Memoria
En el número de septiembre/octubre 2017 de la revista Asimov’s Science Fiction viene un cuento de Sarah Pinsker, Wind Will Rove, que trata de una nave espacial con cientos de tripulantes viajando a algún planeta habitable en el Universo, pues la Tierra ya no es un lugar ...
En el número de septiembre/octubre 2017 de la revista Asimov’s Science Fiction viene un cuento de Sarah Pinsker, Wind Will Rove, que trata de una nave espacial con cientos de tripulantes viajando a algún planeta habitable en el Universo, pues la Tierra ya no es un lugar idóneo para vivir. El tema no es nuevo, de hecho, ya está muy sobado. Sagas, novelas, cuentos, películas, series de televisión repiten el escenario: una sociedad en un recinto cerrado (la nave), durante un viaje que puede tomar varias generaciones. Claro, el escenario puede ser el mismo, pero es sólo el “escenario”, siempre habrá una historia diferente que contar. En este caso, el cuento del que les hablo trata de música y, sobre todo, de la memoria.
Resulta que hace décadas alguien hackeo los archivos, el Blackout, y todos los libros, la música, la historia, las películas y las fotografías se perdieron. Sólo quedó intacto el “sistema operativo” (por así decirlo) con el que funciona la nave: aire, alimento, propulsores, navegación. Los tripulantes se quedaron, de un día para otro, sin toda la información que tenían del planeta que dejaron. Para recuperar toda esa data perdida se pusieron a “recordar”. Cada uno en su área: los científicos, los historiadores, los médicos y los ingenieros. Pero también los artistas: un pintor que recordara una pintura de Van Gogh la reproducía; una obra de teatro de Shakespeare era escrita de memoria; las sinfonías de Beethoven, las canciones populares, etcétera, etcétera. Y, por supuesto, hay sus disidentes, ¿por qué no hacer todo nuevo desde cero? ¡Ésta es una gran oportunidad! La protagonista y narradora es una maestra de historia que toca el violín y su trabajo es recordar, preservar, una canción: Wind Will Rove, el título del cuento.
El Blackout me da miedo. Aparece en este cuento, pero también en Blade Runner 2049; en el libro de Stanisław Lem, Memorias encontradas en una bañera, y en muchas otras obras de ficción.
Me imagino perder todas las canciones de los Beatles, Stones, Zep, Clash, Cure, Pixies, Radio Futura, Soda, Charly, Jaime López, ¡miles más! Y me da pavor. Sobre todo porque, en estos tiempos digitales, cuando todo está a la mano, ya casi nadie ejercita su memoria. Son pocos los números de celular que me sé. La información de cualquier cosa la busco en Google. Y como tengo Spotify, un sinnúmero de canciones a mi disposición a la hora que sea, nada me preocupa.
En otros tiempos, hace mucho, era indispensable que alguien se supiera las canciones en la guitarra para cantarlas. Tenía que haber un amigo que se supiera todas, que con un oído privilegiado y memoria fotográfica, fuera un cancionero ambulante para amenizar fogatas, reuniones, fiestas, tertulias. Yo no soy esa persona. Y cada vez me la encuentro menos.
En una columna de Diego A. Manrique, “El ocaso de la guitarra eléctrica”, publicada hace poco en El País, habla de las bajas ventas que Gibson y Fender han tenido en los últimos años. Las guitarras, en general, ya no se venden como antes. Una de las razones posibles es porque a los jóvenes no les interesa emular a sus ídolos, aunque la guitarra siga muy presente en la música (este fin de semana tocan en México Foo Fighters, Greenday, Phoenix, que basan su sonido en la guitarra), parece que no a muchos millennials les interesa tocar el instrumento e invertir horas y horas (dicen que diez mil) para poder dominarlo.
Si nos sucediera un Blackout, tendríamos que recurrir a las bandas de cóvers para volver a tener canciones de la historia del rock. Y quizá ya no confiaríamos tanto en lo digital, en los registros, nos aprenderíamos las canciones y las ventas de guitarras repuntarían.
Pero, no sé bien de qué lado estaría, una parte de mí quiere que nada se pierda, recordar, vivir en el pasado, pero otra quiere hacer todo nuevo, sin nada que me ate, ¿de qué lado estarás tú cuando suceda el Blackout?
