Que pruebe su dicho o devuelva los pants

Sería deseable que el titular de la Conade explicara, a conciencia, las razones que tuvo para comprometer, en menos de 140 caracteres,a una industria entera...

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

Hace poco más de una semana se dio una noticia que, a pesar de haber pasado inadvertida para el grueso de la opinión pública, tuvo una gran importancia en algunos sectores de nuestro país. México se convirtió en el principal vendedor de carne de res, en cuanto a volumen total, a Rusia. Para lograr esto, los ganaderos mexicanos tuvieron que cumplir con la compleja regulación impuesta por los rusos, poco después de que los productores brasileños no pudieron cumplir con los controles sanitarios exigidos. Los brasileños.

En 2010, de acuerdo a información de la Secretaría de Economía, las exportaciones de carne de res congelada y deshuesada a Rusia fueron de tres mil 741 toneladas, según lo que en su momento difundió Reforma. En 2011, y solamente hasta el mes de febrero, las exportaciones sumaban dos mil 435 toneladas. Los productores mexicanos lograron desplazar, en el monto total de ventas, al líder mundial de exportaciones al mercado ruso, Japón.

Rusia es tan sólo un ejemplo. México es capaz de exportar carne de primera calidad, y de hecho lo hace, al mundo entero. Esto, a pesar de que la industria ganadera se enfrenta, de manera cotidiana, a problemas estructurales y coyunturales, como son las regulaciones extremadamente rigurosas y las sospechas de dumping realizado por otros países; las sequías, enfermedades, falta de condiciones de seguridad en la tenencia de la tierra o las condiciones de trabajo y los requerimientos tecnológicos cada vez más avanzados. Estados Unidos, por ejemplo, ha insistido en hacer cada vez más rígidos los requisitos para la importación de carne mexicana, por algunos casos de enfermedades que se han presentado en el ganado: ahora se tendrá que certificar, no sólo la salud del animal, sino la de sus progenitores. Y los productores mexicanos lo cumplirán.

La actividad ganadera es crucial para varias entidades, como Chihuahua, que exporta al mundo entero, cada año, una cantidad superior a 420 mil cabezas. Esto representa una actividad económica que involucra a más de 30 mil productores. Treinta mil productores en un solo estado. ¿A cuántos empleos directos e indirectos equivale esto? ¿Cuántas familias viven, en una entidad que está especialmente castigada por la crisis de inseguridad que atravesamos, de una industria que es reconocida a nivel internacional por su calidad y cumplimiento de las normas establecidas? ¿Cuántas personas trabajan en un sector que apenas a finales del mes pasado tuvo su convención nacional, en la cual fueron detectados retos y oportunidades y se establecieron compromisos y mecanismos para ser más competitivos y acometer los mercados internacionales?

La respuesta a estas preguntas, la complejidad del sector, y la importancia del mismo para la economía nacional son, evidentemente, desconocidas para el contador que fue postulado, en 2006, a la Presidencia de la República por el Partido Verde y que al poco tiempo renunció para integrarse al gabinete calderonista: Bernardo de la Garza.

En su meteórica carrera, De la Garza ha sido diputado, representante ante la ALDF, candidato presidencial efímero, jefe de proyectos especiales de la Presidencia y titular de la Conade, donde sustituyó a otro profesional de la gestión pública, Carlos Hermosillo, El Grandote de Cerro Azul. Ahora, además de experto en deporte tras dos años de trabajo, De la Garza se acaba de estrenar como experto en riesgos fitosanitarios y dio la orden de detener, por completo, el consumo de carne de res mexicana para todos los atletas de nuestro país, debido al riesgo que representa el contenido de clenbuterol en la misma. Además, se dio el lujo de pedir a los medios el apoyo para difundir esta medida, lo que ha sido diligentemente obedecido a nivel nacional e internacional. Ahora el mundo entero sabe que la máxima autoridad deportiva en México desconfía, no sólo de los productos mexicanos, sino de la opinión que al respecto tienen los expertos en la materia, quienes no cesan de repetir que la carne mexicana puede ser consumida sin riesgo alguno para la población.

¿Qué pensaba De la Garza al hacer un exhorto tan aventurado? ¿Estaba consciente de las repercusiones que sus palabras pueden tener para una industria que, con trabajos, está encontrando un lugar en la economía mundial? ¿De las justificaciones que acaba de brindar a las economías que buscan proteger a sus respectivos productores? ¿Del impacto para regiones enteras en nuestro país, en las que se trata de subsistir adecuándose a las complicadas regulaciones internacionales?

Es posible que nunca sepamos, realmente, lo que motivó la alerta del titular de la Conade. Lo deseable sería que explicara, a conciencia, las razones que tuvo para comprometer, en menos de 140 caracteres, a una industria entera, o bien que asumiera las consecuencias de sus actos. Porque ahora es muy fácil tomar la Blackberry y menospreciar la trascendencia de las declaraciones públicas: Twitter, y la aparente banalidad de los comunicados que a través de esa herramienta se realizan, pueden tener repercusiones que comprometan la viabilidad económica de miles de personas. Miles de puestos de trabajo que pueden perderse. Y si estas declaraciones no tienen, en realidad, sustento científico, la cantidad de trabajos que deberían perderse se reduce solamente a uno. Responsabilidad: que pruebe su dicho o devuelva los pants.

        *Analista político

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