Oso
En el número de julio de la Rolling Stone México, esa que trae a Lady Gaga en la portada, viene una reseña del disco solista de Saúl Hernández: Remando. El reseñista es José Xavier Návar, quien le dio la calificación más baja al Caifan mayor: una estrella, de ...
En el número de julio de la Rolling Stone México, esa que trae a Lady Gaga en la portada, viene una reseña del disco solista de Saúl Hernández: Remando. El reseñista es José Xavier Návar, quien le dio la calificación más baja al Caifan mayor: una estrella, de cinco. Antes de la reseña misma hay una leyenda, a modo de subtítulo, que describe en pocas palabras los sentimientos del periodista rockero respecto a esta obra: “Tras el membrete de Peor Disco de Rock Mexicano”.
Mi primera reacción al leer esto fue de alivio y a modo de broma le dije a un amigo que estaba a mi lado, “¡me salvé! Al menos mis discos solistas no son los peores del rock nacional”. Hablé antes de tiempo. De las más o menos 100 palabras que tiene la reseña, 22 de ellas están dedicadas a mi primer disco solista Oso, y en ellas Pepe Návar me da el galardón de Peor Disco de nuestro rock.
Mi reacción me sorprendió. En vez de enojarme o entristecerme como bien podría haber hecho, me dio gusto. Portar un título honorario, cualquiera que este sea, es mejor que no portar ninguno. Como dice la canción: prefiero tu odio en vez de indiferencia. A diez años de que saqué mi primer disco solista, el Oso bien podría haber caído en el olvido, pero hay gente que lo recuerda. A algunos les gusta, me consta. Para otros, como Pepe Návar, es “un parteaguas de lo peor que se ha grabado en el rock nacional”. Me quedo con la idea de “parteaguas”, que en mi vocabulario y en el de mucha gente significa “importante”.
Pareciera que los discos solistas están destinados al fracaso: aquellos de Frusciante de los Chili Peppers pasaron desapercibidos; los de Casablancas y Hammond Jr. fueron infravalorados; el de Paul Banks de los Interpol el respetable lo hizo a un lado para esperar con ansia el siguiente disco de su banda y ni hablar de los últimos de Jagger, que parece que ni siquiera existen.
¿Por qué, entonces, los músicos que formamos parte de un grupo nos aferramos a hacer trabajos en solitario?
Puedo decir que es para sentir esa individualidad que perdemos al ser parte de un conjunto. Desligarnos de ese muégano al que pertenecemos. Queremos hacer algo que no pase por el escrutinio de otros creadores, no tener que esperar el veredicto de nuestros compañeros.
Pero ese desligarse es una ilusión, pues el público te considera uno con los otros integrantes.
A mí lo que me pasó fue algo extraño: saqué el Oso por un gusto personal, un regalo que quería darme y compartirlo con quien se sumara de manera natural. Jamás me pasó por la cabeza que ese disco competiría contra los de Café Tacvba. De haber sabido que eso iba a suceder, lo habría sacado de todos modos, pero hubiera estado más preparado para lo que pasó.
Diego Manrique, crítico español de rock que en ese entonces escribía en El País Semanal, me dijo que no entendía por qué había recibido tan malas reseñas mi disco solista y por qué los fans de Café Tacvba lo habían rechazado. El fenómeno lo intrigaba y su teoría era que yo era un chivo expiatorio. “Café Tacvba es intocable, todos aquellos periodistas que han querido despotricar de tu grupo se desquitaron contigo”. No lo sé. Pero la teoría viene de uno de los críticos que más respeto en nuestro idioma.
Recuerdo que La Negrita, una fan de Tacvba así autoapodada, me contó un día que ella no había comprado ni escuchado el Oso porque le había dado mucha rabia. Se había enojado conmigo porque un disco solista significaba que su grupo favorito se desbandaba. Años después escuchó algunas canciones y le gustaron, así que lo comenzó a buscar por todos lados y no lo encontró. “El Oso está muy bueno”, me dijo, “¿no tienes uno que me regales?”. Los prejuicios no le hacen bien a nadie.
Esta reseña que recibí de refilón despierta en mí las ganas de hacer otro disco solista y re editar aquel Oso de 2001.
Si lo hago le pondré una etiqueta en la portada que diga: “el peor disco del rock mexicano, según la crítica especializada”. Estoy seguro que venderé muchos discos.
Como dice Ángel Flores, director de cine y videoasta: “Que hablen de ti, ¡aunque sea bien!”
