C. M. No Récord

“C. M. por candidatos muertos, por campesinos muertos, por ciudadanos muertos; por tanta mierda colombiana que les preocupa a los músicos que transcurren en la novela. No récord porque se trata de una experiencia de la que no queda registro. Juntos porque así hacen ...

“C. M. por candidatos muertos, por campesinos muertos, por ciudadanos muertos; por tanta mierda colombiana que les preocupa a los músicos que transcurren en la novela. No récord porque se trata de una experiencia de la que no queda registro. Juntos porque así hacen más sonido que sentido.”

Es la respuesta de Juan Álvarez (Neiva, Colombia, 1978) cuando le preguntan sobre el título de su primera novela, la cual me regaló él mismo en la pasada FIL, allá en Guadalajara. Apenas la leí, ahora en las vacaciones de fin de año. No pude platicar con Juan en la cena en que coincidimos. BEF lo llevó a dicha cena después de la presentación de mi libro Crocknicas Marcianas. La mesa era larga y las conversaciones se cruzaban. Hubiera sido imposible desarrollar una plática comunal. De haber leído su novela antes de conocerlo en persona, me hubiera sentado a su lado para acribillarlo con preguntas y que me respondiera lo más preciso posible. Claro, con esto estoy diciendo que su libro me gustó, y mucho.

La novela comienza presentando los personajes de manera tan aislada que da la impresión de que éstos nunca se van a encontrar. Lucas es un bajista que vive de dar clases a chavitos y que toca en una especie de casa de la cultura con su amigo baterista Pac, para raperos en ciernes; entre ellos está aquel pendenciero apodado El Chopo. Daniel es un pianista de formación clásica que trabaja de ayudante en un estudio de grabación. Vicente nos cuenta en primera persona cómo va descubriendo la movida bogotana de mediados de los 90 y de refilón nos habla de un compañero del coro de su escuela, Tomás. Todos vienen de estratos sociales diferentes, tienen edades diferentes, pero terminan armando un grupo al que bautizan C. M. (Candidatos Muertos).

La voz del narrador cambia dependiendo el personaje al que vamos siguiendo, de esa forma Juan Álvarez nos da su visión de lo que fue Bogotá, en términos musicales y sociales, durante la década de los años 90.

La vida de los músicos está tan bien retratada que asusta: la pasión por la música rock, por grupos nuevos y antiguos; los ensayos y las bromas infantiles que ahí se generan; la búsqueda de tu media naranja musical; la convivencia entre bandas; la rivalidad por la misma mujer de dos integrantes del mismo grupo; la voracidad de las disqueras (cuando tenían dinero para el rock) buscando nuevas bandas; las diferencias entre un músico de formación clásica y un roquero; las borracheras una noche antes de la presentación más importante de tu banda; los nervios de la primera tocada y cómo después de ésta tus amigos comienzan a percibirte de manera diferente.

En fin, son tantos los datos que Juan tiene de la vida de un grupo de rock en sus inicios que parece que él fue parte de uno. Pero por más que busco y busco en internet, no encuentro el dato que me confirme esto o que lo desmienta. Es por eso que en mi cronología de vida hubiera preferido tener este libro antes de sentarme a la mesa con Juan Álvarez.

Supongo que habrá otros encuentros. El man (así dicen en Colombia) está, como quien dice, comenzando. Estoy seguro que a esta primera novela seguirán otras igual de buenas. Además, comienza con el pie derecho. La razón por la que se encontraba en la FIL era porque fue elegido con otros 24 autores como “los 25 secretos mejores guardados de América Latina”, escritores a los que debemos echarles una ojeada (u hojeada) y seguirles la pista. 

Aunque la novela sucede en Colombia, aparecemos mencionados dos grupos mexicanos: La Maldita Vecindad y Café Tacvba. Los Malditos son los grandes triunfadores de un Rock al Parque (especie de Vive Latino, pero gratis). Nosotros aparecemos en una prueba de sonido en un antro cantando Labios jaguar. Hasta nuestro mánager sale por ahí, escondido en las sombras a un lado del escenario.

Es por eso que Juan me puso esto en la dedicatoria que escribió en la primera página de su libro: “para quién, sino para Joselo Rangel, esperanzado de que su encuentro en la página 124 lo divierta; y que esta historia de una generación le resuene”.

Me resuena, y mucho. Tanto, que creo que son más las similitudes entre los músicos de rock colombiano y el mexicano que las diferencias.

C. M. No récord esta editado en Alfaguara Colombia. Espero que Alfaguara México lo esté moviendo por acá.

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