Marcas siderales, sin validez
La multitud gozó el maratón de Boston con las zancadas aéreas de Geoffrey Mutai y Moses Mosop.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Durante siglos se pensó lo contrario. Incluso un potente cerebro como el de Aristóteles se equivocó rotundamente. El hecho real, físico, proyecta algo prodigioso: si despreciamos la resistencia del aire, una cabecita de alfiler y una locomotora, en caída libre, desde la cumbre del Everest, tocan el suelo al mismo tiempo. Galileo Galilei fue el primer hombre en deducir que todos los cuerpos caen a la tierra con igual aceleración. Él hizo repetidos experimentos con esferas de metal en un plano inclinado. Subió a la famosa Torre de Pisa para hacer la demostración. Stukeley, amigo y biógrafo de Newton, divulgó la historia de la manzana como el momento inspirador de la teoría gravitacional y sus leyes, pero no olvidemos que el propio Newton afirmó: Si veo más lejos es porque me he trepado en hombros de gigantes. Y uno de esos gigantes fue Galilei.
Ayer, explosión de energía. ¡Marcas siderales, sin valor ni reconocimiento oficial, en el Maratón de Boston! Fue un espectáculo extraordinario. La multitud, que por cierto recibe a través de sus ojos, el impacto de la velocidad y de la estética corporal del atleta (la percepción del espectador está en razón directamente proporcional a su inteligencia, cultura, conocimiento, sensibilidad artística, concepto de lucha), gozó el maratón de Boston con las zancadas aéreas de los kenianos Geoffrey Mutai, (2:03.02), Moses Mosop (2:03.06), el etíope Gebregziabher Gebremariam, (2:04.56) y el estadunidense Ryan Hall (2:04.58). Cuatro astros de la distancia por abajo de las dos horas con cinco minutos.
Los anglosajones distinguen World Best del World Record. Éste, en relación con las reglas de la IAAF, sigue en poder del etíope Haile Gebrselassie (2:03.59), porque en el plano inclinado, que hay del pueblo rural de Hopkinton y que cruza a través de Ashland, Framingham, Natick, Wellesley, Newton Lower Falls, Chestnut Hill Avenue, Boylston y que finaliza cerca de la Torre John Hanckock en Copley Square, hay de punta a punta una recta de 42,195 m con una pendiente de 139 metros.
La IAAF reconoce como récord el esfuerzo en una ruta cuya pendiente no sea mayor de un metro por cada kilómetro, no más de 42.195 m de descenso, y que no exceda del 50 por ciento la distancia entre salida y meta con el fin de equilibrar las pendientes, subidas y bajadas; la trayectoria del maratón debe tener forma de anillo o herradura.
La referencia de los parciales (habrá oportunidad de comentar que el domingo el Virgin London arrojó la lección de que los maratonistas mexicanos corroboraron que no saben correr en parciales negativos. ¡Es una pena!) es la siguiente: 5km - 14:29 Ryan Hall (14:29); 10 km - 29:06 Robert Cheruiyot (14:35); 15 km - 43:45 Ryan Hall (14:38); 20 km - 58.43 Ryan Hall (14:58); 25 km - 1:13:16 Mutai (14:31); 30 km - 1:28:23 Robert Kipchumba (15:07); 35 km - 1:42:35 Mutai (14:11); 40 km - 1:56:48 Mosop (14:07); 42.195 km - Mutai 2:03:02.
Del 35 al 40 Mutai corrió el 5,000 en 14:11 y Mosop señaló el 5,000 más rápido en 14:11. Esfuerzo in crescendo.
Otro referente. En el 2010, en Nairobi, Mutai, de 30 años, segundo en Rotterdam (2:04:55) y segundo en Berlín (2:05:10) corrió los 10,000 m lisos en 27:27.79. Y para Mosop, 26 años, bronce en el Mundial de Helsinki en 27:08.96, fue un debut de ensueño.