Dos años
Para que una noticia cause impacto debe llevar implícita la catástrofe. El miedo vende periódicos. El morbo, también. Que Stephen Hawking haya fallecido hace unos días debiera ser suficiente noticia, pero para el público en general tal vez no basta que perdamos una ...
Para que una noticia cause impacto debe llevar implícita la catástrofe. El miedo vende periódicos. El morbo, también.
Que Stephen Hawking haya fallecido hace unos días debiera ser suficiente noticia, pero para el público en general tal vez no basta que perdamos una mente tan brillante ni su labor científica, investigaciones y descubrimientos que hizo en vida. Claro, algunos de sus hallazgos no logramos siquiera comprenderlos. Para qué mentir.
Así que un portal de noticias resolvió la eventualidad publicando “Las advertencias apocalípticas de Stephen Hawking” (aquí podría poner un emoji, esa carita que tiene la mirada para arriba, que muestra los ojos en blanco).
Pero caí. Como los miles de usuarios que recibimos esa noticia en nuestros celulares, ¿advertencias apocalípticas? ¿Stephen Hawking a la Nostradamus? Eso sí lo entiendo.
El profeta Hawking nos dice que “si los alienígenas nos visitaran, el resultado sería parecido a cuando Colón arribó a América; lo que no fue muy bueno para los nativos americanos”, pues —en caso de que así suceda— estos hipotéticos extraterrestres quizá agotaron sus recursos y son nómadas espaciales buscando nuevos yacimientos.
Otras advertencias hablan de un virus que acabará con la humanidad, del peligro de la inteligencia artificial, de una guerra nuclear que acabará con nuestro mundo y otra sobre la necesidad de empezar a buscar planetas en donde los seres humanos podamos vivir, ya que le estamos dando en la mother a la Madrecita Tierra (bueno, Stephen no lo dijo exactamente así).
“En una ocasión —sigue la noticia—, Hawking mencionó que en 600 años la Tierra desaparecerá y se convertirá en una enorme bola de fuego. Para ese entonces, la humanidad debe haber colonizado otro planeta”.
En la literatura de ciencia ficción este tema es visitado una y otra vez: una nave espacial, o varias, repleta de colonizadores, buscando un planeta en el cual asentarse. En estos momentos estoy leyendo una novela así: Seveneves (Siete Evas), de Neil Stephenson (editorial Nova, 2016).
Por causas desconocidas, un “agente” destruye la Luna y ésta se transforma en siete piedras enormes que orbitan la tierra en lugar de nuestro amado satélite. Las siete rocas colisionarán unas con otras hasta pulverizarse en un periodo de dos años, ¡dos años!, y causarán una lluvia letal para todo el planeta.
El escenario principal de la novela es la ISS (aquí apodada IZZY), la International Space Station. La estación está comandada por la astronauta Ivy Xiao, pero uno de los personajes principales es Dinah MacQuarie, una experta en robótica. Llevo sólo la tercera parte de las 816 páginas de la novela, así que aún no sé quiénes son las “siete evas” del título. Por lo pronto, están construyendo un Arca, varias naves, para que la humanidad no se extinga completamente ante esta catástrofe.
La lectura me sumerge en un estado de urgencia, ¿qué haría yo si sólo nos quedaran dos años de vida? Los gobiernos, en la novela, deciden decírselo a toda la población. Todo el mundo lo sabe y todos reaccionan de manera distinta.
La novela no se trata tanto de eso, sino de la construcción de las naves, es ciencia ficción dura, pero es imposible no reflexionar sobre ello. Un personaje, una especie de Carl Sagan, el divulgador científico “Doc” Dubois, piensa: “Todos sabemos que vamos a morir, dentro de 30 o 40 años. Quizá antes, 15 o 7, en un accidente de tránsito o lo que sea, ¿qué diferencia hay que sea dentro de dos?”
Lo único que no podemos reprocharle a los medios amarillistas es el ejercicio de imaginación y ficción que alienta en las personas, pero si nos acercáramos un poco más a la obra de Stephen Hawking, tal vez nuestra emoción y curiosidad se expandan como el universo.
