A Cuauhtémoc Blanco ni a comer un helado

En la intemperie del 8M, pregunté a los productores de la televisora donde él colaboraba si aún existía la posibilidad de sumar a Cuauhtémoc Blanco al equipo de comentaristas del Mundial. La respuesta fue una frase redonda: “No planeamos invitar a Cuauhtémoc ni a comer un helado”. El aire despectivo de la contestación refuerza lo dicho aquí en marzo del año pasado, cuando el exfutbolista, hoy diputado federal de la 4T, salvó el desafuero gracias al escudo que le tendieron sus compañeros, y compañeras, frente a la acusación de una mujer que asegura haber sido agredida sexualmente por él. Dije que Cuauhtémoc tenía una salida para intentar seguir viviendo: someterse a la autoridad, renunciar al fuero y jugársela en la cancha legal. No lo hizo. Prefirió refugiarse en la impunidad. Y así vive: convertido en símbolo de oprobio, extraviado en el vacío. No quiso asumir lo obvio: esas acusaciones no se disuelven en el olvido. El jueves lo vi anunciar que participa en un equipo 4T que prepara una iniciativa sobre difamación y acusaciones falsas. Sí, el mismo ídolo bravucón que no se atrevió a rifarse su honor, ahora maniobra para que el gran público lo absuelva por ser víctima de una mujer. Se entiende por qué en tantos lugares no lo quieran invitar ni a comer un helado.