¿Veremos aquí, en julio de 2012, otra España? Si todo es constante, téngalo por seguro
Como sucede en México, la debacle española tiene causas claras en las limitaciones estructurales de su economía.
Si bien los resultados generales a nadie sorprendieron, la magnitud de la caída del PSOE sí sorprendió a muchos. La falta de oficio político más la incapacidad y reducida inteligencia que exhibió Rodríguez en la gobernación, llevó a aquel partido a una debacle que ni los más pesimistas imaginaron.
Si bien es casi un axioma afirmar que las crisis castigan al gobierno en turno, hay excepciones que caben en ese “casi”. Para no ir muy lejos, tenemos el desempeño de la señora Merkel, quien ha hecho de la crisis un instrumento óptimo —debido a su firmeza y comprensión cabal de la responsabilidad conferida por los electores alemanes— para sacar adelante a su país en medio de la tormenta y poner en claro que los países que “se echaron la cola al hombro” como Grecia, España, Portugal e Italia deberán pagar, con recortes, sacrificios y austeridad espartana en los próximos cinco años —cuando menos—, su regreso a la senda del crecimiento sostenido.
El Estado de bienestar yace hoy —en buena parte de los países que soñaron con esa vía, las más de las veces sueño guajiro antes que realidad económica sostenible— sepultado porque, para decirlo claro y en pocas palabras, la realidad lo alcanzó.
La demagogia disfrazada de preocupación social, voló hecha pedazos ante la imposibilidad de sostener a millones viviendo una ilusión en la cual, medio trabajaban 25 años, y se rascaban el ombligo otros 35.
Rodríguez y el PSOE, esta vez fueron llamados a cuentas; mañana lo serán sus equivalentes en Italia y Portugal y si no se deciden a reformar de manera profunda un enmarañado e insostenible paquete de “beneficios sociales” en el resto de Europa, muchos otros correrán la misma suerte que aquéllos.
Por estos lares, la incapacidad de Rodríguez, su grisura y falta de decisión para enfrentar los problemas y proponer soluciones reales y efectivas las tiene, y de sobra, nuestro Presidente. El parecido de aquél con Calderón en cuanto a esas características, hace parecer a éste gemelo de aquél; además, para ampliar el parecido, contamos en México con amplios grupos sociales que no están dispuestos a cambiar para enfrentar la realidad tal y como sucede en España.
Por lo demás, la debacle española como consecuencia de la crisis que si bien la hizo aflorar una recesión “que empezó en otra parte” —dirían Calderón y los suyos—, tenía y tiene causas claras en las limitaciones estructurales de su economía, tal como sucede también en México.
Con estas similitudes, ¿qué lecciones —si las hubiere—, podríamos sacar de la elección española a pocos meses de la nuestra?
¿Quién será el Pérez mexicano, que la noche de la elección deberá enfrentar la debacle que se le viene encima? ¿Quién dará la cara, ya que el responsable local —al igual que Rodríguez la noche del domingo en Madrid—, preferirá esconderse? ¿Cordero pagará la factura de la frivolidad y las ocurrencias acumuladas estos doce años?
¿Llegará Peña con la misma decisión con la que llega Rajoy a enfrentar la debacle? Si Peña llegare dispuesto —como aquél— a entrarle a los problemas, podríamos decir “ya la hicimos”; en caso contrario, nuestra debacle dejaría chiquita la de España.
Es más, si no manifestare dicha disposición desde ahora, él podría ser el Pérez mexicano y Cordero, el Rajoy región IV.
¿Lo hará? Contra lo que muchos piensan y por el bien del país, creo que sí. ¿Tendrá éxito? Esa pregunta se la dejo a usted; por favor, respóndala.
