México no cambió de estrategia de seguridad por presión externa ni por una revelación moral de última hora. La decisión de fortalecer la capacidad del Estado fue, antes que nada, una definición política responsable de Claudia Sheinbaum frente a un problema que no admitía más inercias. Donald Trump y el Mundial 2026 no forzaron esa decisión, pero sí aceleraron su ritmo, elevaron el costo de la inacción y colocaron sus resultados bajo un reflector más intenso. En concreto, Trump no diseñó la política de seguridad de Sheinbaum, pero sí elevó el costo de no mostrar resultados; el Mundial no creó la necesidad de recuperar control territorial, pero sí convirtió esa necesidad en una urgencia internacional.
La secuencia importa. La Casa Blanca anunció el 1 de febrero de 2025 aranceles de 25% a México, justificados por seguridad, migración y fentanilo. Días después, Sheinbaum acordó desplegar 10 mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte y, a finales de febrero, México entregó a EU 29 capos del crimen organizado. El mensaje era simple: México entendió que, en la relación con Trump, la seguridad ya no era sólo un asunto interno, sino una variable comercial. El otro filtro es el Mundial. Un país puede convivir durante años con su desorden; no puede exhibirlo durante un mes ante millones de visitantes, selecciones, patrocinadores y cámaras. Por eso, cuando la violencia se disparó tras la muerte de Nemesio Oseguera, el gobierno reaccionó en varias velocidades. Primero, Sheinbaum dijo que no había “riesgo” para los aficionados. Después, reforzó que la FIFA revisaría los planes de seguridad y movilidad. Y el 6 de marzo anunció en Jalisco el Plan Kukulcán.
La Presidenta insiste en una fórmula políticamente útil: paz, no guerra. Nadie gana declarando otra guerra al narco. Pero el dispositivo real matiza la historia: más inteligencia, más cooperación con Washington, más presión sobre las economías criminales, más GN, más FA, más control de nodos logísticos. El gobierno puede llamarlo como quiera; el Estado, cuando decide recuperar terreno, funciona como maquinaria.
Lo importante no es sólo el tamaño del operativo. Es lo que revela. Durante años, el Estado mexicano pareció resignarse a administrar fragmentos de soberanía: aquí manda la federación, allá el gobernador, más allá el cártel, en otro sitio el extorsionador, en otro la aduana tomada, en otro el puerto infiltrado. El Mundial y Trump están obligando a hacer lo contrario: pensar la seguridad como sistema. Movilidad, inteligencia, puertos, carreteras, ciberseguridad, cooperación internacional, control de flujos comerciales. Eso no significa que Sheinbaum haya actuado por presión externa. Sería falso. Su gobierno ya había definido cuatro ejes —atención a las causas, GN, inteligencia e investigación, coordinación con los estados— y en julio de 2025 consolidó una nueva arquitectura legal con la ley de inteligencia en seguridad pública y la nueva Ley de la Guardia Nacional. También lanzó una estrategia contra la extorsión.
En México, la estabilidad territorial es condición necesaria para la competitividad económica: cadenas de logística, puertos, aduanas, turismo y eventos internacionales como el Mundial. Por eso también sería ingenuo no ver el empujón de la coyuntura. Trump apretó. El Mundial expone. Jalisco ardió. Y el gobierno se movió. ¿Se pudo hacer mejor? Sin duda.
La pregunta de fondo ya no es si el país tiene hoy una ruta más clara, sino si esa ruta logrará consolidarse como política de Estado. Todo indica que ése es el horizonte de Claudia Sheinbaum: una estrategia que trasciende la coyuntura de Trump y el calendario del Mundial porque apunta a una tarea más profunda y duradera. En ese sentido, acaso la mejor noticia del sexenio sea ésta: que dos aceleradores externos coinciden con una Presidenta que opta por actuar con responsabilidad. Porque blindar un torneo importa, pero empezar a recuperar la rectoría del Estado sobre la totalidad del territorio, la economía local y la política sería algo mayor: un verdadero punto de inflexión nacional. Y acaso, también, el rasgo por el que este gobierno termine siendo recordado.
