Canadá

Estoy a orillas del lago Erie, a tres horas en auto de Toronto, Canadá. El lago es enorme, parece mar. Estoy de vacaciones, aprovechando que no hay tocadas. En septiembre y octubre tendremos 27 fechas en Estados Unidos, así que quiero pasar estos días libres en ...

Estoy a orillas del lago Erie, a tres horas en auto de Toronto, Canadá. El lago es enorme, parece mar. Estoy de vacaciones, aprovechando que no hay tocadas. En septiembre y octubre tendremos 27 fechas en Estados Unidos, así que quiero pasar estos días libres en compañía de mi familia.

Conozco Canadá sólo por sus artistas. Tocamos en Toronto el año pasado y en Vancouver hace mucho. Pero de gira es casi imposible hacer turismo.

Esta vez ya fui a las cataratas del Niágara, subí a la torre CN y vi jugar a los Blue Jays contra los NY Yankees. Vi unos trenes, a un lado del estadio de beisbol, que me llevaron a pensar en Neil Young: colecciona trenes de juguete, réplicas perfectas en miniatura, con sonido y humo. Así lo cuenta en su autobiografía, Waging Heavy Peace, que escribió cuando dejó de beber y fumar mariguana. Supongo que no supo qué hacer con tanto tiempo libre. Soy tan fan de Neil Young que me gustaría tener un trenecito yo también.

Admiro a otros canadienses, lástima que alguna empresa de su industria minera esté destrozando el planeta en otros países. Pero de eso qué culpa tiene Leonard Cohen o Douglas Coupland? Mi lista de canadienses favoritos también incluye a los integrantes de Rush (Lee, Lifeson y Peart) y a Marshall McLuhan.

El nuevo disco de Arcade Fire lo tengo que escuchar más. La verdad es que lo quité en la quinta canción (Peter Pan o Chemistry) porque no lo aguanté. ¿Se vale? ¿Hay que forzarse a escuchar todo un disco para darte cuenta que no te gusta? De todos modos soy fan de AF y seguiré atento a lo que hacen. Y sí, ok, escucharé Everything Now con atención, tal vez exista una joya/canción que se me está escondiendo.

Soy fan de Bryan Lee O’Malley, el creador de Scott Pilgrim. De hecho, acabo de pasar por donde nació: London, Ontario. Su novela gráfica Seconds, que trata de una chef que descubre cómo arreglar y cambiar malas decisiones en su vida, pero que eso la mete en aprietos, es una buena lectura para quien haya disfrutado de las aventuras de Scott y Ramona Flowers.

Pero quien más me gusta en estos momentos es el dibujante y escritor Jeff Lemire. Su trabajo más famoso es el tomo que reúne tres novelas gráficas que comparten escenario, Essex County. En estos momentos me encuentro a 94 kilómetros de distancia de ese lugar, en donde suceden estas tres historias: un niño huérfano que se refugia en los cómics de superhéroes, dos hermanos jugadores de hockey que las circunstancias de la vida los separa por décadas y una enfermera que va de granja en granja atendiendo pacientes que se pregunta si lo que hace tiene algún sentido.

“A Raymond Carver le darían envidia estas historias, hubiese deseado escribirlas él”, dice Darwyn Cooke, con una cita muy usada para describir el trabajo de Lemire. Parecerá exagerada, pero es cierta.

Su nueva novela gráfica, Roughneck, tiene la fuerza que sólo un buen contador de historias puede lograr.

Jeff Lemire no se queda en historias rurales, no se limita a Canadá ni a la Tierra. Está escribiendo una space ópera, dibujada por Dustin Nguyen, cuyo personaje principal, Tim 21, es un niño androide que es muy importante por distintas razones para robots, humanos y alienígenas. Claro, ya la van a hacer película, Sony compró los derechos de este cómic de Image.

Jeff Lemire, no olviden el nombre, seguro dentro de poco escucharán hablar de él y quieran apuntarlo en su lista de canadienses favoritos. En la mía ahorita va hasta arriba.

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