Despreciable

Que los acosadores son tipos inseguros, salta a la vista. Sólo abusando del poder pueden creerse y pavonearse como don juanes frente a otros machos. Carecen de las mínimas capacidades, cualidades o virtudes como para que alguna chica siquiera lo voltee a ver.

Habla el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: “no podemos seguir permitiendo un país donde niñas y mujeres son violentadas todos los días impunemente. Debemos generar políticas públicas que prevengan esta situación, también debemos ejercer acciones que terminen con la impunidad". La vía pública es el único lugar donde se pueden expresar denuncias de acoso sexual, sin temor a ser revictimizadas. Es imperativo escucharlas.

Como canta Juan Gabriel, “pero, qué necesidad” y seguro, ahora agregaremos, “pero, ¿por qué tanta necedad?”, ya que no modificarán ni un ápice la pésima decisión, a menos que suceda que Panamá se niegue recibirlo. ¿Por qué nombrar a un fulano sin la menor gracia, sin ningún mérito en el quehacer diplomático y con el agravante de ser un acosador sexual? ¿Qué nos hizo Panamá para merecer esta afrenta?

Que los acosadores son tipos inseguros, salta a la vista. Sólo abusando del poder pueden creerse y pavonearse como don juanes frente a otros machos. Carecen de las mínimas capacidades, cualidades o virtudes como para que alguna chica siquiera lo voltee a ver. Son, como dirían las abuelas, de dar lástima. Pero hacen daño, usan la crueldad para sentirse ¿superiores? Despreciables.

Sobre el “candidato a embajador”. Dicen que para ser una buena o un buen diplomático, son indispensables el buen trato (reprobado); la capacidad de valorar situaciones antes de hablar o de actuar (reprobado), tomar el mejor camino para solucionar conflictos (reprobado). Este sujeto, cuando el conflicto lo rebasa, huye. Cobarde. ¿Quién cree que un tipo así pueda hacer algo en bien de la relación con este pequeño y bello país, Panamá?

Podemos imaginar su encuentro diario con el espejo, murmurando con rabia, los versos de Luis Gallego: “Frente una copa de vino/ Yo me río de mí/ Me da una pena tan grande/ Que me tengo que reír/ Y me he dicho para mí/ Con este tipo y sin dinero/ ¿Quién me va a querer a mí?” Él, que seguro quisiera ser¡el galán de los galanes! Pero, lamentablemente, sólo es un acosador.

Preocupante, muy preocupante que un sujeto tan negativo represente a nuestro Estado. Y más, cuando se sabe que el puesto conlleva privilegios e inmunidades. Se sentirá aún más protegido. Pero Panamá es el país que en 1923 creó un Partido Nacional Feminista y en 1924, la Escuela de Cultura Feminista. O sea, tiene larga tradición en la defensa de los derechos de las mujeres y, seguro, las panameñas estarán pendientes y no le dejarán pasar una.

Tienen la Ley 7, cuyo objeto es “prevenir, prohibir y sancionar actos discriminatorios y de violencia que atenten contra la honra, la dignidad, la integridad física y sicológica de las personas”. Y el Decreto 100, que “adopta medidas de prevención contra la violencia hacia las mujeres y reforma el Código Penal para tipificar el feminicidio y sancionar los hechos de violencia contra la mujer”. Pero, tiene y tendrá privilegios e inmunidades. Panamá puede negarse a aceptar este tipo de sujetos.

Premiarlo con un nombramiento que, evidentemente, le queda enorme, no hace más que hacer obvio lo que ya se sabía: en este gobierno, las mujeres no importamos, no contamos. Es decir, un gobierno machista que sólo abona a la impunidad y a la violencia. La supuesta transformación ha quedado en mentirijillas. Nos está saliendo muy costosa. Y Panamá puede hacer la diferencia, aunque habrá presiones. Sería una gran lección.

Audre Lorde recuerda: “Tiene tantas raíces el árbol de la rabia/ que a veces las ramas se quiebran/ antes de dar frutos”. A no dudar, las mujeres acosadas por el tipo han recuperado su voz y no dejarán de alzarla, aunque parezca que nada cambia. Ya cambió, al menos, la fama del señor. Y no hay que desesperar, la justicia tarda, pero llega. “Hasta que la dignidad se vuelva costumbre”. #NoSeMataLaVerdad

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