Nunca es tarde para cambiar el destino

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

Hay entrevistas que uno hace por compromiso, otras por curiosidad y algunas que, desde que empieza la conversación, sabes que van a dejar huella. Y la que tengo preparada para este sábado entra en esa última categoría. Sería imperdonable que se perdieran El Minuto que Cambió Mi Destino, Sin Censura, este sábado a las 8 de la noche por Imagen Televisión, porque mi invitado es un hombre que forma parte de la historia de las telenovelas mexicanas: Eduardo Yáñez.

Eduardo tiene 64 años y ha sido protagonista de algunas de las producciones más importantes de la televisión mexicana. Es uno de esos galanes que pertenecen a una generación en la que para ser protagonista no bastaba con tener una cara bonita, abdominales o millones de fans. Había que tener presencia, personalidad, voz, carácter y, sobre todo, sostener una historia durante meses frente a millones de personas.

Eduardo Yáñez lo hizo durante décadas, por eso, más allá del actor, quería saber quién es Eduardo cuando se apagan las cámaras. Y ahí es donde aparece una historia  impresionante.

EDUARDO YÁÑEZ Y DON ERNESTO ALONSO

Eduardo habla con enorme cariño de don Ernesto Alonso, el inolvidable Señor telenovela. Don Ernesto Alonso fue uno de los hombres más importantes que ha tenido la televisión mexicana. Productor, actor, descubridor de talentos, creador de estrellas y responsable de muchas de las grandes telenovelas que marcaron época.

Eduardo lo considera como su padre putativo. ¿Pero por qué? Eso lo van a descubrir este sábado. Porque una cosa es hablar de las personas que te dieron trabajo y otra muy diferente hablar de quienes modificaron tu vida. Para Eduardo, don Ernesto Alonso fue una de ellas. Y mientras lo escuchaba hablar comprendí que detrás de ese hombre de carácter fuerte, que tantas veces hemos visto defendiendo sus posiciones existe también una enorme capacidad de agradecimiento.

Eso me gustó. Eduardo no olvida de dónde viene, quién le abrió las puertas ni quién creyó en él. Escuchar a alguien reconocer con cariño a las personas que fueron importantes en su carrera se agradece.

EL NIÑO QUE VIVIÓ EN LECUMBERRI

¿Cuántas personas pueden decir que vivieron dentro de una cárcel? Pues Eduardo Yáñez sí. Y no estamos hablando de cualquiera, sino del Palacio Negro de Lecumberri. Su mamá trabajaba como celadora y por esa circunstancia Eduardo pasó parte de su infancia en ese ambiente. Imagínense lo que representa para un niño crecer rodeado de rejas, custodios, internos y personajes que habían cometido delitos terribles.

En la entrevista hace una crónica de lo que significó vivir ahí. Y no se los quiero contar todo porque para eso está el programa del sábado, pero les puedo adelantar que resulta impresionante escuchar a un hombre recordar cómo desde muy pequeño conoció de cerca a personas que habían cometido crímenes terribles. Incluso habla de asesinos.

Y tal vez ahí se encuentre también una explicación para muchas cosas de su personalidad. Eduardo siempre ha sido un hombre intenso. Puede gustarte o no, coincidir con él o estar en desacuerdo, pero difícilmente podrías decir que es un hombre tibio. De niño vivió en Lecumberri; después entró al mundo de la actuación; conoció a uno de los productores más importantes de nuestra historia; se convirtió en galán de telenovelas; trabajó durante décadas y terminó siendo reconocido en muchos países. ¿Quién hubiera podido imaginar ese recorrido?

EL GALÁN DE CARÁCTER

Eduardo Yáñez ha sido protagonista durante décadas, y eso tampoco es sencillo. Muchos llegan, pero muy pocos permanecen. Eduardo sobrevivió a todos los cambios, de productores, transformaciones en la televisión, diferentes generaciones de actores,  la llegada de nuevas plataformas y sigue trabajando.

Eso es algo que también hay que reconocerle.

Y bueno, por supuesto que su carácter también le ha provocado problemas. Él mismo lo sabe. Hay momentos de su vida pública que seguramente habría manejado de otra forma con la experiencia que tiene hoy, pero para eso sirve una conversación, para comprender.

En El Minuto que Cambió Mi Destino, Sin Censura se pregunta, se habla, se recuerdan momentos buenos y malos. Aquí el invitado tiene la oportunidad de contar su versión, y Eduardo no le saca la vuelta a la conversación. Vean la entrevista y después me dicen qué les pareció.

CRISTIAN CASTRO: 51 AÑOS Y GRADUADO DE PREPARATORIA

Cambiando de tema, ayer se realizó una fiesta para celebrar la graduación de preparatoria de Cristian Castro. Uno de los cantantes más importantes del romanticismo mexicano, de los mejores intérpretes de su generación, que ha vendido millones de discos, que ha recorrido escenarios de toda América Latina, que tiene canciones que forman parte de la memoria sentimental de muchísima gente y que podría perfectamente haberse sentado en su casa diciendo: “¿Para qué estudio si ya hice mi vida?”. Pues no. 

