Diderot en Guadiana

Por: Carlos Ornelas Denis Diderot 17131784 fue un filósofo y escritor que trascendió en la historia como una de las figuras prominentes de la Ilustración. Fue el editor principal de la Enciclopedia o Encyclopédie, en francés, un colosal repertorio que se publicó en ...

Por: Carlos Ornelas

Denis Diderot (1713-1784) fue un filósofo y escritor que trascendió en la historia como una de las figuras prominentes de la Ilustración. Fue el editor principal de la Enciclopedia (o Encyclopédie, en francés), un colosal repertorio que se publicó en Francia en poco más de 20 años y que contó con plumas del calibre de Jean Jaques Rousseau, Charles Louis de Secondat, el famoso barón de Montesquieu, y François-Marie Arouet, el irreverente Voltaire. Para muchos, la Enciclopedia, es la obra más importante del Renacimiento que, además, sorteó con éxito la censura de la Inquisición. Fue una joya para la Europa culta.

Hoy, gracias a un relato novelado de Óscar Jiménez Luna, Diderot más allá del mar, sabemos que hay un ejemplar completo de la obra original en la Biblioteca Pública de Durango. Jiménez Luna fue su director durante 12 años y rescató la obra de un sótano, junto con otras importantes, algunas incunables. Entre queja y protesta, con una prosa sabrosa, el autor narra que pasó las de Caín por falta de apoyo oficial, aunque a veces sí lo tuvo, también hubo uno que otro benefactor. Su novela tiene un tono amable y se nota el amor de Jiménez Lara por la lectura y la cultura; también muestra algo de chovinismo local, pero no pedestre, cargado de señas encantadoras sobre el panorama y la vida citadina. Pero hace más elogios a la gente, al paisaje urbano y a la cocina de Quebec.

No obstante que de inmediato se nota que en el texto se trata de la ciudad de Durango, el autor la disfraza de Guadiana y se pone el seudónimo de Virgilio (cualquier resonancia al clásico romano es axiomática). Para darle verosimilitud a su narrativa y justificar un viaje a Quebec sin su esposa, el autor discute que hay un manuscrito de Diderot en una biblioteca de Quebec y que una bibliotecaria, como él, lo mantiene en secreto. Virgilio se enteró de eso gracias a la confidencia de un experto francés de la obra de Diderot, el profesor Chavalier, quien se lo manifestó en un congreso en Zaragoza, España, años atrás. Y ése fue el pretexto para pedir prestado y embarcarse a Quebec.

Las descripciones de parques, el río, la cocina, pero más que nada de la gente de Quebec que auxilió a Virgilio (u Óscar), rayan en la admiración, están plagadas de palabras bellas que reflejan —que ostentan, más bien dicho— su sentimiento cariñoso hacia la ciudad.

La primera vez que el narrador pasó a la primera persona y en lugar de retratar la acción de Virgilio, suelta el sentimentalismo de Óscar, pensé que era una falla en el relato. Cuando los saltos de una a otra persona se hicieron recurrentes me di cuenta de que es un desafío al lector, lo invita a imaginar, no a leer en forma mecánica.

Diderot más allá del mar es novela, testimonio de amor y enseñanzas. Una contribución a la cultura duranguense; de reclamo, sí, pero también de entusiasta remate optimista. Al final resuelve lo del manuscrito perdido de Diderot, pero si te lo digo ya no disfrutarás su lectura.

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