Con los resultados a la vista
-Muy pobre el desempeño de la economía estadunidense en el 1er semestre.
- El mundo no anda bien y la incertidumbre no le ayuda a mejorar.
La sensación que los mercados me dieron durante la operación del viernes pasado y sobre todo en la última hora fue la de “aquí no va a pasar nada, tendremos que esperar hasta el lunes para decidir qué hacer, si es el caso, pero por el momento mejor hacemos algo más de liquidez y basta. Vámonos a casa”. Y creo que tenían razón. Lo que también creo es que todos nos fuimos a casa con la sensación de que el lunes regresaríamos sin respuestas claras alrededor de la negociación de la deuda en Estados Unidos.
Ojalá me haya equivocado, pero hoy es lunes y ya sabremos en qué estado siguen las cosas y si tenemos motivo para dirigir mejor nuestras decisiones de inversión y financiamiento. Sí, porque por estos asuntos de la deuda gringa seguramente se han aplazado muchas decisiones de ambos tipos alrededor del mundo, pues uno de los puntos que vigilamos todos es el nivel de las tasas de interés en los mercados, sea cuál sea el acuerdo al que eventualmente se llegase o no, su forma y sus consecuencias. Nadie quiere estar en el lado equivocado de la calle y por ahora no sabemos cuál es el correcto.
Para completar el cuadro, el crecimiento del PIB estadunidense fue muy pobre en el segundo trimestre: 1.3%, muy por debajo de la expectativa del mercado (1.7%), lo que, junto con la revisión a la baja que se hizo de lo obtenido en el primer trimestre (de 1.9% a 0.4%), deja un panorama triste del desempeño de aquella economía durante los primeros seis meses de este 2011. Desde luego que existen explicaciones que pueden definir esta situación como un tanto inesperada. Me refiero a los precios altos de la energía por los sucesos políticos de Oriente Medio y norte de África (aún en desenvolvimiento) y al impacto en las cadenas de producción y distribución, sobre todo de la industria manufacturera a consecuencia de los desastres en Japón. Pero el hecho es que hoy tenemos a la vista los resultados.
Y a lo anterior, pues hay que sumar lo que ocurre en Europa y ahora lo que pasa en Estados Unidos, así como considerar que en China seguirán tratando de controlar su inflación subiendo su tasa de interés con los posibles efectos —negativos— que esto tenga en su crecimiento. Algo similar podría estar ocurriendo en Brasil. Los componentes mencionados de la economía global explican, desde luego, por qué he insistido en que la tendencia de los mercados es bajista y que en consecuencia son los movimientos secundarios (que por definición van en contra del primario) los que permiten obtener algún rendimiento atractivo, por supuesto, actuando rápido y con el riesgo correspondiente que deriva de ir en contra de la marea. Pero así es esto. No siempre el viento sopla a favor.
Lo que cabe preguntarnos es si persiste aquella idea del soft patch temporal que se vino manejando en los meses recientes para definir lo que ocurría en la economía de Estados Unidos y en consecuencia en otras, como la mexicana, tan vinculada a aquélla. Y como se ven las cosas, me parece que el “bache” del que se vino hablando puede ser más profundo y prolongado que el esperado, sobre todo si se prolonga la incertidumbre que se ha propiciado en los mercados financieros globales por los temas que ya mucho he visitado en este espacio y que no parecen estar en la mejor ruta de solución. Y aun cuando se avance en ello, los progresos serán lentos, pues los procesos de desendeudamiento y estabilización, después de una recesión profunda como la que tuvimos en los años recientes, así como el que exista un nuevo ánimo para invertir de cara a una situación económica creciente, toman su tiempo.
El caso de Estados Unidos es particularmente importante para todos y en especial para nosotros, pues uno de los pasos obvios que se tienen que dar en su proceso de estabilizar sus finanzas públicas es la reducción del gasto del gobierno, lo que puede debilitar más aún a su actividad económica. El otro paso es aumentar los impuestos, lo que, de una u otra forma, reducirá la capacidad del sector privado para consumir, ahorrar e invertir, lo que ya de sí es complicado cuando se tiene un nivel de desempleo alto, como lo es ahora. Con los resultados del PIB a la vista, cabría pensar que la estimación para este año del crecimiento en Estados Unidos se acercará a 2%, más que a 2.5 por ciento. El año pasado fue 1.6 por ciento. Regresar al gigante a la zona de 3% no va a estar fácil. Suerte.
