Oración para José Agustín

Por Roberto Domínguez Cáceres Pido una oración por José Agustín, que se diga leyendo en voz alta algunos párrafos de Se está haciendo tarde final en laguna, novela de 1973. Como en otros relatos, Agustín propone una respuesta líricalisérgica como nuevo tiempo ...

Por Roberto Domínguez Cáceres

Pido una oración por José Agustín, que se diga leyendo en voz alta algunos párrafos de Se está haciendo tarde (final en laguna), novela de 1973. Como en otros relatos, Agustín propone una respuesta lírica-lisérgica como nuevo tiempo mexicano. La experiencia común es el lenguaje, por eso lo exprime, lo reforma, lo renueva: si el lenguaje se abre, también se abrirá la conciencia. 

En la novela, laguna es el espacio de lo disímbolo, cuya superficie en calma nos jala al interior, al fondo. Cruzar a la otra orilla ha sido, desde Dante en la Comedia, el viaje dentro del viaje. Virgilio, no el de Dante, sino el de José Agustín, nos acompaña en una jornada desbocada, un “viaje” hacia el sí mismo.

Fuera del instante, no hay más. La laguna es una heterotopía en cuya superficie zozobran los presentes de Francine, Gladys, Paulhan, Rafael, Virgilio y un lanchero, Caronte acapulqueño imperturbable, ajeno a todo, que cierra el relato: “Yo creo que mejor regresamos. Se está haciendo tarde”. Los cinco personajes de la novela están eternamente en el presente porque no saben a dónde huir. La laguna es la metáfora del presente continuo donde sólo se puede cambiar de sitio saltando de un viaje de mota a otro viaje existencial donde el tiempo se mide en sustancias químicas.

Agustín destaca la sustancia del tiempo representándola en las alucinaciones de la droga. Se está haciendo tarde (final en laguna) debe ser leída como una mental road movie, un viaje iniciático, pero dentro de la conciencia de cada uno de los personajes: “Yo creo que estas silocibas nos van a prender de boleto, maeses, doctoró Virgilio, porque nos acabamos de atizar. As you know, así prende más rápido el ácido. La silocibina, corrigió Paulhan. Rafael descubrió que su corazón se comprimía y estuvo seguro de que la silocibina ya le había hecho efecto: le pareció ver que la playa se meneaba, se contorsionaba, y que percibía cada pequeño grano como si estuviera observando la arena de muy cerca. Sus manos temblaban aun más que antes y Rafael las colocó sobre la tela del asiento. Pues vamos prendiendo otro toke, ¿no?, para poderno má estoncetes luego luego, propuso Francine. Wow! Out of sight. No exageres, dijo Paulhma. Tenemos muy poca mota y más vale que la administremos. Pues por su puesto, observó Gladys, eres una exagerada Francine. Exhibicionista. Esta silocabina una droguita. ¡Wow! Eres una mentirosa, delató Gladys, yo te he visto muy calladita en viaje, con cada de help. I need somebody nut just anybody you knows I need someone, berreó Virgilio. En el viaje que tomamos al llegar a Acapulco esta última vez, informó Gladys, eran unas pastillitas redondas, púrpuras. ¡Los bienllamados ácidos Revolución! Yo se los di. […] Anyway, esos Revolución me hicieron los mandados, insistió Francine. Creo que me pongo más hasta el gorro con un grand marnier”.

La literatura de José Agustín cuestiona la venerada multiculturalidad. Se está haciendo tarde (final en laguna)  establece una continuidad de rupturas, una sucesión de síncopas en el tiempo, y se sigue preguntando en ella cómo narrar la memoria, pero no como lo pasado, sino como el relato que nos habita siempre. Una oración por Agustín es el motivo ideal para seguir leyendo su experimentación con el lenguaje que mejor deberíamos empezar a llamar su inteligencia narrativa.

X: @RdominguC

Temas: