COMO ANTES
¿Qué piensa usted, también le pasa, como a muchos, que sentimos que “ya no dormimos como antes”?
R. Así es, porque, en efecto, ya no dormimos como antes. No es nostalgia: es biología mezclada con modernidad. El sueño depende de ritmos que se regulan con luz, temperatura y rutinas estables. Y hoy vivimos rodeados de pantallas que iluminan como quirófanos, horarios que cambian cada semana y notificaciones que compiten con la melatonina.
Además, el estrés moderno es distinto: no es un león persiguiéndonos, sino un correo a las 11 p.m., una deuda pendiente o la sensación de que siempre falta algo. El cerebro no entiende la diferencia y mantiene el cuerpo en “modo alerta”. Dormir así es como intentar estacionar un coche con el freno de mano puesto.
A esto se suma la epidemia de “sueño fragmentado”: despertamos sin darnos cuenta por ruido, luz, temperatura o ansiedad. Y claro, luego culpamos a la edad, cuando muchas veces es el estilo de vida.
La ironía es que buscamos soluciones sofisticadas —apps, relojes, suplementos con nombres de galaxias— cuando lo que funciona es casi aburrido: menos pantallas, horarios fijos, cenas ligeras y un dormitorio que parezca cueva prehistórica. Dormir bien no es un lujo moderno: es volver a lo básico.
DESCUBRIMIENTO REVOLUCIONARIO
¿Por qué cada semana parece haber un “nuevo descubrimiento científico revolucionario”?
R. Esto se debe a que vivimos en la era del titular exagerado. La ciencia avanza, pero no al ritmo que prometen los encabezados que anuncian “la cura definitiva”, “la energía infinita” o “el fin del envejecimiento” cada martes. La mayoría de esos descubrimientos son estudios preliminares, pruebas en ratones o simulaciones por computadora que están a años, o décadas, de convertirse en realidad.
Además, la competencia por atención es feroz: universidades, laboratorios y revistas científicas necesitan visibilidad para obtener fondos. Y nada atrae más clics que un titular que suena a ciencia ficción. Así, un avance modesto se convierte en “revolución”, y un hallazgo interesante se vende como “cambio de paradigma”.
La ironía es que los verdaderos avances, los que sí transforman la vida cotidiana, suelen llegar sin fanfarria: vacunas de nueva generación, materiales más seguros, diagnósticos más rápidos, algoritmos que detectan enfermedades antes que un médico. Esos no siempre salen en portada.
El lector informado aprende a distinguir: si el estudio es pequeño, si sólo se probó en animales, si falta replicación o si la nota suena demasiado perfecta, probablemente es humo. La ciencia real es lenta, rigurosa y, a veces, gloriosamente aburrida. Pero cuando llega un avance verdadero, cambia el mundo.
LOS CALCETINES
Seguido veo que me quedan las marcas de los calcetines en las piernas, ¿es síntoma de alguna enfermedad?
R. Cuando las medias o calcetines dejan marcas en las piernas, después de usarlos todo el día, en la mayoría de los casos no es motivo de preocupación. Esto sucede porque la prenda ejerce una ligera presión sobre la piel y los tejidos blandos, lo que puede dejar una huella temporal, especialmente si el elástico es ajustado o si hay algo de hinchazón natural por permanecer mucho tiempo sentado o de pie.
Sin embargo, si las marcas son profundas, dolorosas o acompañadas de otros síntomas como hinchazón persistente, enrojecimiento o sensación de pesadez, puede ser señal de un problema circulatorio o retención de líquidos. En esos casos, conviene consultar con un médico, ya que podría estar relacionado con insuficiencia venosa, problemas renales o cardiacos.
Para prevenirlo, se recomienda usar calcetines más cómodos, elevar las piernas de vez en cuando y mantenerse bien hidratado durante el día.
