Violencia por todos lados

Difícilmente México podrá ser el mismo de hace cinco años, pues ya se tiene al narcotráfico y su violencia como referencia inmediata

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Son muchas las voces que se han expresado en relación con los hechos de los últimos siete días. No es para menos. Éstos, han sido momentos donde el escándalo de la violencia nos deja casi sordos. Un estadio, un casino, una narcofosa más. Contamos los muertos y nos llenamos de miedo. Las autoridades leen el discurso que les escuchamos cada vez en estos casos. Ya es repetitivo, cansado, y ya no tiene un efecto tranquilizador, el motivo por el que es dado.

Muy al contrario, vemos a personajes, políticos y autoridades expresar posiciones encontradas al respecto. Claro, los tiempos electorales en vísperas deberán tener algo que ver en eso pero, sin duda, tanta opinión y tan contraria no hace sino ponernos aún más nerviosos.

Vicente Fox le mandaba un mensaje a Felipe Calderón hace unos días, que coincidía con aquella editorial de Forbes de la semana pasada, la de la dichosa tregua. Una amnistía le llamó el ex Presidente: que dejen peleando a los narcos entre ellos, para que el menos ya no se metan con la sociedad civil. Pensando en lo calentado que están los ánimos, muy difícil sería que eso sucediera así como lo piensa Fox. Y es que, lo escribimos aquí hace unos días, eso sería casi como una rendición, que no garantiza que se volvería a los tiempos previos a esta escalada de violencia. Marcelo Ebrard dijo lo contrario, y así lo escribimos hace una semana.

Muy difícilmente México podrá ser el mismo de hace cinco o seis años, porque ya se tiene al narcotráfico y su violencia como referencia inmediata.

Ayer, cuando en La Herradura un loco perdió la razón y disparó contra un autobús escolar, se pensó de inmediato que se trataba de otro episodio más donde el crimen organizado tomaba las calles como escenario y a la sociedad como rehén. Después supimos que, en realidad, se trató de un hecho aislado, ni fuego cruzado ni narcotraficantes (aunque qué miedo que cualquiera pueda traer un arma), sino un pésimo manejo de los nervios de parte de un loco que, sin más, puso en peligro la vida de los niños a bordo y del conductor del autobús, porque no lo dejaban rebasar, o eso dicen las investigaciones hasta ahora. No se pudo evitar pensar en ello como un hecho cortesía del narcotráfico, cuando hace unos días había aparecido un cuerpo decapitado en Interlomas, al tiempo de la captura del líder de La Mano con Ojos.

Los hechos en el Casino Royale expandieron aún más el espectro del miedo, la frustración y la impotencia. El ruido fue ensordecedor, se llegó a un nuevo nivel de violencia, mucho más invasiva. Si bien los hechos del jueves no fueron los peores que se hayan presentado en nuestro país —pensamos en el episodio de San Fernando, donde murió más gente—, el lugar que hoy ocupa en la memoria colectiva es en razón de su naturaleza y por los episodios similares previos.

Y ya hay avances en la investigación de Casino Royale, salen los primeros cinco nombres y rostros de los responsables. Esa tendría que ser nuestra escalada, la que permita recuperar el poder, sanar ese daño al país, pero con tanta postura encontrada y sin tantos oídos que escuchen, poco podrá lograrse…

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