Amplifica
El público del Palacio de los Deportes, con todo y sus rebotes, cantaba Cuando pase el temblor, canción original de Soda Stereo. Desde un lado del escenario, donde yo estaba con otros músicos, mánagers y actores ¡Gael García Bernal!, no se escuchaban las voces de los ...
El público del Palacio de los Deportes, con todo y sus rebotes, cantaba Cuando pase el temblor, canción original de Soda Stereo. Desde un lado del escenario, donde yo estaba con otros músicos, mánagers y actores (¡Gael García Bernal!), no se escuchaban las voces de los que la interpretaban, se oían sólo las gargantas de 20 mil personas: “yo, caminaré entre las piedras, hasta sentir el temblor, en mis piernas. A veces tengo temor, lo sé, a veces vergüenza”. Ahí estaban Guardiola y León, de Zoé; Quique y Meme, de Café Tacvba; Tito y Huidos, de Molotov; Gil, de Kinky, y Mon Laferte. Un Supergrupo. Con este acto se llegaba a la cúspide de lo que no hace muchas semanas se empezó a gestar, el Amplifica.
Fue idea de León Larregui: Quique recibió una llamada del cantante de Zoé, proponiendo que hiciéramos algo para los damnificados del temblor del pasado 19 de septiembre. Recibimos muchas propuestas, otros eventos que hacer, pero sentimos que éste era donde más podíamos aportar, conciertos con Zoé y Molotov.
Me gustó que la idea viniera de León. Hace unos meses lo entrevisté para la revista 192. Aunque ya lo conocía, nunca había entablado una conversación profunda —o tan profunda como puede ser una entrevista de hora y media. Lo que más me gustó de la personalidad de León es que es un ser sensible, inteligente, apasionado. Desde la superficie parece sólo un tipo reventado, muy dado a los excesos, que ha causado chismes y polémica en las redes. Sus videos en YouTube me encantan: aquel de “porque te odio” y sus comentarios en Twitter, sin filtro, diciendo lo que piensa en el momento que lo siente. Pero no es sólo eso, como todos los seres humanos, tiene capas y capas, formas de ser, de intereses, de historia. Un corazón que late y se preocupa por los demás.
Fue León Larregui quien convocó. Se fueron sumando unos y otros quedaron fuera. Así que ahí estábamos Mon Laferte, Café Tacvba, Kinky, Zoé y Molotov. Con apariciones especiales en vivo de Reyno y Enjambre.
Los sets de cada artista eran cortos, 40 minutos. Nosotros tocamos pocas canciones: Futuro, Las flores, Chilanga banda, La chica banda, 1,2,3, El baile y el salón y Déjate caer.
Los conciertos cortos, pero con esta cantidad de gente viéndonos y cantando y bailando nuestras canciones, generan una adrenalina mayor que la de un concierto largo. En los conciertos de gran extensión tengo oportunidad de ir liberando toda esa energía que se genera allá arriba. Con un concierto tan corto, lo único que pasa es que te quedas prendido, dan ganas de andar de aquí para allá, no dejar de moverte, que fue lo que yo hice: recorría los camerinos y el backstage y me paraba atrás del escenario y veía el movimiento de los staff, cargando y acomodando cosas, los camarógrafos registrando y emitiendo la señal para que allá afuera del Palacio la gente lo viera.
Ver a los grupos subir al escenario me emociona, me doy cuenta de por qué me gusta tanto estar aquí, en el rocanrol. Cuando yo subo al escenario no me entero de nada, estoy viviéndolo, pero cuando soy testigo, cuando puedo ver a un grupo tocando y a la gente cantando, soy más consciente de la energía que genera la música, de la fuerza de ésta.
Todo lo recaudado en este concierto será donado a diferentes organizaciones que están haciendo algo por los damnificados de los últimos dos temblores fuertes que azotaron a nuestro país.
Estoy feliz porque una iniciativa generada por los músicos funcionó. Más allá de egos, de intereses personales. Y funcionó gracias al público, a ti, que compraste boleto o lo viste en casa. La música sirve para muchas cosas, y ésta es una de ellas: juntarnos por un bien común, unirnos como las miles de voces coreando la composición de Gustavo Cerati, “Despiértame cuando pase el temblor”.
