Replicante
Siempre que hablo de cine con amigos en reuniones o cenas, o incluso con desconocidos que se acercan a saludarme, surge invariablemente un comentario después de un rato: que tal o cual actor o actriz no les gusta porque siempre se repite. “Es el mismo de película a ...
Siempre que hablo de cine con amigos en reuniones o cenas, o incluso con desconocidos que se acercan a saludarme, surge invariablemente un comentario después de un rato: que tal o cual actor o actriz no les gusta porque siempre se repite. “Es el mismo de película a película”, dicen, o “esa actriz siempre llora igual y hace los mismos gestos al enojarse”. Mencionan a un actor en especial que odian por eso.
En algunas épocas, el nombre más repetido era Tom Hanks, en otras, el puesto número uno era para Jim Carrey, aunque se salvaba, según todos, por Resplandor de una mente sin recuerdos. Lo más raro es que Faye Dunaway a veces está en la categoría de “se repite” y, para otros, en la de “muy buena actriz”. A Woody Allen, como director, le pasa lo mismo. A quien todos respetan por sus caracterizaciones es a Daniel Day-Lewis, pero tanto cambiar es, también, una forma de repetición.
Los actores y actrices que más se repiten resultan ser los más taquilleros. Cobran millones de dólares por película y su nombre aparece más grande que el del director y productor e incluso que el título.
Eso me hace pensar que de eso se trata el cine: ver a tu actor favorito ser carpintero, cura, director de orquesta, parrandero, soldado e indígena, como pasaba con Pedro Infante (¡que cante, que cante!).
El ser humano se nutre de historias, tiene hambre de ellas. Pero somos muy quisquillosos y buscamos a alguien especial que nos las cuente. Elegimos a un autor porque nos gusta cómo nos habla y, cómo no, siempre se repite: “Ya no leo a Murakami porque siempre se repite”, se quejan conmigo, o “voy a leer el nuevo de Paul Auster —4 3 2 1—, aunque espero que no se repita como en todos los demás”.
Supongo que es el destino de cualquier artista, por más ecléctico que sea, por más multifacético. Yo ya lo asumí. Mis autores preferidos se repiten libro a libro: Kurt Vonnegut, Philip K. Dick y Nick Hornby. Mis actores preferidos igual: Bill Murray, Jeff Bridges y Han Solo, digo, Harrison Ford.
Harrison Ford es el mismo en todas sus películas, y qué bueno. La personalidad de Han Solo es lo que más rescato de toda la saga conforme pasa el tiempo. Nunca me importó mucho Luke Skywalker. Creía que sí, pero conforme crecía —yo— me daba cuenta de que me preocupaba más qué le iba a pasar a Han que a cualquier otro personaje.
Hay una frase en Blade Runner 2049 que dice: “Siempre hay algo del artista en su obra”. ¿Cómo no va a estar Harrison Ford en Han Solo, Rick Deckard e Indiana Jones?
En el número de octubre de la revista GQ gringa viene una entrevista con Ford. Y aunque todo el tiempo el actor trata de no hablar de su vida privada, ese intento de escapar recuerda mucho a Solo/Dekard/Jones. El que contesta las preguntas (o no) parece el mismo que le contesta a Leia “I know” cuando ella le dice “I love you”. El mismo que saca una pistola y dispara al atacante que hace malabarismos con un sable.
Harrison Ford hizo muchas películas que lo alejaron de los personajes que lo hicieron famoso. Pero ahora, a sus 75 años, regresa a ellos, a Solo, a Deckard y está en camino una nueva de Indiana Jones.
Me da miedo que se muera, como tantos otros en la actualidad. Me gustaría que fuera un replicante como lo insinúa la escena final del unicornio de la primera Blade Runner. Para que se siga repitiendo, replicando, por muchas películas más. Aunque hay algo que no sé, ¿mueren los androides de viejos o son eternos?
