Palabras
“Estoy estresado, pero feliz”, me dijo mi amigo Juan V. Gama en un mensaje de WhatsApp ayer por la tarde. Me reí. No me dio risa la contradicción de estas dos palabras y sentimientos, ¿quién puede estar estresado y al mismo tiempo feliz? La gracia fue porque lo ...
“Estoy estresado, pero feliz”, me dijo mi amigo Juan V. Gama en un mensaje de WhatsApp ayer por la tarde. Me reí. No me dio risa la contradicción de estas dos palabras y sentimientos, ¿quién puede estar estresado y al mismo tiempo feliz? La gracia fue porque lo comprendí y sabía a qué se refería, pues en algún momento —muchos— yo compartí ese sentimiento. Me dieron ganas de que existiera una palabra que lo definiera exactamente. Una sola palabra en lugar de usar dos. Podríamos pensar que estaba “excitado”, pero eso nos lleva a pensar en algo sexual. Podría ser “entusiasmado”, que lleva esos dos sentimientos, pero se inclina más hacia algo que está resuelto. La palabra estresado nos da la pista de que no todo lo está, aún faltan cosas por hacer, por concretar, que es difícil resolver. La palabra feliz nos dice que esas cosas que aún no se concretan seguramente se lograrán.
Mi amigo Nacho de la Garza también me dijo —en otro mensaje de WhatsApp— que está estresado. En la foto que me mandó se ve muy feliz, pero está en una cama de hospital en donde se está recuperando de una gastritis que lo llevó ahí. La gastritis, por supuesto, fue a causa del estrés. Un estrés distinto, no tan saludable como el de Juan, pero al fin y al cabo estrés. ¿Cómo le pondríamos a este estrés de Nachito?
Existe la leyenda de que los esquimales tienen 19 palabras para la nieve. Me gusta esa leyenda, un pueblo que necesita tantas palabras para definir lo que lo rodea, lo que vive. Lo que es cierto es que tienen frases para definir la nieve en distintos estados, gracias a la cualidad polisintética de su lengua, una palabra como qanik son los copos de nieve cuando están cayendo antes de tocar el suelo. Cuando la nieve ya está en el suelo, se dice aput. Y así. Tienen muchas palabras frase que definen, por ejemplo, el blanco: la nieve derritiéndose al sol, el blanco como la nieve cuando está congelada, etcétera. Pero es tan extraño, tan distinto a nosotros, que es más fácil decir que tienen mil palabras para definir la nieve.
Podríamos hacer lo mismo que los esquimales, tener palabras para definir el estrés que nos causa pensar que nos puedan robar o secuestrar, el estrés a perder el trabajo, el estrés a que pierda tu equipo en penales, el estrés a la subida del dólar, el estrés que te da cuando estás tocando en vivo y se te rompe una cuerda.
Hay una palabra en inuit, o sea, la lengua de los esquimales, que me gusta mucho: Itsuarpok. Significa “el acto de salir continuamente para comprobar si alguien a quien esperas está llegando”. La descubrí en un libro que trata de eso, palabras intraducibles de todas partes del mundo: Lost in translation (Libros del Zorro Rojo, 2016). El libro es hermoso: cada página despierta un sentimiento de ensoñación, significados de palabras a las cuales reaccionas como un niño ante algo nuevo.
Komorebi (japonés): la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles.
Mangata (sueco): el reflejo de la luna, como un camino, en el agua.
Waldeinsamkeit (alemán): estar en el bosque disfrutando de una soledad apacible y en conexión con la naturaleza.
Gurfa (árabe): la cantidad de agua que cabe en la palma de una mano.
Kilig (tagalo): la sensación de tener mariposas revoloteando en tu estómago.
Tsundoku (japonés): comprar un libro, no leerlo y dejarlo apilado sobre otros libros no leídos.
Saudade (portugués): un vago y constante deseo por algo o alguien que no existe, o que alguna vez quisimos y perdimos.
Esta última es una palabra muy conocida y usada, que define un sentimiento tan profundo que es muy raro que sólo exista en portugués. El ser humano es complejo, cómo no. Seguramente por eso Ella Frances Sanders, la autora, pone una cita de Walt Whitman al final de su libro: “Yo también soy indomable, yo también soy intraducible”.
