Las servilletas de Tim Burton
Desde hace varios meses que está en el Museo Franz Mayer la exposición El mundo de Tim Burton. El 8 de abril será la clausura y seguramente, así como somos los mexicanos, iremos corriendo el último día para mirar lo que estuvo expuesto un tercio del año. Aunque ...
Desde hace varios meses que está en el Museo Franz Mayer la exposición El mundo de Tim Burton. El 8 de abril será la clausura y seguramente, así como somos los mexicanos, iremos corriendo el último día para mirar lo que estuvo expuesto un tercio del año.
Aunque no, no hay que ser injustos, la verdad es que la expo ha tenido muchos visitantes, incluso cuando la entrada no ha sido tan barata. Cuando yo fui compré los boletos con antelación, pero de todos modos tuve que hacer fila una hora o más, esperando mi turno de entrar, bajo un Sol inclemente. Y como la mayoría de los formados íbamos vestidos de riguroso negro, el calor era todavía peor.
¿Vale la pena? Mucho. Claro, si sabes quién es Tim Burton entonces debes ir. Porque, aunque no lo creas, hay quien el nombre no le dice absolutamente nada. Para todo hay gustos.
A los obsesionados con Burton —que son legión— ya no tengo que contarles de qué va la expo, ya lo saben. Ya fueron no una, sino dos o tres veces. Tienen el librote con las imágenes, la camiseta, la pluma y ya se tomaron la foto con el Chico Mancha. Yo, que no estoy en la lista de los obsesionados con este director y artista visual, entré a la primera sala sin saber lo que vería. Bueno, me contaron un poco, pero frases como “dibujos en servilletas de papel” no es un spoiler que te eche a perder la vida. Y sí, dibujos en servilletas. Así empieza la expo. Y creo que es un gran comienzo.
En esas servilletas de papel, que llevan el logo del restaurante u hotel en una esquina, y que algunas están manchadas de café o té, representan muy bien la muestra del trabajo de Tim Burton: la exploración de su subconsciente.
Una servilleta de papel es desechable, se tira a la basura después de usarla. Ésa es su función. Por lo tanto, dibujar en ellas o escribir no tiene futuro, nadie las va a ver, tal vez ni siquiera quien las garabatea. No sólo los “artistas” lo hacen, sino muchísima gente. Tienes un bolígrafo y mientras hablas por celular y tomas un café o cerveza, garabateas líneas, círculos, palabras, dibujos. Sin pensarlo mucho. Incluso, al regresar de ese mundo de ensueño, puedes sorprenderte de lo que hiciste o avergonzarte. Ésa es la forma en que trabaja Burton, así lo dice la gente que lo rodea: amigos, compañeros de trabajo, actores.
Las curadoras del libro, Leah Gallo y Holly Kempf, revisaron miles de imágenes que rescataron de cuadernos, libretas, guiones, notas, storyboards, y sí, servilletas de papel. Burton regresa una y otra vez a sus personajes favoritos: seres de ojos grandes, indefensos, frágiles, oscuros, outsiders, raros.
Lo que daría cualquier fan por una de esas servilletas. Seguramente muchas de ellas acabaron en la basura y el mesero la rescató como si desenterrara un tesoro. O imagino a la persona que está con Tim y le dice, ¿me la regalas? Porque si estás sentado en la misma mesa que Tim, le puedes decir Tim y le puedes hablar de tú y pedirle la servilleta que acaba de garabatear.
En el trazo de esos garabatos se descubre una persona que dibuja todo el tiempo, no sólo todos los días, sino cada minuto de su vida. Que tiene el oficio de años, de décadas. Cuyos dibujos no se parecen a los de nadie más. Y ésa es la gran lección de esta expo, como si fuera un libro de autoayuda, de superación personal. Cualquier persona con una fuerte obsesión puede lograr sus sueños.
Por supuesto, trata de que tus servilletas lleguen a las personas correctas, y si las vas a tirar, por favor, que no estén manchadas de moco y sangre, a menos, claro, que quieras ser un director de cine gore.
