Es terrorismo, no es la guerra
Los funcionarios del gobierno federal visten de negro. La Bandera ondea a media asta para dar cuenta del inédito luto nacional de tres días decretado por Felipe Calderón. El gabinete de seguridad sostiene reunión de emergencia y procede coordinadamente: todos sus ...

Ivonne Melgar
Retrovisor
Los funcionarios del gobierno federal visten de negro. La Bandera ondea a media asta para dar cuenta del inédito luto nacional de tres días decretado por Felipe Calderón.
El gabinete de seguridad sostiene reunión de emergencia y procede coordinadamente: todos sus integrantes montan guardia de honor en el lugar de la tragedia.
El pleito del gobierno y del PAN contra el dirigente del PRI, Humberto Moreira, por el manejo de la deuda en las entidades que éste gobierna entra en obligada tregua.
La denuncia por falsificación de documentos encabezada por Ernesto Cordero, secretario de Hacienda y precandidato presidencial blanquiazul, contra el ex gobernador de Coahuila, se llena de hollín. El reclamo de las pruebas de honestidad tendrá que esperar.
Porque mientras el fuego regio avanzaba este jueves, en Presidencia diseñaron una respuesta enfocada al cierre de filas con actores políticos relevantes en torno a la estrategia de seguridad. Para tal propósito, Calderón sostuvo una decena de comunicaciones telefónicas: dirigentes de partido, coordinadores parlamentarios, ministros de la Corte, empresarios.
Era entonces imposible dejar de tocar base con el tricolor. Moreira toma aire. Y el duelo sabe a tregua. Los panistas posponen el cónclave en el que seguirían hilvanando este sábado su ruta hacia 2012.
Es el nuevo signo de la disputa electoral en tiempos del terrorismo criminal: a la yugular del adversario político, cuando la agenda de la inseguridad se mantiene estable, es decir, en la veintena de homicidios por día.
Y la solicitud y entrega de la unidad declarativa, cuando la realidad los rebasa a todos por encima de emblemas partidistas, posturas, consignas y prejuicios.
La realidad, sí, una realidad nunca tan crudamente diagnosticada por Calderón como este viernes, en su primer mensaje público con motivo de la tragedia. “Es evidente que no estamos enfrentando a delincuentes comunes. Estamos enfrentando a verdaderos terroristas que han rebasado todos los límites, no sólo de la ley, sino del elemental sentido común y del respeto a la vida”, asumió.
Lo habían negado en varias ocasiones. Cuando algún especialista consideró que el grado de violencia de las bandas rayaba en terrorismo. No es así, reviró el gobierno federal. Lo señaló la Casa Blanca al comparar la fuerza del narco mexicano con Al-Qaeda. Falso, respondieron.
Pero esta vez el miedo a las palabras fue superado por el miedo a secas. “Son homicidas incendiarios y verdaderos terroristas sobre quienes debe caer todo el peso de la ley”, señaló un Calderón obviamente preocupado por lo que él mismo define como “el más grave atentado contra la población civil inocente que haya visto el país en mucho tiempo”.
Sí, preocupado además, y cómo no, por la asignación de responsabilidades en una coyuntura en la que aquel “¡No más sangre!” en contra de la política de seguridad sexenal y particularmente “en contra del espurio”, se transformó en un movimiento a favor de las víctimas.
Y es que al margen de las visiones extremistas e ideológicamente interesadas, y del jaloneo mediático entre el gobierno y sus impugnadores, hay en Javier Sicilia, acompañantes y afines que conforman un núcleo intelectual, una corriente de opinión, una vanguardia ciudadana, un conjunto de activistas, una señal de alerta, que cada vez logra documentar con evidencias que hay incapacidad en los poderes del Estado para protagonizar el llamado combate a la delincuencia.
Sin embargo, el reparto presidencial de responsabilidades por omisiones, impunidad, corrupción y negligencia, más allá de culpas hacia estadunidenses, jueces, legisladores y gobernadores, se convierte en el reconocimiento de los boquetes, huecos, abolladuras y grietas de una estrategia cuyo operador clama por las reparaciones cotidianamente.
Siguiendo la metáfora de Calderón del médico que le diagnosticó cáncer al enfermo que antes de la quimioterapia buscaba curarse con infusiones, este viernes, desde el quirófano, con el bisturí en la mano, el cirujano admitió que el anestesiólogo es un impostor, que por falta de pago no hay servicio de electricidad para encender el monitor de los signos vitales y que hay errores en la biopsia del tumor.
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El infierno existe. En Trípoli descubren 80 cadáveres descompuestos, eran pacientes de un hospital. ¿Causas? Un reporte inicial señala que murieron por negligencia, por falta de cuidados médicos. No cayeron en la guerra, aclaran.
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