Lo dado y lo construido1 (VII)
Por una vida libre de violenciaLa violencia es el miedo a los ideales de los demás.Mahatma Gandhi Ocurre con demasiada naturalidad que las mujeres dicen no haber sufrido violencia en ningún momento de su vida. Sorprende porque los índices cada vez son mayores y ...
Por una vida libre de violencia
La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
Mahatma Gandhi
Ocurre con demasiada naturalidad que las mujeres dicen no haber sufrido violencia en ningún momento de su vida. Sorprende porque los índices cada vez son mayores y cada vez contra mujeres de menor edad. Sorprende porque la realidad señala todo lo contrario. Sorprende porque organizaciones de derechos humanos instan, cada vez con más empeño, a asumir la erradicación de la violencia contra las mujeres como prioridad normativa y eje central para el desarrollo social y democrático.
Tanta conmoción incomprensible no deja más lugar, que el obligado análisis de las respuestas de estas mujeres. Puede ser que estén teniendo un halo de lucidez en el cual ya no se relacionen con la palabra o la situación de víctima, y puede ser también que ya se hayan acostumbrado tanto a serlo que ya no saben diferenciar o nombrar una situación que las avasalla.
La victimización femenina ha dejado de ser interesante como arma de chantaje o seducción, pero eso igual ocurre con los hombres. Ahora las mujeres no quieren ser vistas como víctimas, sino como supermujeres, porque así lo dicta el canon social, sin saber que en su elección son igualmente víctimas. Sucede también que se obligan, o las obligan, a callar porque el silencio para este tipo de cosas es parte de lo aprendido y construido por las sociedades.
En la violencia —y más, en contra de las mujeres— a nadie le gusta ser la víctima ni reconocerse como tal. ¿Será porque la ley tan necesaria y vigente de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia —en su texto y sin que esto sea el espíritu de la misma— parece dejar a las mujeres sin voz y casi sin voto, como seres nulificados, como algo inerte incapaz de defensa? ¿O será que temen no ser creídas y en el fondo —y ante la confusión— incluso merecedoras del maltrato…? ¿Será que su cotidianidad las ha hecho insensibles al daño? ¿Por dependencia? O ¿Por inseguridad?
Aseverar por qué algunas mujeres no se sienten víctimas de violencia es un misterio que se ciñe más al segundo supuesto: a no poder diferenciar, reconocer y nombrar un suceso violento contra su persona.
La violencia es una característica propia de los seres humanos, desarrollada a partir de las condiciones del entorno. Es una manifestación de poder y dominio con la intención de controlar a la(os) otras(os) que se manifiesta a través de la agresión, entendida ésta como una conducta con la intención de dañar física o sicológicamente2.
La violencia social es el marco en el que se encuadra la violencia contra las mujeres, sin la primera no habría la segunda. La violencia de género es la representación real y simbólica de la valoración social, asimétrica e inequitativa que se tiene de las mujeres. En México se define la violencia contra las mujeres como “[…] cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento sicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte, tanto en el ámbito privado como en el público”3.
La violencia contra las mujeres surge en el contexto de poder en diversas condiciones sociales. Dentro de su inequidad, es la más equitativa pues no diferencia en raza, credo, capacidad económica, estudios y demás.
Esta violencia trae aparejada la mayor de las contradicciones, porque no se lucha contra la mujer, sino contra lo que ella significa e inspira hacia aquel o aquellos que la violentan a partir de sus propias concepciones, ideologías, creencias…
Existen muchas y muy variadas maneras de agredir a una mujer. Sin embargo, existe una que representa la cifra negra, ésa que es difícil de contabilizar por su naturaleza pudorosa y silenciosa, pero que a todas luces las autoridades intuyen —pues menos de 5% denuncia— y representa el mayor número de muertes al año en México: la violencia intrafamiliar, que merma a las estructuras familiares, comunitarias y sociales.
Cualquier violencia es terrible, pero aquella que se recibe de alguien de los tuyos supera a todas las demás. De ahí la incomprensión, la depresión, el dolor, la ansiedad y el delirio de las mujeres maltratadas. Estas mujeres invariablemente buscan en cada ápice de su conducta aquello que las haya hecho “merecedoras” del trato depredador. No existe ninguna razón, ni conducta ni defecto en ellas, sino en el agresor. La mujer violentada sufre una especie de círculo vicioso de incomprensión. El aislamiento al que poco a poco la hacen sumergirse la deja inhabilitada para alzar la voz y asirse a algo, a alguien, y así repitiendo una mentira terminan por hacerlas creer que no valen, que nada son, y que merecen ese trato, pues ellas lo provocan.
