La forma del agua
¡Aguas! Contiene spoilers.Me desperté muy feliz, orgulloso de ser mexicano. ¿Neta? ¿Por qué?, si tenemos un presidente mediocre, o más bien pésimo, y corrupción por todos lados. También ciudadanos que se matan por dinero, que ...
¡Aguas! Contiene spoilers.
Me desperté muy feliz, orgulloso de ser mexicano. ¿Neta? ¿Por qué?, si tenemos un presidente mediocre, o más bien pésimo, y corrupción por todos lados. También ciudadanos que se matan por dinero, que cangrejean al compañero. ¿Por qué me da orgullo ser mexicano? Porque acabo de ver La forma del agua, de Guillermo del Toro. Nomás por eso, ¿no es suficiente? Ser del mismo país que este creador me hace sentir que no todo está perdido.
Aunque, claro, tratan de derribar mi felicidad mandándome noticias en las que dicen que Del Toro plagió un cortometraje holandés realizado en 2015 titulado The Space Between Us. También he recibido memes donde se burlan, insinuando que se parece a La Sirenita, a La Bella y la Bestia y a Amélie.
Vi el cortometraje The Space Between Us (está en Youtube). Dura aproximadamente 12 minutos, poquito más. Contiene la historia de amor entre una criatura del mar —atrapada para ser estudiada y obtener sus branquias— y la mujer de la limpieza. “¡Idéntico!”, gritan todos los que odian a Del Toro, o están a punto de perder su fe en él. Yo no, ¿por qué? Porque este universo en el que vivimos tiene tantos misterios, que creo en la posibilidad de que dos o más (mil) personas lleguen a la misma idea sin tener el más mínimo contacto.
Me ha pasado a mí. En 2001 escribí un guión que estuvo en el taller de guiones del Sundance, y después lo trabajé con el director Ernesto Contreras, pero nunca llegó a filmarse, bueno, ni siquiera a vislumbrar esa posibilidad. La historia comenzaba con un accidente de avión, iba cayendo. No estaba sucediendo en realidad, sólo era el sueño del protagonista. Pasaban un sinnúmero de situaciones, para que, al final, se descubriera que en realidad el avión sí estaba cayendo y que todos los pasajeros eran los mismos que habían estado en toda la película. Cuando vi la serie de televisión Lost, que empezó a transmitirse tres años después, y terminó en 2010, fue muy grande mi sorpresa descubrir que se parecía a mi guión. La serie empieza y termina del mismo modo que mi historia (todos estaban muertos).
A principios del año pasado le conté a la actriz Irene Azuela un musical en el que estaba trabajando. La idea la tengo desde hace más de una década. Voy dándole vueltas a la historia y, más que trabajar, pienso en los personajes y en las situaciones límite en las que éstos deben cantar. Le conté el guión básico. Me dijo que la historia era idéntica, ¡idéntica!, a la de un musical que le gustaría protagonizar. Por supuesto, dejé de trabajar en mi idea. Ya me buscaré otra. Hay millones.
En la columna pasada escribí sobre las similitudes de una canción de los Hollies y Creep, de Radiohead. Aunque se parecen (toda la primera parte), estoy casi seguro de que Thom Yorke no la plagió, o no como se entiende el término. No creo que estuviera escuchándola y cambiándole la letra. Yo creo que llegó a la misma secuencia de acordes y a la misma melodía, ¿es esto posible? Yo creo que sí.
Pero para mí lo más interesante de La forma del agua no es la historia de amor. Ésa ya sabemos que va a suceder. De hecho, sabemos todo lo que va a pasar, ésa es la magia de los cuentos de hadas, y éste es uno de ellos. No. Lo más importante son los personajes. No es una historia de acción, no importa mucho lo que pasa, pero ver la vida de estas almas viejas, outcasts, monstruos, es lo que vale la película. Ésa es la sociedad en que vivimos y tenemos que encontrar el modo de convivir.
Podría decirse que el cortometraje The Space Between Us plagia la apariencia de Abe Sapien, amigo de Hellboy, personaje creado por Mike Mignola, que Del Toro dirigió en una de las películas. Plagio, plagio, plagio.
De todos modos, digan lo que digan, Guillermo del Toro sigue siendo mi gallo. Déjenme seguir sintiéndome orgulloso de ser mexicano. No me pasa todos los días.
