¿Centralismo vs. federalismo?
En un mundo que se descentraliza a pasos agigantados, no por las “ideologías”,sino por las nuevas “tecnologías”, sería una enorme contradicción desvirtuarla transformación que vivimos.
Por una #SociedadHorizontal
Se ha vuelto lugar común escuchar en las mañaneras del presidente López Obrador la expresión “conservadores", como un adjetivo para denostar a quienes no coinciden con él. Esta expresión ha sido utilizada por el mandatario para criticar tanto a periodistas como a empresarios, a políticos o líderes de opinión. Por otro lado, los “liberales", encabezados por él, son quienes, acompañados por el “pueblo bueno", encabezan una cruzada por lograr la autodenominada “Cuarta Transformación". La narrativa presidencial ha desdeñado el rigor propio de la ciencia histórica para dar soporte a una historieta simplista de “buenos contra malos".
Sin embargo, hay dos hechos políticos recientes de gran profundidad que, necesariamente, recuerdan las viejas discusiones del siglo XIX tan decididamente recurridas por AMLO. Más que un debate entre conservadores y liberales, la vigencia del debate entre “centralistas y federalistas” cobró vigencia a lo largo del mes de abril, tanto por el surgimiento de voces de descontento al interior de la República como debido a acciones del titular del Ejecutivo federal.
Por un lado, cuatro gobernadores del país —Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y Jalisco— manifestaron su molestia por lo que denominaron “mal trato” por parte de la Federación. Los mandatarios estatales han planteado la necesidad de revisar el Pacto Fiscal del país y hacer modificaciones a la Ley de Coordinación Fiscal, con el fin de que las entidades que más aportan a la economía nacional “reciban un trato justo”. Por otro lado, la polémica generada por la iniciativa del Presidente, en la cual busca concentrar facultades presupuestarias por motivos de “crisis sanitaria o económica”, mismas que, hasta el día de hoy, están conferidas para el Poder Legislativo, particularmente para la Cámara de Diputados.
No es la primera vez que a este gobierno federal se le critica por buscar centralizar el poder y de pretender “relanzar” el viejo presidencialismo mexicano. Ya lo vivimos en materia de seguridad y de salud.
Con la creación de la Guardia Nacional, el Presidente decidió que, para acabar con la inseguridad imperante en el país, los recursos y las capacidades se concentrarían en el gobierno federal, en lugar de enviarle mayor presupuesto a las entidades federativas y a los municipios para combatir este flagelo. En segundo término, con la decisión de crear el Insabi y acabar con el Seguro Popular, la decisión estructural nuevamente fue concentrar las decisiones y las acciones de la política pública sanitaria en el Presidente, a costa de las capacidades que ya se venían desarrollando en los gobiernos estatales.
El tercer episodio de esta centralización fue precisamente la intención de concentrar capacidades presupuestales, en un escenario que va contra dicha corriente, pues integrantes del pacto federal empiezan a exigir una mayor y mejor distribución del poder económico.
En un mundo que se descentraliza a pasos agigantados, no por las “ideologías”, sino por las nuevas “tecnologías”, sería una enorme contradicción desvirtuar la transformación que vivimos. Hoy, las personas están radicalmente más interconectadas, se informan, se comunican y se organizan sin necesidad de que el gobierno intervenga. Por lo que la propuesta de concentrar decisiones presupuestales en el Presidente no sólo violenta el espíritu de la división de poderes, sino que va a contracorriente de la evolución social “descentralizada” que hoy exige que la toma de decisiones sea muchísimo más cercana y con la gente.
Se comete un grave error al “olvidar” que el resultado del pasado 2 de julio de 2018 fue motivado por un conjunto de fuerzas “descentralizadas”, compuestas por miles de microcélulas en toda la República, que exigieron un cambio. Esa exigencia no fue que un solo personaje concentrara todo el poder —económico, político y social—, pues es de esa realidad de la que llevamos ya varios lustros tratando de salir.
Mientras más busca concentrar poder, el Presidente se aleja más de la esencia que le dio origen a su triunfo. Hoy, las voces de los gobernadores de los estados dejan ver que, en lugar de centralización, lo que se requiere es descentralizar más el poder y que éste involucre cada vez más a la sociedad.
En el desafortunado caso de que el Presidente decida continuar por esa ruta, la #SociedadHorizontal que estamos construyendo tendrá que reconducir el proceso de transformación que ya ha iniciado.
