Cincuenta
¡Llegué! Hoy viernes primero de septiembre cumplo 50 años. ¿Estoy feliz? Claro. Hubo días en los que pensé que no llegaría a esta edad, que desde allá en mi lejana juventud veía como de anciano. Pero como ya lo reflexioné en mi columna “En defensa del ...
¡Llegué! Hoy viernes primero de septiembre cumplo 50 años. ¿Estoy feliz? Claro. Hubo días en los que pensé que no llegaría a esta edad, que desde allá —en mi lejana juventud— veía como de anciano. Pero como ya lo reflexioné en mi columna “En defensa del chavorruco”, uno no se da cuenta de que va cumpliendo años, uno se siente igual: soy el mismo al que veo en el espejo diariamente y es casi imposible que me fije en las arrugas y las canas, aunque las tenga ahí ante mis ojos. Por supuesto, ya no soy el mismo de antes, lo noto en muchas cosas, pero la verdad es que, en serio, se los juro, me siento como un chavito.
Se lo debo al rocanrol, aunque suene como Alex Lora. Supongo que todos los roqueros mexicanos traemos escondido un pequeño Alex Lora en nuestro interior que nos dicta frases como la que acabo de escribir. Un Alex Lorita que aparece gritando con esa voz nasal superchilanga (aunque él sea poblano) que es imposible de no escuchar: ¡Qué viva el rockanroooool! Soy un chavo de onda, y mi vieja me dice que todo lo que hago, que todo lo que hago, que todo lo que hago está maaaal.
Jodorowsky me dice —bueno, no a mí, a todos los que vean su video en YouTube— que no me defina. No te definas, no te definas, dice. No eres hombre, no eres mujer, no eres gay, hetero, lesbiana, etc, etc. Eres una energía creadora. Tampoco te definas por tu edad. Basta de decir: tengo 15, tengo 27, tengo 50. Ni tampoco debes pensar, soy un viejo y estoy en decadencia. Todo eso lo dice Jodorowsky, regañándonos, pero al final del video menciona: tengo 74 años. ¡Ah! Cayó en la trampa, ya se definió. Ya dijo su edad. Es un viejo y por eso lo admiro también.
Recuerdo que cuando empezamos Café Tacvba nos dimos cuenta de que la veneración por la juventud que tiene el rock no era algo en lo que nosotros creíamos. Descubrimos nuestra admiración por muchos músicos viejos, tradicionales. Veíamos a los huapangueros arrugados arrugados, que apenas se podían sostener en pie, pero tocaban la jarana y cantaban sus coplas con una fuerza que ya la quisieran muchos. No creíamos en el hope I die before get old de los Who. Nosotros queríamos llegar a viejos, porque sabíamos que así tendríamos más experiencia. Viejos lobos, aunque yo prefiero ser un oso, un viejo oso sabio. Pero, ¿no será otro cliché también? ¿Otra definición de la que pide Jodorowsky que escapemos? Yo no me siento sabio. Sigo cometiendo muchos errores, aunque tenga esta edad que hoy cumplo. Tal vez la ganancia es que ahora me doy cuenta de que sí estoy mal, debo asumirlo, antes ni me enteraba.
La canción de Jethro Tull Too old to rockanrol but too young to die ya no significa lo que antes, pues ya hay muchos roqueros viejos que aún siguen roqueando y queremos ver en escenario. Tal vez ahora sería “Too old to reguetón, but too young to die”. En el reguetón están los jóvenes, muchos, haciéndolo y bailándolo, aunque Aleks Syntek se enoje y no lo entienda. Tal vez ya está viejito y aún no se da cuenta.
Rubén, mi compañero de grupo, me lleva unos meses de edad, así que él ya tiene 50. Me felicitó la semana pasada, en la tocada de Puebla, porque no nos vamos a ver hoy, sino hasta que empiece la gira en EU. Me dio por adelantado un regalo increíble: la cabeza de un oso de cerámica con una corona dorada (blink, blink), con unos lentes oscuros, en los cuales Rubén pintó las frases: “Feliz 50. La edad de oro”.
¡La edad de oro! ¡Llegué! No es la meta, pero ya es algo, y estoy agradecido con la vida. Gracias, gracias, gracias. Y cómo no, espero seguir roqueando muchos años más. (O’quéla... ya cállate, mi pequeño Alex Lorita interior).
