Excélsior en la vida nacional
Para Gerardo Galarza, en esta mala hora. El lunes 23 de enero de 2006 recibí una agradable llamada y una buena noticia. Del otro lado de la línea escuché la voz de Olegario Vázquez Raña. Con su proverbial amabilidad y su buen humor me dijo ...
Para Gerardo Galarza, en esta mala hora.
El lunes 23 de enero de 2006 recibí una agradable llamada y una buena noticia. Del otro lado de la línea escuché la voz de Olegario Vázquez Raña. Con su proverbial amabilidad y su buen humor me dijo “te llamo para informarte que, desde hace 15 minutos, ya eres el dueño de Excélsior".
De inmediato entendí que Grupo Imagen había adquirido los activos y el cabezal de El Periódico de la Vida Nacional. Me dio gusto por Excélsior y me dio gusto por México. Me dio gusto ser parte del equipo y me da gusto, hoy, ser el decano de sus articulistas. Desde luego, entiendo que mi decanía no es una victoria del mérito, sino una factura del tiempo.
Excélsior ha sido, en muchos de los años de todo un siglo, la principal presencia de valentía y de contención ante un poder político absoluto, monolítico y unipersonal. Sin esta presencia, México se hubiera tiranizado y nos hubiéramos embrutecido.
El 18 de marzo de 1917 apareció su primer ejemplar y así ha proseguido durante estos 105 años. Cuando los mexicanos de varias generaciones tuvimos por primera vez en las manos un periódico, Éste se llamaba Excélsior. Aun en un México que no siempre fue ni el más abierto ni el más tolerante, supo conservar su independencia de criterio y su libertad de opinión.
Si alguien lo duda, podría recomendarle varias fechas para consultar el ejemplar en la hemeroteca, pero me quedo con una sola. La edición matutina del 3 de octubre de 1968 fue una oposición demoledora a la represión diazordacista. Excélsior no se enfrentó a un presidente burlón, bravero o guango. Se enfrentó, ni más ni menos, a Gustavo Díaz Ordaz, en esos días de furia, de odio y de violencia.
Ese día cambió la prensa mexicana, antes mansa y obediente con el gobierno. La orden oficial fue que los sucesos de la noche anterior no aparecieran en la primera plana. Excélsior no obedeció a la Presidencia de la República. Siempre he creído que hizo bien.
El viernes 4, Abel Quesada publicó allí su legendario cartón negro intitulado “Por qué”. Se dice, y no lo dudo, que la inmediata reacción del presidente Díaz Ordaz fue de coraje ante el desacato y que el primer castigo que pensó, aunque no el único escarmiento, fue la clausura de El Periódico de la Vida Nacional. Las siguientes venganzas serían peores.
Pero, en esos días, México era la noticia mundial por las olimpiadas. Periodistas, dirigentes y deportistas ya estaban instalados aquí. El mundo estaba muy sensible por la represión soviética en Praga. El Mayo de París había dado a la humanidad la frase emblemática de “prohibido prohibir”. Díaz Ordaz tuvo que aguantarse su bilis y Excélsior se salvó. Si el 2 de octubre hubiera sido el 2 de noviembre, hubiéramos perdido periódicos, garantías constitucionales, ruta, destino y muchas vidas.
Vinieron años buenos, pero, a partir del año 2000 y hasta el 2006, Excélsior se encaminó a un inminente y doloroso naufragio. La situación financiera era insostenible. Los méritos de las últimas dirigencias y el sacrificio de los cooperativistas fueron encomiables, pero insuficientes. Todas las mañanas, durante más de cinco años, yo temía que algún día ya no saliera la edición. Creo que muchos días estuvo a punto de realizarse mi temor.
Fue en uno de esos días de esos aciagos años que le pregunté a Olegario Vázquez Raña si no sería más fácil, más rápido y más barato fundar un periódico nuevo que insistir en este proyecto. Nunca olvidaré que me dijo que no se trataba de tener un periódico ni de hacer un negocio. Que de lo que se trataba era de salvar a Excélsior, al precio que fuera y al esfuerzo que obligara, para que ni alquilara su rotativa a una pandilla ni vendiera su pluma al gobierno. Lograrlo le costó mucho dinero y muchos años. Pero triunfó.
Por eso es de saludar esa hazaña del salvamento de este diario y la labor realizada por Olegario Vázquez Raña, Olegario Vázquez Aldir, Ernesto Rivera Aguilar, Pascal Beltrán del Río y todo su equipo.
Excélsior me ha convencido de que, mientras uno tenga una pluma en la mano, jamás podrá ser dominado por los demás hombres.
