Justo al cumplirse dos años de la aún inexplicada acción que abdujo al Mayo Zambada y a Joaquín Guzmán López y los entregó a las autoridades de Estados Unidos, el embajador de entonces, Ken Salazar, publicará un libro con, cuando menos, un par de afirmaciones muy duras sobre aquellos hechos y tiempos. Escribe Salazar en La frontera que “era bien sabido que los poderosos cárteles criminales transnacionales mexicanos habían comprometido a muchos funcionarios del gobierno”. Y, con base en el testimonio de un empresario supuestamente íntimo de López Obrador, afirma que el entonces Presidente de la República “está muy preocupado por la información que Estados Unidos pueda obtener del Mayo”. Cabría esperar por respuesta una descalificación tajante del oficialismo y de la 4T. Pero creo que esas negativas son cada vez menos verosímiles y suficientes. El libro y las circunstancias vuelven a darle una oportunidad a López Obrador para salir de su escondite. Dos años parece un plazo razonable para comenzar a despejar esas incógnitas, vigentes. Algunos lopezobradoristas de cepa están señalados por Washington y ahora el exembajador, el examigo Ken desvela que los cárteles “habían comprometido a muchos funcionarios de su gobierno”, un gobierno en el que nada se movía sin que el Presidente lo supiera.
