Fobia
Fobia está de vuelta. Aunque, en realidad, no se fue, sufrió cambios en su alineación, eso sí, lo que hizo pensar a más de uno que el grupo se había ido para no volver. La noticia del regreso de varios de sus integrantes originales, aparecida a finales del mes ...
Fobia está de vuelta. Aunque, en realidad, no se fue, sufrió cambios en su alineación, eso sí, lo que hizo pensar a más de uno que el grupo se había ido para no volver. La noticia del regreso de varios de sus integrantes originales, aparecida a finales del mes pasado, no dice exactamente si ya se quedarán juntos para siempre o sólo para festejar los 30 años de la banda. No importa, vamos celebrando esas tres décadas y luego veremos qué pasa.
La noticia llegó acompañada de un box set de vinilos, que contiene regalos especiales para los fans: un texto escrito por Rulo, un disquito de 45 RPM con dos canciones, unas copias de los press kits repartidos a la salida de sus primeros álbums, y los seis discos fabricados con un buen peso, 180 gramos, para que la escucha sea mejor. Es un buen regalo para esta Navidad.
La caja está diseñada por Hula+Hula, el despacho de diseño de Cha!, bajista de la banda. La foto de un disket pintado en relieve en la portada hace que uno sienta nostalgia, como si fueramos a abrir una de esas cápsulas del tiempo que la gente entierra para que alguien las abra en el futuro. Estos artefactos me gustan, son un ritual muy romántico: hacer una colección de cartas, fotos, información, que comuniquen lo que somos “ahora”, ese instante tan efímero que, al decirlo, ya se nos fue. Nunca sabremos si la gente que abra esa caja entenderá realmente lo que contiene, por qué fueron importantes y puestos ahí adentro esa serie de objetos. Suponemos que sí, pero tal vez para esas personas del futuro el contenido no les diga nada. Tanto tiempo enterrada sería entonces un desperdicio, un juego de esa gente desconocida del pasado que no causó (causará) la más mínima sorpresa o excitación. O, por el contrario, puede sorprender a esa persona que no sabía absolutamente nada de los tiempos remotos y entonces la cápsula cobra un significado aun mayor para el que fue concebida. Es un tesoro mágico.
Sí, los box sets están hechos para la nostalgia. Pero también para nuevos oídos. No sé cómo escuchará un jovencísimo millennial estos discos, qué pasará por su mente y corazón al poner la aguja en los surcos y comenzar a escuchar canciones que a nosotros nos encantaban: El crucifijo, El diablo, Miel del escorpión, Hipnotízame, y tantas otras.
A mí los recuerdos que me traen son fabulosos. Había dos razones importantes para ver a Fobia en vivo allá por la década de los 90. Una de ellas era escucharlos, por supuesto. Tocaban muy bien ya desde sus primeras presentaciones. La guitarra de Paco, llena de efectos, ofreciendo figuras memorables en los espacios que dejaba la voz de Leonardo. Gabriel era un baterista muy fino, con un toque muy especial, que combinaba perfecto con el bajo de Cha! y los teclados de Iñaki.
Pero después de la música venía algo no menos importante: la cantidad de mujeres que había en el público en cada presentación.
¿Será políticamente correcto mencionarlo? No lo sé, pero era maravilloso ver a tantas mujeres juntas cantando a coro con Leonardo, al que no le quitaban los ojos de encima un solo instante. Mientras todas veían a Leo, nosotros, los hombres que estabamos ahí, las mirábamos a ellas, embelesados. Rockcotitlán, La Cumbancha, Rockstock, Bulldog, se convertían en otra cosa cuando tocaba Fobia, algo que no pasaba con Maldita Vecindad, Caifanes, Neón, Santa Sabina o Café Tacvba, ¿de dónde salían mujeres tan hermosas? Todas vestidas de negro, gabardinas y abrigos, superdarkies, con botas Dr. Marteens y raros peinados nuevos. Ninguna me hizo caso, obviamente. Pero con verlas ya me sentía en el cielo.
Los Fobia siguen tocando increíble, ahora con Jay en la bataca. Y siguen igual de guapos, así que seguramente los conciertos estarán igual, cientos de mujeres, miles, de todas las edades, fans de antaño y nuevas generaciones.
Pero esta vez sólo iré a verlos tocar. En serio. Ésa es la única razón por la que iré, ¿no me creen?
