I Love Memes

Sí, amo los memes. Creo que es el mejor invento de este milenio, aunque su historia se remonta al pasado. No sé cómo será contada su historia en el futuro, su influencia en las masas, lo que dirán sus detractores, cuando el meme se convierta sólo en una mención de ...

Sí, amo los memes. Creo que es el mejor invento de este milenio, aunque su historia se remonta al pasado. No sé cómo será contada su historia en el futuro, su influencia en las masas, lo que dirán sus detractores, cuando el meme se convierta sólo en una mención de nostalgia, ¿te acuerdas cuando...?

Nunca lo vi venir y en este momento no imagino cuándo vaya a pasar de moda, pero de que va a pasar, va a pasar, ya lo dijo Harrison: all things must pass. Pero hoy amo los memes. Disfruto mucho recibiéndolos y enviándolos. No los que son serios ni los que tienen dibujos de flores y pensamientos “profundos”. Ésos ni siquiera los considero memes. Los memes para mí son aquellas imágenes que, al momento de ser contrastadas con una frase, generan un sinnúmero de pensamientos en nuestra cabeza, una explosión de ideas que encuentran su salida en una sonora carcajada, en una cara de disgusto, en una tristeza extrema o de pena ajena total.

Un buen meme me puede hacer el día, algo que agradezco infinitamente viviendo en este mundo tan contradictorio. Que algo tan pequeño te genere tanto no es poca cosa. Lo más extraño es que esos memes que tanto disfruto, muchas veces utilizan lo peor de la vida: de nuestro país y nuestro mundo, eso que tanto nos deprime o nos irrita; pero que, combinándolo de forma magistral con una frase, transforma nuestro humor.

Los memes son el periódico de los dosmildiez. Los acontecimientos del día a día son narrados por imágenes y palabras que perforan las redes sociales y plataformas digitales como balas. No es necesario leer un artículo completo o una columna para enterarte de la última burrada de Peña Nieto ni el robo descomunal de otro de nuestros políticos. Tampoco necesitas tener prendida la televisión ni ver la alfombra roja de los Oscar para saber que Eiza González llevó un vestido amarillo huevo (¿o amarillo mírame a huevo?) a la entrega de las estatuillas más codiciadas del mundo. Los memes, y Eiza, le hicieron un favor a, por lo menos, una docena de marcas registradas, que no tuvieron que pagar por posicionamiento: publicidad gratis. 

También sirve de termómetro: si no le entiendes a un meme es porque no estás al día, te falta actualizarte, no sabes de qué están hablando los jóvenes (o los rucos) ni qué está de moda. Nada más bochornoso que un papá le pregunté a su hija “¿qué?, explícamelo que no le entiendo”. Pero, qué les digo, yo he estado ahí.

Nadie sabe con antelación si un meme va a pegar. Podría pensarse que hay fórmulas, como las que se cree que hay para conseguir un éxito de radio o de televisión. No hay tal cosa. Hay memes que pegan y otros que no. La magia sucede o no sucede. Hay quienes con un logo o nombre pretenden darle autoría al meme, pero, al final, los memes le pertenecen al público. He visto memes maravillosos echados a perder por un logo enorme mal puesto. Creadores, absténganse, dejen su ego a un lado y sirvan al Rey, el meme.

Consideramos que los mejores memes son los mexicanos, porque a los demás no les entendemos. Lo que pasa es que hay algunos que son muy locales, algunos lo son tanto que no sobreviven fuera de la oficina en la que se crearon.

Wikipedia me informa que un meme es, en las teorías sobre difusión cultural, la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro o de una mente a otra o de una generación a la siguiente. Es un neologismo acuñado por Richard Dawkins en su libro El gen egoísta.

Este libro me lo han recomendado mucho, para que me vuelva ateo de una vez por todas. Creo que ya lo voy a leer. De forma simplista se conoce a Dawkins como uno de los ateos mas famosos del mundo. No sé si es un genio, pero debe serlo si bautizó, sin querer, a los memes que tanto amo.

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