Grabé en la penca de un maguey tu nombre

Una encuesta, obviamente patrocinada —esto quiere decir pagada— por el Conaculta mexicano, me despertó ayer con la noticia de que yo leo casi cinco libros y medio al año, si estoy en la cifra de los mexicanos promedio.

Dicen de mí, que yo he sido un libro abierto, donde mucha gente ha escrito, no hagas caso no es así…

                Gerardo Reyes, Los Cadetes de Linares

El último libro que tuve en mis manos fue anoche, una colección de cuentos de Franz Kafka titulado La Muralla China, que no pude dejar hasta dormir antes de terminar, una vez más, el relato de Un artista del hambre. Antes, el último libro nuevo que leí fue la excelente novela Número cero, de Umberto Eco —se le agradece la brevedad—, que tiene todo que ver con el oficio del periodismo y la pulcritud del lenguaje cuando uno quiere escribir bien.

Me acordé de esto porque hace tiempo, cuando daba clases en alguna universidad a los aspirantes a periodistas, a mi pregunta de cuál era el último libro que habían leído, decían, invariablemente, Cien años de soledad. Nunca recordaron al personaje de Úrsula Buendía. Se me ocurrió entonces preguntarle a las personas de mi entorno el título de su última lectura. Afortunadamente, no lo hice.

Lo que pasa es que una encuesta, obviamente patrocinada —esto quiere decir pagada— por el Conaculta mexicano, me despertó ayer con la noticia de que yo leo casi cinco libros y medio al año, si estoy en la cifra de los mexicanos promedio. Hace nueve años, el promedio de libros leídos por mexicano al año era 2.9. Antes de que yo pudiera expresar mi protesta por el desprestigio —en mi pinche vida he leído cinco libros al año, excepción hecha de mis años universitarios—, me entero de que la encuesta famosa fue levantada entre cinco mil 845 mexicanos de 12 años en adelante. Vamos diciendo seis mil, de 120 millones de seres humanos, para hacer una estadística vendible.

Claro que no leí cinco libros y medio este año o el que viene. Tal vez más, tal vez menos; no los cuento, los leo.

Dicen los resultados de la encuesta que, de los que leemos cinco libros y medio al año, leemos tres punto cinco por gusto y uno punto ocho por necesidad. Eso quiere decir que la lectura de la sinopsis del Quijote no cuenta porque era tarea de secundaria. Lo que no me queda claro en los datos del Conaculta es si la lectura de TvNotas y El libro vaquero califican para la estadística. Lo que sí califica para la estadística son las lecturas en libro de papel o libro electrónico; 86.6% prefieren el grato olor de la tinta y el papel, y solamente 3.3% anda leyendo en el Metro en su computadora.

¿Pregunté por TvNotas?

Esto es lo que ustedes leen, ignorantes:  57% de ustedes lee libros, ya impresos, ya digitalizados; 55%, periódicos —whatever that means—, y casi 45% las redes sociales. El 38% lee revistas —you got it TvNotas!—, mientras que, 25.2%, los sitios web; 16.6, historietas y cómics, y 13.4%, blogs. Son cifras de desesperanza.

Para levantar el ánimo debo decir que México aparece en esta mágica tabla en el segundo lugar de hábitos de lectura en América Latina; solamente Chile nos supera con 5.4 libros leídos por habitante al año. Pero Argentina nos la pela con un tercer lugar de 4.8 porcentuales. Los del Conaculta creen que alguien se va a creer este camelo.

En primer lugar, yo me niego. Yo no leí este año 5.3 libros y ahora menos lo voy a hacer,  ahora que me entero de que el tamaño de la muestra sesuda, analógica y especialmente muy vendible, se aplicó a cinco mil ochocientos cuarenta y cinco mexicanos mayores de 12 años en pleno uso de sus facultades mentales.

Seis mil mexicanos de ciento veinte millones.

Qué bonita familia.

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