Memorias
Te anda buscando Pepe Aguilar, me dijo un día Meme, ¿para qué? No sé bien, pero le di tu celular, él te va a explicar. También me lo comentó el Chino: que hablaron a la oficina de Café Tacvba buscándome, tratando de localizarme. No soy una persona difícil de ...
Te anda buscando Pepe Aguilar, me dijo un día Meme, ¿para qué? No sé bien, pero le di tu celular, él te va a explicar. También me lo comentó el Chino: que hablaron a la oficina de Café Tacvba buscándome, tratando de localizarme. No soy una persona difícil de encontrar, según yo, pero eso deben pensar de sí mismos todos los seres humanos. ¿Cómo que no me encuentran si aquí estoy? La curiosidad me carcomía, pues pasaban los días y no sabía nada de Pepe y su necesidad de encontrarme, ¿qué querrá? Antes de la tocada de los premios Miaw de MTV casi le reclamo a Meme que Pepe no me había hablado, como si él tuviera la culpa, ya me estaba desesperando, ¿en serio no sabes para qué me está buscando? Creo que es para que escribas sus memorias, me confesó.
La idea me gustó. Leo muchas biografías de músicos y me gustan los libros de entrevistas que ahondan en la vida personal y creativa de un ser humano en específico. Esos libros no sólo me han divertido (algo esencial para mi afición a la lectura), sino que aprendo un montón: ¿cómo lidió esta persona con ciertos problemas? ¿Qué estaba pasando por el mundo, en su entorno, para que actuara de esa manera? También me sirven de espejo, ¿qué estoy haciendo yo con mi vida?
Creo que las biografías y autobiografías son necesarias para comprender y, al mismo tiempo, comprendernos como seres humanos. Y aunque hay personas que viven situaciones excepcionales que jamás viviremos nosotros, estamos hechos de lo mismo: respiramos, comemos, lloramos, reímos, morimos.
A Pepe ya lo conocía, trabajamos juntos en la música de un espectáculo multimedia para celebrar el Bicentenario de la Independencia de México. En pocas horas me di cuenta de su fuerte personalidad. Desde antes sabía de su gusto por el rock. Tuvo un grupo llamado Equs, allá a finales de la década de los 80. Esa peculiaridad me llamó la atención: Pepe es hijo de Antonio Aguilar, una figura importantísima para la música vernácula en nuestro país, pero Pepe es rockero. Y lo más importante: no niega ninguna de sus dos grandes influencias: la música ranchera y el rock.
Recuerdo las pláticas y discusiones que tenía con Rubén Albarrán, cantante de Cafeta, sobre cómo debería ser el rock nacional. A mediados de los 80 nos pasábamos horas hablando sobre el tema. Era muy importante para nosotros filosofar sobre ello. Admirábamos a Botellita de Jérez, Jaime López y Ritmo Peligroso. Íbamos a conciertos de Maldita Vecindad y Caifanes.
Llegué hace unos días a Tayahua, Zacatecas, donde Pepe Aguilar tiene una casa, era de noche y llovía a cántaros. Al día siguiente me llevó a visitar la tumba de su padre y desde ahí todo lucía hermoso: cerros verdes con unas nubes impresionantes. Dr. Atl a todo lo que da. Me presentó a su madre, Flor Silvestre, a su esposa Aneliz, sus hijos Leonardo y Ángela, y aunque estoy rodeado de iconos de la música mexicana, me siento bien recibido y muy apapachado, como en casa. Llevamos tres días de entrevistas intensas. Horas y horas grabadas de anécdotas de viajes, de triunfos y de otros no tan triunfos. Hago preguntas indiscretas que Pepe contesta sin tapujos. Creo que vamos por buen camino, porque el otro día, al finalizar la sesión, Pepe me dijo: “¡Ah, me siento liberado de hablar de todo esto!”.
Falta mucho para saber qué tipo de libro será, apenas estamos comenzando. Disfruto el proceso y aprendo muchas cosas que volcaré en el futuro libro. Y ahora pienso que Pepe Aguilar —perteneciendo a esos dos mundos, el rock y la música ranchera— es uno más de los híbridos que un país como México puede dar. Un ajolote musical nadando y caminando en dos ambientes distintos.
