facebook y compartida por miles de personas, Chava Rock hace un recuento de lo que le robaron (bueno, no dice que le robaron, dice que se confundieron de mochila). Al contrario de mentarle la madre al ratero, Chava Rock le pide que haga buen uso del equipo.

En una entrevista de radio, Chava Rock cita la influencia de Jodorowsky, responder de manera positiva a lo negativo, a la hora de elaborar su carta, también de los Wirarikas y del desapego del Budismo.

Definitivamente, Chava Rock pasó de ser un periodista muy activo a ser un verdadero ejemplo a seguir, mi role model favorito, mi gurú.

¡Que viva el rockanrol! ¡Qué viva Chava Rock!

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