Se sabe que únicamente una de cada mil mujeres se enfrenta cara a cara con su agresor en igualdad de condiciones y en defensa de sus derechos a la par. Una de cada cien lo enfrenta pasado un tiempo y mediada separación; el resto de ellas siguen siendo las eternas víctimas investidas de silencio y de sumisión, recurren al suicidio o mueren a manos de su agresor
A la violencia contra las mujeres no se le sobrevive, se le supervive. La víctima de violencia de género que ha podido romper el círculo de la violencia ha roto con su cuerpo simbólico, ha roto con todo aquello que era y no, ha vuelto de cero, y en su aparente debilidad encontrará la mayor de las fuerzas, del razonamiento, del poder y, sobre todo, de las ganas de vivir.
La violencia de género entra sutilmente… no hace falta que la golpeen hasta casi darle muerte o la golpeen estratégicamente para que su ropa cubra el delito. La violencia de género tiene muchas formas de existir, pero siempre es táctica y avasallante… No siempre surge de un colapso de ira, de un enfado. Tampoco su furia es generalizada. Los abusadores pueden con toda tranquilidad —y en la mayoría de los casos lo son— comportarse como gente normal. Esta violencia es cobarde porque es en el interior, donde no se sepa, donde no se note… es premeditada, planeada.
El círculo de la violencia, dicen los expertos, tiene seis etapas: 1) abuso y culpabilidad; 2) razonamiento; 3) comportamiento normal; 4) fantasías; 5) planeación, y 6) trampa.
El abuso o tipo de violencia contra la mujer puede ser emocional, físico/sexual, económico, patrimonial, social o sicológico, ya sea por acciones o por omisiones que busquen de manera intencional dañar la dignidad, integridad o libertad de las mujeres, o bien cualquier lesión análoga. Si habremos de poner ejemplos, los pondremos; gritos, mentiras, engaños, insultos o silencios (emocional); golpes (física); violación, intento de o acoso (sexual); explotación, impago, techos de cristal y pagos inequitativos e injustos por el desempeño de un trabajo (económica); engaño, corrupción o abuso de confianza en bienes femeninos (patrimonial); devaluaciones continuas y repeticiones de insuficiencias, infundir miedo o amenazas (sicológica); tener a la mujer en un bajo concepto, minimizarla, subordinarla, negarla, tomarla como ser incapaz, frágil, débil o cosificarla (violencia social).
A todas aquellas mujeres que en ningún momento de su vida han tenido que lidiar con ninguna de las violencias nombradas, les digo que eso sería lo normal. Ojalá y ese 30% de las mujeres del país que ustedes conforman pueda llegar al 70% restante que son o fueron víctimas.
El afán de estas líneas persigue un ideal: que todos podamos reconocer lo anormal que nos es normal sin serlo. En el entendido estamos que cualquiera de estas acciones y omisiones ocurre en todo el país y en sus múltiples realidades. Ocurre por el desconocimiento de aquello que asumimos como normal, ocurre porque lo hemos considerado como un elemento negociable en nuestras vidas, ocurre porque el silencio ha reinado y porque ante la voz valiente se cuestiona y se denigra.
Es por México que debemos de rechazar cualquier acción u omisión de este tipo sin importar si le toca a usted o a la de al lado. La violencia contra la mujer golpea a la sociedad en todos sus frentes y avanza con cada una de nuestras tolerancias. No hace falta llegar a golpear a una mujer, cometemos el mismo delito callando el derecho que tenemos de denunciar, o bien con el ostracismo del perdón.
Si admitimos la subordinación, los gritos, trato desigual, pagos desiguales por el mismo trabajo, “permisos”, celos, arrebatos, chantajes. Si permitimos que nuestra vida sea manejada por otros, si no tomamos la responsabilidad de vivir de propia mano con todo lo que ello conlleva, si ocultamos el golpe, si cerramos puertas y ventanas al terror, si creemos que sin él no podremos sacar a nuestras familias adelante, si procuramos comprender al abusador y darle una nueva oportunidad, si seguimos sin denunciar los casos de violencia contra las mujeres, habremos perdido toda posibilidad de vivir en un México libre de violencia, porque el que no puede en lo poco, no puede en lo mucho, y si no podemos como sociedad limitar el abuso público y cotidiano, menos podremos detener el abuso privado. Hoy, la violencia mata a más de 30 mexicanas al día, 12 mil al año. Así no podremos evitar que mañana sea usted o yo quien sufra violencia de este tipo o de cualquier otro en el país.
* Egresada de la maestría en Periodismo de la Universidad Anáhuac México Sur. Licenciada en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Maestra en Ingeniería en Imagen Pública.
Twitter: @paolaboullosa/Email: paolaboullosa@hotmail.com
1 Este título hace referencia a la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, 1949, de donde nace su frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”.
² Patricia Valladares de la Cruz. Políticas para la erradicación de la violencia de género. En Mujeres y sociedad en el México contemporáneo: nombrar lo innombrable. Ed. Miguel Ángel Porrúa. Tec de Monterrey y Cámara de Diputados. México, 2004.
³ Artículo 5, fracción IV, de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Publicada en el Diario Oficial de la Federación, el 1 de febrero de 2007.
