El cavernícola ¡Aguas!, tiene espoilers

Como muchos lectores habituales de esta columna deben saber, no me gusta el futbol. Tampoco lo odio. Me da igual, que es el sentimiento más cruel que puedes sentir hacia algo o alguien. “Ódiame, por piedad, yo te lo pido”, dice la canción de Rafael Otero, ese ...

Como muchos lectores habituales de esta columna deben saber, no me gusta el futbol. Tampoco lo odio. Me da igual, que es el sentimiento más cruel que puedes sentir hacia algo o alguien. “Ódiame, por piedad, yo te lo pido”, dice la canción de Rafael Otero, ese hermoso vals peruano que cantaba Julio Jaramillo y qué razón tiene, el odio está más cerca del amor que la indiferencia.

Pero no es algo que yo haya decidido. Nunca pasó por mi mente algo parecido a considerar si me gustaba el futbol soccer o no, simplemente no hubo ese chispazo, ese gozo al perseguir un balón, quitárselo a alguien, correr con él, tirar a gol y meterlo. No tengo ese sentimiento en mi ser. No tengo La Pasión, así con mayúsculas. Y como la percibo en exceso con muchos amigos que juegan cada semana y son hinchas de un equipo, me doy cuenta que no tengo nada que hacer en este deporte, así que me hago a un lado y todos contentos.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la película El cavernícola? Ah, pues que se trata de futbol. Yo no lo sabía, ni mi hijas que son fans de Wallace & Gromit, Pollitos en fuga, y me pedían que las llevara a verla. Supongo que la gente que estaba afuera del cine decidiendo cuál película entrar a ver, observando los carteles y checando horarios, tampoco sabía de qué va porque la sala estaba vacía, lo cual es muy extraño, pues a la mayoría de los mexicanos les encanta el futbol.

Los carteles de El cavernícola, todos, “ocultan” que el tema de la historia es el futbol. Por lo tanto es una decisión de los creadores y del marketing del filme. ¿Habrá sido la estrategia correcta? No lo creo. Los primeros cortos no hacían referencia a este deporte, los que siguieron sí, pero, si no entras al cine, ¿cómo vas a ver cortos de otras películas? Tuve que mensajearles a mis amigos que aman el futbol, que tienen hijos que juegan con un balón a cada minuto y otro también, para que no se la pierdan. ¿El cavernícola? Me dijeron. ¿Ésa cuál es?

Aunque quizá ustedes ya saben de qué se trata, porque en este mundo de información inmediata es difícil ocultar nada, les contaré: una tribu de cavernícolas tienen que jugar un partido de futbol contra el equipo de un reino que ya evolucionó a la edad de bronce. Los amateurs contra los profesionales. La película está llena de guiños a los amantes del balompié, que hasta un analfabeta futbolero como yo le entiende y le divierte.

Los cavernícolas se atreven a desafiar al equipo profesional, porque en el valle donde viven hay unas pinturas rupestres donde se muestra que sus antepasados jugaban ese juego, incluso que lo inventaron. Por eso tienen la esperanza de ganar. Aunque en uno de los puntos clave de la historia descubren que su tribu siempre perdió todos los partidos que jugó, aun siendo los inventores de ese juego, ¿les suena familiar? A mí sí.

Siempre me he preguntado por qué si los antiguos mexicanos jugaban al juego de pelota, tanto de manera ritual como en la vida cotidiana, no somos campeones del mundo. Algo en nuestra sangre debe quedar de este deporte sagrado que, aunque no era exactamente como el futbol, tiene sus similitudes. Bueno, existe el uso de una pelota que va de un lado a otro y que, según algunas teorías (no se sabe exactamente las reglas y el modo de jugar), si un equipo metía la pelota por un aro de piedra podía conseguir la victoria inmediata.

Una de las frases que la película hizo mella en mí, dice más o menos así: “Siempre han perdido, aunque hayan inventado el juego, históricamente son perdedores, por lo tanto no pueden ganar”. No les cuento el final, pero diré que gana quien lo merece.

Recomiendo a los jugadores que irán al Mundial representando a México que vean esta película. ¿Alguno de ustedes los conoce personalmente? Recomiéndeles El cavernícola. Oblíguenlos a verla.

Ojalá sirva de inspiración a nuestra selección y, si no, no importa, de todos modos ni me gusta el futbol.

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