Juan Gabriel, pero qué necesidad

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

*El heredero de El Divo se ha distinguido por volver enemigos a los aliados, perseguir a quienes buscan promover el legado y arrastrar juicios por años.

Bienvenidos sean, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Un amigo muy querido ha dicho al aire una frase que, desde que la escuché, me cimbró el corazón: “Infancia es destino”. Qué sabias palabras. A lo largo de mi trayectoria profesional, Juan Gabriel ha sido una fuente inagotable de información, investigación y crítica.

Obviamente, la importancia de su legado, la controversia que siempre lo rodeó y el misterio de su muerte generan notas “resultonas”; es decir, que dan rating y llaman la atención del público.

Juan Gabriel marcó mi niñez en dos momentos grises. Mi papá se iba por largas temporadas, meses incluso; yo era muy chica para entender por qué, y menos para que me explicaran. Los pleitos de los adultos no son asunto de niños, pero son esos corazoncitos los que resienten, inevitablemente, el dolor. Recuerdo que la carita triste de mamá se asomaba cada vez menos a la sala; aprendí a no hacer ruido y a preparar el famoso instant ramen. Mi preocupación esa mañana del 21 de marzo era cómo alegrarla. Era su cumpleaños. Con siete años y sin un peso, preparé pan quemado (sólo lo quería tostar) y café. Recorté corazones de papel y amenicé mi entrada triunfal a su recámara poniendo un disco de acetato de Juanga a todo volumen:

“En esta primavera será mi regalo/ un ramo de roooo-ooooo-ooosas/ te llevaré a la playa, te besaré en el mar/ y muchas otras cosas más”.

Mi mamá reaccionó emocionada, pero lamentablemente era yo y no mi papá quien la despertaba. Vi la desilusión en sus ojos, cómo ella volvió a la cama y la casa al silencio.

Sintiendo muchas cosas que no sabía cómo gestionar, me salí al parque a tontear un rato. El cielo y mi ánimo estaban igual de nublados, pero una sorpresa me aguardaba: era una bolsa de mezclilla olvidada en una banca. Adentro estaba lo que significó mi tesoro más preciado por años: una bolsa de chicles Motita sabor plátano, una caja de marcadores de agua en tonos “fosfo” y un casete de Juan Gabriel nuevecito. Caray, La farsante, Yo me voy... todos esos éxitos eran míos. Fue mi primer casete y mi gran compañía. Juanga no alegró a mi mamá, pero sí me consoló a mí.

Dicho esto, admito que tod@s tenemos una o muchas historias personales en las que El Divo resuena. Ser periodista de espectáculos me da el privilegio de ahondar en sus historias.

Hace unos días leí una publicación de Moisés Casab, colega periodista, donde anunciaba que la demanda de 2017 por despido injustificado de tres extrabajadores de El Divo se retomaba luego de años de pausa. Los músicos habían demandado a Juan Gabriel tiempo atrás. Al morir éste, reformularon la demanda responsabilizando a la sucesión, es decir, a Iván Aguilera. En su momento se dijo que Iván había ganado ese juicio, pero ahora resulta que habían hecho “perdedizo” el expediente por más de nueve años. ¿En serio? ¿Nueve años? Pues parece que así fue.

Me llama la atención que el abogado regiomontano de apellido Martínez Reyna representa ahora a los músicos, siendo que, en vida de Juanga, era él quien defendía los intereses del cantautor. Repito: me llama la atención, pero no me sorprende. A uno o dos años de morir El Divo, Andrés Martínez Reyna declaró que Iván le debía poco más de ocho millones de pesos por sus honorarios y que nomás no lograba que el heredero “se cayera con su lana”. Otro al que dejan sin cobrar.

Me alegra que los músicos retomen el juicio, expongan a quien “traspapeló” el expediente y cobren lo justo, con todo e intereses. También estaría bueno que dejaran fuera a Eugenio Martínez; él aparece como demandado en su calidad de apoderado de Juan Gabriel, pero, al igual que el abogado Martínez Reyna, la posición de Eugenio cambió cuando Iván lo demandó por el predio de Parácuaro, Michoacán.

¿Se dan cuenta del giro de tuerca en esta telenovela?

* Guillermo Pous fue abogado y albacea; ahora demanda a Iván por pago de honorarios.

* Andrés Martínez Reyna era abogado de Juanga; ahora defiende a los músicos que demandan a Iván.

* Eugenio Martínez era apoderado de Juan Gabriel; después fue demandado por Iván y recientemente perdió el juicio por el predio de Parácuaro.

Y, lo que no saben: los abogados que ganaron el juicio a Eugenio Martínez ahora podrían demandar a Iván Aguilera porque... ¿qué creen? ¡Adivinaron! También les debe una fortuna en pago de honorarios.

Lo que se hereda no se hurta. Iván Aguilera aprendió muy bien esa maña de no pagar, pero en esta odisea de recuperar bienes, evadir deudas y volver enemigos a los aliados, creo que se pinta solo.

El próximo 23 de enero por fin es el estreno al público de Ni tú ni yo, otro proyecto boicoteado por el heredero del Divo.

Ojalá deje en paz a quienes sí buscan extender el legado y finiquite todos los asuntos arrastrados por años por su desidia y avaricia.

Al final, y a pesar de su heredero, Juan Gabriel es ese desahogo, coqueteo, despecho, declaración de amor, serenata o consuelo que a cada quien le resuena en sus ayeres, ya sea entre lágrimas, besos o una bolsa de mezclilla.

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