El hombre que enseñó a Portugal a creer

Señoras y señores, hoy, Cristiano Ronaldo, con 41 años y 23 defendiendo la camiseta de su país, tomó la decisión de retirarse de la selección de Portugal. Se va uno de los futbolistas más importantes de todos los tiempos, una figura que modificó la historia del futbol portugués y mundial.

Con 234 partidos, 146 goles, récords, deja un legado imposible de superar que comenzó en 2003. Disputó seis Copas del Mundo y se convirtió en el primer jugador que marcó en seis ediciones distintas. Fue capitán del equipo que conquistó la Eurocopa de 2016, el primer gran título de la historia portuguesa. Levantó las Ligas de Naciones de 2019 y 2025. La selección portuguesa aprendió a competir y ganar con él como referente.

Durante más de dos décadas, Cristiano convirtió su ambición en una fuerza competitiva que trascendió su propio talento y contagió a sus compañeros. Su inconformismo y obsesión por ganar elevaron la exigencia de todo el equipo, transformaron la mentalidad de Portugal y se convencieron de que no había rival imposible. No sólo quería ganar, exigía a todos que creyeran que podían hacerlo.

En la Eurocopa de 2004, disputada en casa, Cristiano lloró la derrota en la final contra Grecia. Doce años después, en Francia, volvió a vivir una final, esta vez contra el país anfitrión. Salió del juego por una lesión, pero demostró que también sabía ser líder desde la banca. Portugal ganó 1-0 y Ronaldo levantó el trofeo que tanto anhelaba.

Para mí, Cristiano cambió la exigencia física y profesional del futbolista moderno. Lo han caracterizado la preparación y la disciplina. Su rivalidad deportiva con Lionel Messi elevó, durante años, el estándar de ambos y enriqueció una época irrepetible. Ambos llevaron el juego a un nivel extraordinario.

El anuncio de su adiós llegó después de un conflicto con el entrenador Jorge Jesus. En septiembre, Cristiano abandonó la concentración tras quedar fuera en un partido y enterarse de que tampoco sería titular en el siguiente. La Federación Portuguesa lo sancionó con 30 días de suspensión y una multa de 255 euros.

No creo que una trayectoria como la suya deba juzgarse por un último desencuentro. Cristiano ha sido un competidor fabuloso, pero su personalidad y su necesidad de protagonismo también han generado tensiones. Hay que reconocer una dualidad en este asunto: el líder que llevó a Portugal a creer y el futbolista al que le costó aceptar que el tiempo pasa y cambia las jerarquías.

Su último partido con Portugal fue el 24 de septiembre, ganándole 1-0 a Gales. No tendrá la despedida y el homenaje que una figura de su tamaño merece. Su último partido quedó atrás antes del anuncio. La Federación expresó su agradecimiento y adelantó que prepara un reconocimiento para que los aficionados vuelvan a disfrutar y aplaudir a quien consideran el máximo ídolo de su futbol.

La salida de Cristiano deja una tarea muy difícil, Portugal deberá aprender a jugar sin el goleador que durante años fue su soporte y su referente. Actualmente cuentan con jóvenes talentosos, pero reemplazarlo será imposible. La selección tendrá que convertir su legado en una responsabilidad compartida y encontrar una identidad que no dependa de un solo jugador.

Ronaldo fue ídolo, capitán, campeón y símbolo nacional. En su mensaje de ayer dijo que la mayor victoria fue haber tenido el honor de representar a Portugal. Es una frase que nos recuerda al jovencito que recibió una camiseta y terminó convirtiéndola en parte de la memoria de todo un país. Su carrera de clubes continuará en Al-Nassr, el adiós es exclusivamente con la selección.

Se va uno de los jugadores más importantes de todos los tiempos, un grande entre los grandes. Se despide el número 7 que acompañó a Portugal durante más de 20 años, pero permanecerá lo que construyó: goles, victorias, récords, títulos, derrotas y una mentalidad que cambió la manera de competir. El futbol seguirá, pero Portugal tardará muchos, muchos años en acostumbrarse a mirar sus partidos sin buscar a Cristiano Ronaldo para oír el característico “¡siuuuuuuu!” al celebrar una anotación.