Mi amigo Alonso
Lujambio deja inconclusa una obra de enorme utilidad: la biografía de Adolfo Christlieb Ibarrola.

Juan José Rodríguez Prats
Política de principios
A Tere y a sus hijos Íñigo, Tomás y Sebastián
Me duele la muerte de mi amigo y seguramente duele a todos la muerte de un hombre valioso. El PAN pierde a un hombre de principios y de actitudes firmes. Se suma al vacío dejado por Carlos Castillo Peraza y por Carlos María Abascal, entre otros. Hombres conocedores de la doctrina panista y con mística de servicio. Los tres nos dejan un enorme legado, a pesar de haber partido en la plenitud de su vida.
Alonso Lujambio era el más idóneo para ser candidato panista a la Presidencia de la República. Después de su declinación, sostuvimos una larga charla en la cual percibí su dolor y su frustración por no llegar al final de la contienda. No entramos en detalles, era obvio que no quería abordar el tema y que estaba sujeto a fuertes presiones. Poco tiempo después, me invitó a festejar, en su hogar, su cumpleaños 49. Un enorme privilegio. Alonso habló sobre un tema complejo y polémico: la amistad y la política. Concluyó formulando deseos de permanecer unidos y seguir dando la batalla en la trinchera panista. A las pocas semanas, nos enteramos de su enfermedad.
Alonso deja inconclusa una obra de enorme utilidad: la biografía de Adolfo Christlieb Ibarrola. Compartió conmigo el primer capítulo, resultado de una exhaustiva investigación, escrito con pasión y talento. Ya tenía un ensayo denominado El Dilema de Christlieb, donde aborda un tema crucial: si el PAN, como partido de oposición, debe negociar con el gobierno y bajo qué condiciones. Christlieb lo hizo hacia el final del gobierno de López Mateos; el resultado fueron las reformas que crearon los diputados de partido y que culminarían con la transición democrática.
Lujambio estudió a fondo la personalidad de Christlieb en cuyo periodo el PAN alcanzó el mismo número de triunfos electorales (18) que en todo su pasado. Después de ganar Hermosillo y Mérida, vino el fraude electoral de 1969 en Yucatán. Christlieb muere con cierto sabor amargo por haber confiado en sus interlocutores en el poder. Lujambio clasifica a los políticos: 1) quienes no tienen principios y duermen a pierna suelta; 2) quienes no los confrontan con la realidad y por tanto también logran conciliar el sueño; 3) quienes al final del día intentan conciliar el sueño, mientras confrontan sus decisiones con sus principios en un afán permanente de autocrítica y con el fin de mejorar, y ser siempre congruentes. Christlieb es de estos últimos.
Con esta última actitud Lujambio asumió su desempeño profesional. Hijo de fundador panista, estudió nuestro sistema político focalizando su análisis en el PAN y en el Poder Legislativo. Sus estudios en estos temas mucho ayudan para hacer más eficiente a nuestro Congreso. Propuso y defendió en todos los foros la necesidad de la reelección legislativa, para hacer más eficaz y más responsable el trabajo del representante. Mucho se podría hablar de su obra y de su desempeño como académico y en los diversos cargos ocupados. La misma actitud y la misma congruencia: asumiendo deberes.
Como precandidato, una idea de absoluta vigencia estuvo clara en su posicionamiento: la civilidad, reconociéndole al PAN esta aportación. Dos términos de origen similar, polis y civitas, han tenido una evolución diferente y a veces contrastante. La lucha por el poder en una democracia debe ser civilizada y ello implica una cultura política con valores: tolerancia, vida plural, transparencia, rendición de cuentas, respeto a la verdad, al contrario, a la ley, asumiendo sus consecuencias. Estos valores fueron machaconamente sustentados en todas sus intervenciones y son la mejor recomendación en los próximos meses.
Hay hombres que cuando uno se acerca se ven pequeños, hay otros que en la lejanía manifiestan su grandeza. Lujambio es de ésos.