Margaritas
Por Claudia Vergara HernándezCarta dirigida a mí cuando era una niña: Cuando tienes 43 años, Margarita es el nombre de tu flor favorita. Ayer, cuando despertaste recordaste el sueño con una de ellas. Dos mujeres entre millones, pero llevas su sangre en tus venas, ...

Imagen de la Mujer
Imagen de la Mujer
Por Claudia Vergara Hernández
Carta dirigida a mí cuando era una niña:
Cuando tienes 43 años, Margarita es el nombre de tu flor favorita. Ayer, cuando despertaste recordaste el sueño con una de ellas. Dos mujeres entre millones, pero llevas su sangre en tus venas, sangre de dos familias que han sido testigos, partícipes y a la vez omisas de la violencia contra las mujeres, y formamos parte de ella, especialmente de la violencia en contra de esas dos amadas flores.
Cuando estabas en la fiesta de la gran familia, con comida, bebida y risas; niños y niñas escuchábamos que en la calle ese hombre le estaba pegando a mi tía, una flor hermosa, alegre, cariñosa y maternal… la fiesta continuaba como si nada sucediera y te preguntabas por qué alguien no detenía la golpiza. ¡Ahora lo sabes!
Hace poco más de un mes marchaste con miles de mujeres.
“¡El Estado no me cuida, me cuidan mis amigas!”. A garganta abierta aullabas con tus hermanas.
¿Dónde estaban las amigas de esas flores? Qué pena que eran tus tías, no tus amigas, porque hubieras salido con una escoba a defenderlas de esos hombres, qué impotencia sentías cuando mirabas, sentías dolor, miedo y no comprendías lo que pasaba a tu alrededor.
Lo que aprendiste niña, es lo que veías, lo que oías, lo que sentías cuando tu estómago se aprieta, tus vellos se erizan, tus ojos se humedecen y nadie te dice nada…
Se llama miedo. Es un miedo que te paraliza y que, cuando continúas en la vida, tu mente y tu alma se encierran para poder incorporarse a la normalidad y entonces por un tiempo te vuelves ciega, sorda e insensible.
“Marcho hija, para que no tengas que vivir lo que yo he vivido”. Decía una pancarta que llevaba una joven.
¿Tu mamá no sabe lo que sientes cuando te lastima?
Lo que pasa niña, es que ella también sufre, sufre tanto que le duele hasta los huesos y ha enfermado.
Sufrió en su niñez y sufre ahora en silencio, enferma, sola y a la vista de todos. Tú ahora no lo puedes ver porque eres pequeña. Cuando tengas edad y experiencia suficiente lo comprenderás. Por lo pronto, tendrás que ser fuerte, pero, niña tienes un corazón muy grande y una fortaleza escondida en ti, ni tú misma lo sabrás hasta que te parezca que es muy tarde.
“Con falda o pantalón, respétame ca%&$!”. Gritaste a todo pulmón.
Lo gritamos porque ahora te comprendo, te pido perdón y lucho desde hace años, niña, para que otras no sientan la vergüenza, la ira y la impotencia que tú sentiste cuando el hermano mayor de tu amiguita humedeció un caramelo en tu vulva limpia de cuatro años de edad; cuando a los seis, otro salió de entre un arbusto y te golpeó con la mano en la entrepierna; cuando a los doce, en la esquina, saliendo de la escuela, un hombre sacó su lengua y la movió simulando que quería lamerte; cuando a los dieciocho otro pasó en bicicleta y te dio una nalgada.
Ahora hay heroínas y no sólo princesas niña, incluso tú quieres ser una de ellas.
Tranquila niña, porque miles de mujeres en México y en todo el mundo han salido a marchar, a tomarse de la mano y a gritar hasta sentirse gustosas del dolor en la garganta para que nunca más otras experimenten lo mismo que tú.
Para que no haya más Margaritas en las familias. Para que ninguna otra Margarita tenga que vivir en la soledad o en el exilio en tierras lejanas huyendo de la violencia que vivían dentro de su hogar, en su pueblo, en su México lindo y querido.
Descansa niña porque pronto la sociedad será diferente y te defenderá, te cuidará y nunca más sentirás vergüenza o culpa por ser mujer.
Ahora cultivas y amas a las Margaritas que crecen en tu jardín.
Zapopan, Jalisco