José E. Iturriaga Sauco. A cien años de su natalicio

Este 19 de febrero se cumple un año de que falleció Don Pepe Iturriaga, quien el próximo 12 de abril del presente año cumpliría cien años de vida. Cuando un ser humano cumple cien años, con frecuencia nos preguntamos, si fue un castigo o un premio, y yo como su ...

Este 19 de febrero se cumple un año de que falleció Don Pepe Iturriaga, quien el próximo 12 de abril del presente año cumpliría cien años de vida.

Cuando un ser humano cumple cien años, con frecuencia nos preguntamos, si fue un castigo o un premio, y yo como su médico, soy testigo del deseo que me expresó en repetidas ocasiones: “Pepe Luis ayúdame a vivir cien años, tengo mucho que leer y escribir, hermanito”. Así hablaba Don Pepe, personaje de la literatura, de la historia, de la academia y del mejor de los ejemplos por su sencillez, su profunda mexicanidad y nítida honorabilidad.

Los que no lo conocieron mucho deben saber que don Pepe sufrió la ruptura de su familia a los 7 años de edad y quizá este lamentable hecho provocó en él la fuerza suficiente para ser un gran luchador, esforzado, estudioso, humilde, leal y acomedido al amor, al romanticismo. Fue un hombre con alma de niño (José Campillo Sainz).

Cómo no reconocer su carácter y valía si desde el despertar demostró una gran curiosidad intelectual y fue gran trabajador, ya que pronto ingresó como aprendiz y medio oficial en talleres y fábricas llegando a ser romanero y abaniquero en una mina de carbón de piedra en Palau, Coahuila, en esa época perdió un dedo de la mano, en un torno para poder salir adelante. Por ello trabajó y estudió de los 7 a los 14 años. Se interesó en la carrera de Derecho y fue oyente en diversas materias (Sociología con Don Mariano Alcocer, Derecho Romano con Don Respicio Tirado y Derecho Constitucional con Don Manuel Herrera y Lasso).

Después estudió como oyente toda la carrera de Filosofía y Letras en la UNAM y llegó a ser alumno brillante de maestros refugiados españoles, tales como José Gaos, Eduardo Nicol, Manuel Pedrero, Luis Recasens Siehes, Pedro Bosch Gimpera, Don Joaquín Xirau y Eugenio Imaz. Siempre vivió reconociendo la valía de sus docentes.

Como pueden observar, pareciera que la adversidad fue el motor para que Don Pepe triunfara en sus logros como funcionario honesto, escritor, filósofo, académico, investigador, amigo y ya que con los años llegó a ser miembro fundador de Nacional Financiera llegando a ser Director Adjunto. Llegó a ser asesor de cuatro presidentes mexicanos: Ruiz Cortines, López Mateos, Díaz Ordaz y López Portillo.

Él, como todos los que lo conocimos, nunca utilizó su cercanía con los hombres más poderosos para lucrar en beneficio propio. Don Pepe fue hasta el final varón honorable y digno ejemplo para propios y extraños, en otras palabras ejemplo para los mexicanos.

Incursionó en el mundo diplomático siendo embajador itinerante llevando en 1961 la representación de México, con Don Alejandro Carrillo Marcor y Leopoldo Zea un saludo de buena voluntad a Egipto, Libia, Túnez, Marruecos, Malí, Senegal, Guinea Francesa y Ghana, Nigeria, Costa de Marfil, Sudán y Etiopía. Dichas colonias que en esa época dejaron de serlo y Don Pepe fue testigo presencial de ese gran cambio.

Trabajó en la ONU como embajador ante la tercera comisión en el otoño de 1961. También fue embajador de la entonces Unión Soviética y embajador en Portugal.

Don Pepe en las épocas del presidente López Mateos, ideó la iniciativa de rescatar todos los edificios coloniales del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Este proyecto que no fue apoyado por algunas autoridades, seguramente hubiera detonado una especie de “Florencia de las Américas” al conjuntar centros culturales, teatros, librerías, hoteles, mesones y otros negocios autofinanciables y ligados a la gran cultura y al turismo interno y externo. Seguramente hubiera sido un motor económico notable y único en el continente americano. Dicho proyecto fue resucitado hace pocos años y se nombró a Don Pepe, el Presidente Honorario del Rescate del Centro Histórico el 14 de agosto de 2001, hecho que lo enorgulleció y reconcilió con la indiferencia en el pasado al valor real de nuestro Centro Histórico, joya mutilada, pero aún rescatable.

Don Pepe perteneció a las sociedades culturales de mayor relevancia en México, como Colegios, Academias, recibiendo múltiples premios incluyendo la Medalla Belisario Domínguez en el Senado de la República en octubre de 2001. Ese día lo acompañamos muchos amigos que emocionados vimos cómo el Presidente de la República lo premió con esa gran distinción que le otorgó el Senado de la República en forma unánime.

Confieso que ese día por la emoción, no logramos contener lágrimas de alegría al ver a Don Pepe muy feliz y muy merecidamente reconocido a nivel nacional.

Yo podría hacer referencias de muchos y múltiples logros académicos, como filósofo, como investigador, como funcionario, pero creo que hablar del ser humano será igual o más interesante que seguir relatando su currículum.

