Hasta donde te lleven tus sueños
Por Gabriela Rodríguez Días atrás, mi hijo me preguntó cuál es el mejor sistema gubernamental. La mejor respuesta que pude encontrar fue: Aquel que establece bases sólidas para que cada quien llegue hasta donde sus sueños lo lleven. Me miró con sus inocentes ...

Imagen de la Mujer
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Por Gabriela Rodríguez
Días atrás, mi hijo me preguntó cuál es el mejor sistema gubernamental. La mejor respuesta que pude encontrar fue: —Aquel que establece bases sólidas para que cada quien llegue hasta donde sus sueños lo lleven. Me miró con sus inocentes ojos y me interrogó: —¿No hacen eso todos los gobiernos?—.
Una respuesta honesta habría destrozado su ilusión de un mundo perfecto y compartí con él una opinión muy personal. Para mí, el mejor gobierno es el que trabaja para ofrecer a toda su población una educación, alimentación y salud igualitarias. Pero no estoy hablando de un sistema de salud mediocre, con unos maestros que no están dispuestos a ser evaluados y una leche aguada a bajo precio. Estoy hablando de servicios de calidad, brindados por profesionales realmente comprometidos, capacitados y actualizados. Un sistema de salud en el que hay medicamentos, medicina preventiva e investigación y un salario digno que permita acceder a una alimentación variada y balanceada para todos.
Muchas veces cuando estoy de viaje me pregunto: ¿Nuestros políticos no habrán visitado estos países? ¿Habrán alguna vez ingresado a un salón de clases en un país cuyo sistema educativo sea digno de aspirar? Seguramente han viajado más que yo, pero no les interesa ver ni aprender, porque un pueblo empoderado no los hubiese votado.
Los gobiernos paternalistas sólo buscan aplastar a los pueblos para tenerlos debajo de sus zapatos y perpetuarse en el poder. Lo que siempre me he preguntado es qué clase de enfermedad mental hay que tener para querer estar en la cima de un pueblo pobre, ignorante y sin ilusiones. Busco adjetivos para calificar a los políticos que apoyan estas formas de gobierno y no logro encontrarlos, porque creo que no existe palabra alguna para calificar a quien se siente feliz y exitoso viendo miseria, infelicidad, ignorancia y muerte.
Un pueblo socialmente responsable es factor clave para escoger un gobierno constructivo, de visión de largo plazo y comprometido con el sueño de todos y cada uno de nosotros; creo que éste es el detonador del cambio necesario para que México se ponga nuevamente de pie, erguido, fortalecido y orgulloso. Si cada quien votara por un gobierno pensando en el futuro de su país, en el desarrollo de su sociedad y en el futuro de sus hijos, seguramente los que venden sus votos por unos pocos pesos no lo harían. El voto es una de las formas que tenemos de exigir y buscar el gobierno que queremos, merecemos y soñamos. Pero hay que ejercerlo con conciencia, responsabilidad e informados. Cuando digo informados, no me refiero a lo que escuché, lo que me dijeron o leí en las redes sociales. Tenemos que informarnos de fuentes confiables dentro y fuera de nuestro entorno y leer, leer mucho porque un pueblo culto e informado es más difícil de engañar y de comprar.
Ahora te pregunto: ¿Qué precio tiene tu futuro y el de tu familia? ¿Realmente hacen algún cambio esas migajas que te dan para que los votes? Al momento de votar piensa en tu familia, en tu vecino, en tu comunidad y en tu país. Piensa en el poder que le entregas a una persona con tu voto que puede tener una visión de construir o destruir. Piensa si va a sumar para que todos estemos mejor, porque IGUALDAD no es que todos estemos abajo; no es que desaparezcan los ricos y la clase media para que todos seamos pobres. Igualdad es que todos podamos subir unos peldaños y tengamos la capacidad de llegar hasta donde nos lleven nuestros propios sueños.
La próxima vez que tengas que votar recuerda que tu voto es la tierra donde plantarás la semilla de tus sueños y ¡vota con responsabilidad social!
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