Hoy, estas líneas las dejo sin título…
Por Araceli Valdivia Ornelas ¿Es en serio? preguntó y comenzó a llorar mientras escuchaba y veía la noticia que tenía en la televisión: Fátima de siete años, secuestrada y asesinada. No, mamá, no se vale, ¿en qué mundo estamos? me interrogó y me quedé ...

Imagen de la Mujer
Imagen de la Mujer
Por Araceli Valdivia Ornelas
—¿Es en serio?— preguntó y comenzó a llorar mientras escuchaba y veía la noticia que tenía en la televisión: Fátima de siete años, secuestrada y asesinada.
—No, mamá, no se vale, ¿en qué mundo estamos?— me interrogó y me quedé muda.
—Siete años, mamá, sólo tenía siete años, –y seguía sollozando mi niña de 12, que llegaba de la secundaria–.
¿Qué dices ante un panorama así?, ¿ante un cuestionamiento como ése?, ¿qué respuesta das? Ni yo misma tengo esa respuesta porque perdí el hilo conductor que nos llevaba a todos a generar empatía hacia nuestro semejante; me perdí en el camino atroz, rápido y vertiginoso que nos condujo hasta donde hemos llegado el día de hoy, donde un feminicidio más o una masacre a cualquier hora, en cualquier lugar, por cualquier motivo, acaba en cuestión de segundos con familias enteras y el “aquí no pasa nada”.
El otro día, al ir por ella a su clase de ballet, delante de mí iban dos chicos de escasos 14 o 15 años queriendo abrir los autos de la calle donde vivo y sabiendo que iba atrás, ni se inmutaron, siguieron en lo suyo.
La indolencia y nuestra cada vez más indiferente actitud nos ha marcado el camino y el destino. ¿Triste realidad?, sí. Es una triste manera de darnos cuenta que somos los principales protagonistas de esta película llamada “ley de la selva” donde sólo sobrevive el más fuerte, el más gandalla, el más transa, el más corrupto y el más malvado.
Tú, él, ella, yo, cada uno en su individualidad somos culpables; tú como hijo, él como esposo, ella como maestra, yo como madre, y así la lista es extensa, pero el caso es que nos perdimos en un tornado de desigualdad, desinterés, deshumanización, destrucción, disfuncionalidad, apatía y desencanto.
De nada vale unirnos y usar los hashtags #NiUnaMás, #MeDuelesMéxico y #YaBasta si sólo buscamos likes, si buscamos cinco minutos de fama o si compartimos sin educar y mañana al ver las noticias exclamaremos: “ay no, otra víctima más”.
Es fácil echar la culpa al gobierno, a la sociedad, comunidad, organismos, familia, juventud y etcétera, ¿pero tú qué vas a hacer hoy al comer con tu familia?, ¿te quedarás así, como siempre? #UnDíaMás y no hice nada, cuando podemos comenzar en nuestro pequeño núcleo, la familia. Decirle a jóvenes y niños que vivir en valores no tiene precio, que saludar al vecino puede hacer la diferencia entre un día gris o lleno de sol, cuidarnos entre vecinos es la mejor forma de demostramos cuánto amamos nuestra humanidad.
El día que dejemos de ser indiferentes ante la necesidad, por pequeña que sea, y ante la felicidad, por grande que sea, de nuestro prójimo, ese día la violencia se debilitará y con ello no sólo las mujeres, que son víctimas vulnerables de ello, sino también hombres, niños, ancianos, animales y plantas, el planeta en sí volverá a pintarse de blanco y estoy segura que eso sucederá, pero para ello hay que comenzar dese nuestra trinchera (escritorio, oficina, casa, escuela, trabajo, profesión, oficio), en fin, hay que comenzar a inculcar a nuestros pequeños que el ayudar y empatizar (ponernos en el lugar del otro para experimentar lo que siente sin perder nuestra propia identidad) es 1000% más importante que el simple sentimiento de satisfacción que da por un instante el “poseer” ya sea dinero, propiedades, poder. Así de sencillo.
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