Reguetón
El viernes pasado estuve en una charla en el Hay Festival de Queretaro en la que se trató el tema de los 50 años del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles: su trascendencia, su importancia o no en el mundo de la música y la cultura. Estuvimos el ...
El viernes pasado estuve en una charla en el Hay Festival de Queretaro en la que se trató el tema de los 50 años del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles: su trascendencia, su importancia (o no) en el mundo de la música y la cultura.
Estuvimos el escritor inglés Hanif Kureishi, la musicóloga Carmen Pardo, yo, y moderando la mesa, Rulo, conocido conductor de radio y periodista musical.
La plática estuvo buena, cada uno de los presentes habló desde su experiencia: Hanif, como escritor y partícipe de esos años en Londres, vivió en carne propia lo que significó este disco al momento de salir; Pardo como estudiosa y yo como músico. Rulo preguntaba temas y también aportaba. En un momento dado citó al periodista Langdon Winner de la Rolling Stone, quien dijo que cuando salió el Sgt. Pepper la conciencia fragmentada del mundo occidental estuvo unida gracias a la escucha de este disco. Algo que en la actualidad no sucedía.
Muy a mi pesar, tuve que disentir, ¿cómo que no? En estos momentos el mundo está unido gracias a una canción, ¿cuál? Des-pa-ci-to.
Nos guste o no, el reguetón es un gran éxito y los que están en contra parecen olvidarlo. Hay mucha gente a la que le gusta. Punto.
A mí el fenómeno me encanta. Sé que es una música real. Recuerdo la primera vez que me hablaron del reguetón, fue hace más de dieciocho años en Puerto Rico: Fofé —frontman de la banda de rock pop Circo, y que es una de las figuras más importantes de la escena de rock boricua— nos habló de esa música que se estaba haciendo en los barrios, con caja de ritmo y secuencias, y que se distribuía de mano en mano, canción por canción, casette por casette. Lo escuché y noté su carta de nacimiento. Indudablemente había nacido y se había desarrollado en el Caribe. En nuestras siguientes visitas me hablaron y escuché de Tego Calderón y después de Calle 13. No lo inventó una disquera, que podría ser uno de los ataques que sería difícil defender si así lo fuera. El nacimiento del reguetón es real.
Me sorprende que la gente no se dé cuenta de las similitudes de los ataques que le hacen al reguetón con los que le hacían al rock&roll en los años cincuenta: es música naca, de barrio bajo; sus letras son misóginas y estúpidas; el baile es sumamente sexual y no quiero ver a mi hija bailándolo. Estoy seguro que una mamá recatada se espanta más del reguetón que del death metal. Le afecta más.
¿Que todos los artistas pop están haciendo canciones reguetón para no quedarse atrás? Sí. Lo mismo pasó en los años setenta, cuando la música disco estaba en su apogeo: The Rolling Stones sacaron Miss You; Electric Light Orchestra Last Train to London; Rod Stewart Da ya think I’m sexy?; Kiss I Was Made for Lovin’ You; incluso en Another Brick on the Wall de Pink Floyd se puede escuchar el hi hat de la batería y la guitarrita disco. Que algunos no lo noten no significa que no está ahí.
En aquella época había una batalla entre los seguidores de la música disco y el rock. Algo de lo que poco se acuerdan ya. Los grupos antes mencionados fueron tildados de vendidos al sacar esas canciones, pero el hecho de que las mencione aquí y ustedes las conozcan significa que las canciones se convirtieron en clásicos, más allá del género.
¿Se compondrán joyas de ese nivel emulando al reguetón? No lo sé. ¿Surgirá el Dylan, el Bowie o el Prince del reguetón? Tampoco lo sé. ¿Habrá pronto un Dark Side of the Moon del reguetón? ¿Me gusta el reguetón? Quién sabe, tal vez dos o tres canciones, ¿importa realmente? No. Lo mejor es no amargarse. Con tanto temblor, huracán y amenaza nuclear, quien sabe cuánto tiempo vamos a estar vivos.
Mejor pongámonos a bailar.