Don Pepe, personaje inolvidable por su calidad humana, jamás sufrió de ese fenómeno que vemos con frecuencia en algunos eruditos o triunfadores, Don Pepe no sufrió de arrogancia, al contrario, se distinguió por su humildad digna, por su timidez superada por su sabiduría, por su amor al amor. Fue un devoto de la mujer, admiró siempre a la mujer y amó profundamente lo que ella representa en la vida del hombre, totalmente romántico ejercía su calidad de varón siempre, y yo fui testigo presencial, cuando en la época que Don Pepe decidió irse a Coatepec, Veracruz, a seguir su vida, por entonces, tenía el gran temor de que su actual esposa Reyna,no lo siguiera en ese camino, ya que ella temía que su hijo Erick perdiera la continuidad escolar. Ella no se imaginaba el impacto humano y cultural que permitió a Erick hoy ser un digno profesionista.

En esos días yo estando también solo, le organicé una comida, en el lugar preferido de Don Pepe para comer langostinos y costillas de cordero, e invité a Don Pepe y a Doña Reyna y a los hijos de mi primer matrimonio que ya eran unos jóvenes universitarios y que querían conocerlo: Claudia, Adriana y José Luis. En una mesa larga estaban sentados en las cabeceras, Don Pepe y Doña Reyna y la flanqueábamos mis hijos y yo. Don Pepe con su hipoacusia hablaba en voz alta, y ello pronto cautivó a todos los comensales del restaurante, en esa época recién se había elegido al presidente Zedillo y todos en México sufríamos la crisis del “error de diciembre”. Pronto los parroquianos fueron haciéndole preguntas y comentarios a Don Pepe. Él analizó con cuidado y verdad, la realidad política y económica del país. No hizo ataque alguno a nadie pero puso cada cosa en su lugar, cautivó a todos los presentes, incluyendo a mis hijos y pronto un parroquiano con acento español lo propuso para la Presidencia de la República y Don Pepe se sonrojó y se sonrió y le dijo: “Gracias camarada, a mí nunca me han gustado las candilejas”, mi trinchera es otra.

Casi al final de la comida. Don Pepe en voz baja me confió que Reyna tenía dudas en acompañarlo a Coatepec. Y como si estuviéramos en un escenario de repente en un momento de silencio Don Pepe levantó aún más la voz y le dijo a Reyna: “Reyna, amor de mi vida, si durante estos años hemos ido llenando día a día nuestra alcancía del amor, te suplico no renunciar a este nuevo camino, acompáñame a Coatepec, y te prometo cuidarte con todo mi amor y todos los libros y trabajos que haga serán dedicados a ti mi Reyna”.

En ese momento mis hijos, los comensales y yo echamos porras a Reyna y a Don Pepe y estimulamos a Reyna a que lo acompañara.

Al final Reyna sonrojada, ya que un gran varón como Don Pepe, en forma pública y abierta, le pidió, le rogó que le acompañara en esa tan importante decisión en su vida. Afortunadamente Pepe se pudo ir a Coatepec con Reyna y se instaló en una casa muy digna y en donde construyó una biblioteca que hasta la fecha impacta por la cantidad de volúmenes, siendo notorio que todo un muro de la biblioteca tiene un librero enorme con cientos de obras de gran calidad literaria, y cuyos autores autografiaron y dedicaron en sus días a Don Pepe. Esa biblioteca fue el taller de trabajo como historiador, filósofo, humanista, escritor (su obra es fecunda e inspiradora, hoy referencia para muchos jóvenes).

Don Pepe siempre nos llevaba a conversar a su biblioteca después de la comida y siempre hacia referencia a alguna situación cultural de alta valía y sus charlas eran verdaderas cátedras de cualquier tema, geografía, etnología, historia, política, filosofía, cocina y obviamente conocía la naturaleza humana con enorme profundidad ya que nunca lo escuché hablar mal de nadie, sólo en forma sutil y elegante ponderaba lo positivo de cada quien y se preguntaba como con curiosidad objetiva los yerros de otros personajes.

En alguna ocasión fue invitado por un amigo de Don Pepe a una comida en donde él acudió con su esposa Reyna y departió con personajes  como el rey Juan Carlos de España y Don Felipe González y otras personalidades; de buena fuente sabemos que cautivó al monarca español, al expresar Don Pepe, aspectos de la historia española que conmovieron e impresionaron a todos los presentes. Él en esa comida representó a todos los mexicanos con enorme calidad.

El anfitrión, un hombre muy exitoso, seguramente gozó con esa comida y estoy seguro que nunca la ha olvidado. Me refiero al ingeniero Carlos Slim.

Don Pepe era un notable chef, con enorme sencillez preparaba la sopa de fideos con caldo de 40 alones de pollo, que era irresistible, siempre se repetían por lo menos don platos, su desparpajo para preparar filetes con ensalada y un postre de chocolate que aprendimos a hacer y hemos replicado en nuestras mejores ocasiones.

Don Pepe nos contagiaba su amor a la vida. “Pepe Luis, quiero vivir cien años, ayúdeme” y efectivamente Don Pepe vivirá cien años y más, mucho más. Él ya es ciertamente inolvidable, inmortal.

Vale la pena recordar que fue amigo entrañable de Octavio Paz, Fernando Benítez y muchos sabios a los que él siempre admiró. A Don Pepe no le gustaban las candilejas.

Pero será recordado siempre como un ejemplo para sus amigos y para todos los mexicanos.

                                                        jibarrola@hotmail.com  

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