Cómo ser Bill Murray
Ya llegó el 2 de febrero y, como cada año, veré Groundhog Day otra vez. El hechizo del tiempo, como tradujeron esta película. Es una de mis favoritas; tanto, que me gusta volver a verla precisamente el día en que sucede la historia, o sea, hoy. No sé cómo aplican los ...
Ya llegó el 2 de febrero y, como cada año, veré Groundhog Day otra vez. El hechizo del tiempo, como tradujeron esta película. Es una de mis favoritas; tanto, que me gusta volver a verla precisamente el día en que sucede la historia, o sea, hoy. No sé cómo aplican los spoilers en las películas que ya tienen 25 años, como ésta, por ejemplo, ¿la vieron? Se trata de un meteorólogo de televisión muy arrogante que va a cubrir, junto con la nueva productora y el camarógrafo, un evento anual en Punxsutawney: una marmota predice el tiempo, nos dice si el invierno durará más o menos de lo pensado. El protagonista, Phil Connor, interpretado por Bill Murray, odia esta festividad (en realidad odia todo) y, como si fuera un castigo divino, se queda atrapado en ese día. No puede salir de él haga lo que haga, vuelve a despertar con la alarma del radio sonando I Got You Babe, de Sonny & Cher.
¿Por qué me gusta tanto? Desde que la vi, recuerdo que salí del cine como si me hubieran dado una lección de vida: todos los días son el mismo día, el truco está en saber cómo vas a vivirlo.
El protagonista se da cuenta, después de tirarse al vicio y tirarse, literalmente, a un precipicio, que tiene a su disposición todo el tiempo del mundo. Así que estudia piano, lee libros de poesía, se liga a las mujeres hermosas de ese pueblo, roba un banco, ayuda a las ancianas, aprende a hacer esculturas de hielo y, sobre todo, se relaja, vive la vida. Deja de pretender llevarse a la cama a la nueva productora, protagonizada por Andie MacDowell. ¿Logrará algún día salir de ese día? No les voy a contar el final. Aunque ya saben cuál es. La película es una comedia romántica, así que todo debe terminar bien.
Desde entonces soy fan de Bill Murray. No lo fui antes porque, aunque yo mismo me sorprendo, no me gustó Ghostbusters. Ahora que todo el mundo ama esa película, me doy cuenta de que yo no.
Sé que Bill Murray hace el mismo papel una y otra vez: en Lost in Translation, Broken Flowers, Life Aquatic, y en todas sus demás películas. Pero parece que de eso se trata, eso es lo que queremos ver.
Acabo de leer Cómo ser Bill Murray (Blackie Books, 2016), que en inglés se llama The Tao of Bill Murray: Real life stories of joy, enlightment and Party Crashing, título que describe completamente su contenido. Yo no sabía, pero resulta que Bill Murray es una figura en la cultura pop norteamericana no por sus películas, sino por la inmensa cantidad de anécdotas que la gente cuenta de él. Una de las más repetidas es ésta: alguien está parado, antes de cruzar la calle, una persona llega y le hace el juego de “¿Quién soy?”, tapándole los ojos. La voz le suena familiar y, cuando voltean, ven que es Bill Murray. Se sorprenden mucho, no conocen a Bill personalmente, sólo por sus películas, pero antes de que puedan decir algo, el actor les dice: “nadie te va a creer”, y se va.
El libro nos conmina a ser como Bill, una persona libre, que hace lo que quiere en el momento que quiere. No tiene ataduras. Vive el momento presente. Es un payaso, pero es un sabio, como esos maestros taoístas de la antigüedad que se ríen de todo y alcanzan la iluminación.
Bill Murray no tiene agente ni mánager. Es imposible localizarlo, nadie tiene su número celular directo. Le dejan mensajes en un buzón telefónico. Y, aun así, es una estrella. No lo busca, lo buscan a él.
El Día de la Marmota no es la vida de Bill Murray, pero a la hora de leer las anécdotas del libro, las historias absurdas y los encuentros inesperados que cuenta la gente, pareciera que se está repitiendo la película, escena por escena.
Tal vez Bill Murray cree que está viviendo un solo día, el último día de su vida. Por eso vive al límite. Tal vez tenga razón.