Cristian decidió terminar la preparatoria. A mí me parece una gran lección, porque vivimos obsesionados con las edades. Que si a los 18 tienes que entrar a la universidad, que si a los 25 ya deberías tener un trabajo, a los 30 ya tendrías que haberte casado… Quién inventó esas reglas? Cristian Castro tiene 51 años y terminó su preparatoria. ¡Felicidades!

VERÓNICA CASTRO, MADRINA

En esta graduación estuvo presente, por supuesto, Verónica Castro, quien fue su madrina. Y qué bonito. Porque independientemente de cualquier circunstancia que pueda existir dentro de una familia, hay momentos importantes en los que la presencia de una madre tiene un significado especial.

Cristian llegó acompañado de su tía Beatriz Castro. Y seguramente para Verónica debió ser emocionante ver a su hijo cumplir una meta académica a los 51 años.

Cristian ha tenido una vida peculiar. Desde niño estuvo expuesto a los medios de comunicación por ser hijo de Verónica Castro y Manuel El Loco Valdés. Después apareció su enorme talento musical. Cristian Castro canta de verdad. Puede uno comentar sus cambios de imagen, sus ocurrencias, sus romances, sus declaraciones, sus extravagancias, pero cuando se para frente a un micrófono, tiene una de las grandes voces de la música romántica mexicana.

NUNCA ES TARDE

Ojalá esta historia sirva para mucha gente. Porque hay personas de 40 años que quisieran culminar estudios de cualquier nivel, y a veces no lo hacen por vergüenza, pero ¿de qué?

Vergüenza sería querer aprender y no hacerlo sólo porque alguien puede burlarse. Si Cristian, teniendo 51 años, una carrera internacional y una vida  resuelta, tomó la decisión de concluir su preparatoria, cualquiera puede retomar un proyecto pendiente. Eso merece reconocimiento.

LIVIA BRITO: ¿AHORA SÍ APRENDIÓ?

Y pasando a otro asunto, me da mucho gusto informarles que parece que Livia Brito comprendió  que la prensa no es su enemiga. Ahora resulta que Livia está simpatiquísima. Atiende, contesta, sonríe y hasta manda bendiciones. Miren ustedes cómo cambia la vida. 

Durante años Livia cargó con las consecuencias de lo ocurrido con Ernesto Zepeda. El asunto terminó implicando un pago de un millón 230 mil pesos. La actriz se cerró, evitó a la prensa. Afortunadamente, parece que la situación es diferente, y yo lo celebro.

LA FAMA NO ES UN SALVOCONDUCTO

La fama es una circunstancia profesional. No es un permiso para hacer lo que quieras. Un actor es una persona. El reportero también. Las verdaderas estrellas no necesitan comportarse como estrellas. Ya lo son. Por eso celebro que Livia Brito esté cambiando. Ahora, tampoco podemos fingir que no pasó nada. Eso sería absurdo. La prensa tiene memoria. El público también. Y cuando sucede algo tan grave como el episodio que vivió Ernesto Zepeda, las consecuencias no desaparecen de un día para otro y más ahora con las redes sociales.

TRES HISTORIAS, UNA MISMA LECCIÓN

Los tres temas de esta columna aparentemente no tienen nada que ver entre sí. Eduardo Yáñez. Cristian Castro y Livia Brito. Tres personajes completamente diferentes. Tres generaciones. Tres carreras, pero en realidad existe un hilo que las conecta. La capacidad de aprender.

Eduardo Yáñez mira hacia atrás y habla de las personas y circunstancias que marcaron su vida. Cristian Castro reconoce que tenía un pendiente académico y decide resolverlo a los 51 años. Livia Brito comprende que enfrentarse con la prensa no la llevaba a ninguna parte y modifica su actitud.

Eso es vivir, aprender, corregir, reconocer, cambiar.

EL TIEMPO PONE LAS COSAS EN SU LUGAR

Tengo muchos años trabajando en este medio. He visto llegar y desaparecer figuras. He visto artistas a quienes nadie les tenía fe construir carreras extraordinarias.

He visto pleitos que parecían irreconciliables terminar en abrazos, amistades de décadas terminar por dinero, familias enteras enfrentarse por una herencia. Por eso cada vez estoy más convencido de que el tiempo termina acomodando muchas cosas.

El tiempo revela quién tenía talento, quién sólo tuvo suerte, quién tenía principios, quién tenía precio, quién sabía agradecer o quién olvidó demasiado rápido. Por eso la conversación con Eduardo Yáñez me parece tan interesante. Un hombre de 64 años que ya recorrió un camino enorme y puede mirar hacia atrás. Ahí es cuando una entrevista adquiere otra profundidad.