Revocación y democracia
In memoriam Robin, fidelis canis. La revocación del mandato es un nuevo ensayo de la democracia. Cada quien tiene sus pronósticos y sus opiniones. Aquí me concreto al análisis de la vinculación entre revocación y democracia.En los países ...
In memoriam Robin, fidelis canis.
La revocación del mandato es un nuevo ensayo de la democracia. Cada quien tiene sus pronósticos y sus opiniones. Aquí me concreto al análisis de la vinculación entre revocación y democracia.
En los países donde existe la democracia, hasta ahora ha evolucionado, aunque no se descarta una posible decadencia futura. Hace apenas un siglo era un sistema tan rudimentario que, por mencionar algo, la mujer no votaba, el gobierno era el árbitro y los ciudadanos veían a los candidatos como la mengambrea nacional.
La democracia es un instrumento para la toma de decisiones políticas colectivas. Pero, como todo instrumento, no garantiza ni los propósitos ni los aciertos del instrumentista. De la misma manera, el automóvil es un instrumento de transportación, pero la más cara y mejor marca del mundo no garantiza que vayamos a buen destino, que lo utilicemos para algo bueno ni que lo manejemos bien.
Sin duda alguna, en la actualidad, México es el país cuya Constitución instala la democracia más sofisticada del planeta. De una primitiva democracia elemental pasamos a una democracia proporcional, de allí a una democracia molecular, para después instalar una democracia estructural y, hoy en día, una democracia polimeral. Así lo he compartido en mis libros Hacia una teoría pura del poder (2010) y La teoría del poder como ciencia exacta (2017).
Nuestra democracia es muy buen sistema, pero ello no nos hace mejores demócratas ni mejores candidatos ni mejores electores ni mejores gobernantes. La democracia se basa en el teorema de la sabiduría del pueblo para designar a sus gobernantes y para decidir sus asuntos políticos.
Sin embargo, este teorema se ve frecuentemente desmentido por la dolorosa realidad de que el pueblo puede equivocarse en sus decisiones políticas y electorales. La historia supone que el electorado mexicano se ha equivocado en varias de las últimas cinco elecciones presidenciales. Yo soy muy benévolo en mis calificaciones políticas, pero reconozco la equivocación en, por lo menos, dos de esas cinco, lo cual califica de muy mediocre a nuestro electorado, a pesar de mi manga ancha. Pero un calificador más estricto, como el actual Presidente mexicano, suele señalar que se equivocaron en cuatro de esas cinco, al elegir a retrógradas, rateros y renegados. Es decir, la descalificación que le otorga a nuestro pueblo lo presenta como un pueblo estúpido y perverso, no como un pueblo bueno y sabio.
Aristóteles diría que, si el pueblo es bueno y sabio, entonces Zedillo, Fox, Calderón y Peña son dignos de honor y gloria. Pero, si éstos son merecedores de escarnio y vituperio, es que fueron elegidos por un electorado imbécil y malévolo. Esto es, si el pueblo votó sabiamente, los expresidentes merecen nuestro respeto. Pero, si los expresidentes merecen nuestro repudio, entonces la culpa es del pueblo que los prefirió electoralmente.
Hayan sido muchas o pocas, en lo que todos estamos de acuerdo es en que ha habido algunas equivocaciones electorales, tal como ha pasado en todos los países. Trump, Eden, Mollet y Hitler demuestran que yerran hasta los que más presumen de politizados.
Se me podrá alegar que el pueblo fue engañado. Pero los vicios presidenciales de ineficiencia, de ignorancia o de inmoralidad siempre estuvieron a la vista como candidatos. Nunca se eligió a un torpe que parecía genio ni a un demonio que parecía santo. Lo que parecían, lo fueron. Lo que prometían ser, lo cumplieron.
La revocación impide que los pueblos revoquen por el camino violento de la revolución, del cuartelazo y del magnicidio. Además, porque en México no existe el impeachment o juicio político. El presidente no es sujeto de juicio político ni de revocación congresional, según el artículo 110 constitucional. Quizá debimos caminar por la revocación congresional antes de caminar por la revocación electoral.
En los asuntos de la política, al final de cuentas, todos tenemos la razón. La diferencia entre unos y otros es que algunos la tuvimos a tiempo y otros la tuvieron cuando ya no había remedio.
