Duda
Hacía mucho tiempo que no pensaba en la revista Duda, aquella que causó furor en los puestos de periódicos en la década de los setenta, cuya frase promocional era: “Lo increíble es la verdad”. Eran unos cómics que salían semanalmente y en cada número trataban un ...
Hacía mucho tiempo que no pensaba en la revista Duda, aquella que causó furor en los puestos de periódicos en la década de los setenta, cuya frase promocional era: “Lo increíble es la verdad”. Eran unos cómics que salían semanalmente y en cada número trataban un tema sobre ovnis, extraterrestres o fenómenos paranormales. Fue cuando conocí al escritor Juan Pablo Villalobos, que juntos recordamos la revista que nuestros padres compraban cuando éramos pequeños.
Mi hermano Quique y yo somos fans de las novelas de Juan Pablo Villalobos, pero no lo conocíamos personalmente. Conseguimos su mail para invitarlo a la tocada que daríamos en Barcelona. También queríamos que fuera parte de un video que Pepe Guevara y Rubén Albarrán estaban grabando en la gira europea de Café Tacvba. El video en cuestión tenía la finalidad de retratar la visita de nuestro grupo a tierras europeas, al mismo tiempo que el encuentro con latinoamericanos que escogieron Europa para vivir.
Juan Pablo Villalobos ha hecho una carrera literaria fructífera y exitosa desde Barcelona, sin dejar de tener en su prosa ese sabor mexicano, un humor que muchos comparan y encuentran influenciado por Jorge Ibargüengoitia.
Nos encontramos en la librería La Central, muy cerca de las Ramblas. Al saludarnos sentí que conocía a Juan Pablo desde hacía mucho tiempo. Nos pusimos a platicar inmediatamente, parecía más una puesta al día de amigos que no se han visto en meses. La idea era encontrarnos ahí para ir a comer a un lugar de tapas, pero mi hermano y yo también queríamos comprar libros. Yo me fui directo a la sección de ciencia ficción, pues hay editoriales y libros que no llegan fácilmente a México. Juan Pablo observó los títulos que traía en la mano y me recomendó otro, uno sobre weird fiction, ese género que tiene como role model a Lovecraft, Lo raro y espeluznante, de Mark Fisher (Ed. Alpha Decay, 2018). En ese momento recordé una parte de su novela Si vivieramos en un lugar normal, en donde el protagonista describe a su padre como un seguidor del fenómeno ovni. Rompiendo una regla tácita que dice que no debes asumir que lo que escribe un autor está basado en una vivencia personal, yo le dije que a nuestro papá también le encantaba leer sobre ovnis y fenómenos extraños. En el rostro de Juan Pablo se dibujó una enorme sonrisa, y dijo “sí, mi papá leía la revista Duda”. “¡El nuestro también!”, casi gritamos Quique y yo. Ahí empezamos a hacer un recuento de lo que cada uno de nuestros padres hacía y resultó que eran almas gemelas: creían en el poder de las pirámides, en la vida extraterrestre, en que “no estamos solos”. Hacían experimentos con magnetismo y otras cosas que la gente llama “locuras”. Mi hermano y yo no nos habíamos encontrado a nadie que tuviera un papá como el nuestro.
Quizá toda la culpa la tenga la revista Duda, pues en sus páginas aparecían los casos mas insólitos. Claro, tomen en cuenta que era en época preinternet, en donde la información no circulaba como ahora. El contenido de la revista estaba basado, supuestamente, en bibliografía seria. Recuerdo algunas de las revistas como si las estuviera leyendo ahorita: una pareja que fue abducida por los extraterrestres; el hundimiento del Titanic fue vaticinado por clarividentes; el mundo de los sueños como un lugar más real que la vigilia; el rastro de los extraterrestres en la historia; los hombres de negro, el área 51; la Luna, ¿base de extraterrestres?; la Tierra es hueca, etcétera, etcétera, etcétera.
Pepe Rangel y Ángel Villalobos podrían haber sido buenos amigos. Lo malo es que mi papá murió hace unos años. De estar vivo, hubiera sido muy interesante que se conocieran en la FIL, ahora que voy a presentar un libro de JP Villalobos, Un viaje cósmico a puerto ficción (FCE, 2018). Seguramente su plática sería tan interesante como cualquiera de las mesas redondas que hay en este momento en Guadalajara. Quién sabe, creyendo en lo que creía mi padre, no dudo que se acerque en espíritu a ver la presentación de mañana sábado.
