Intelectuales y política

Hoy es posible ofender al priismo y nada sucede. Más todavía, es fácil hacer lo mismo con el PAN.

En México no es sencillo saber cómo se mueven los intelectuales afamados, sean comunicadores, docentes universitarios, escritores o artistas. La suya es una conducta errática o desconcertante. Los vemos cerca del poder, sentirse oposición o víctimas del PRI, el que dicho sea de paso no gobierna al país ni al DF. A muchos les son útiles los poderes reales mexicanos: PAN o PRD, como antaño lo fueron los del PRI. Entiendo el odio que hoy les produce el tricolor. He escrito cientos de artículos criticándolo. Uno de ellos me costó la salida de Excélsior hace 15 años. Fui su crítico cuando era un riesgo. Hoy es posible ofender al priismo y nada sucede. Más todavía, es fácil hacer lo mismo con el PAN. Sólo los del PRD responden y con violencia.

Octavio Paz dijo que el poeta debe mantener distancia con el príncipe y enseguida cayó en manos del soberano. La lista es larga. Pocos son José Revueltas. El poder ejerce una severa fascinación, los caudillos la subliman. Nadie ha estudiado sicológicamente a López Obrador ni siquiera ha pensado a fondo en sus toscas acciones, sus más recientes proyectos (de los que antes carecía) son producto de intelectuales que lo mismo han sido marxistas que priistas y hoy devotos de un caudillo elemental. Puedo entender la seducción que ejerce sobre multitud de ellos porque nunca hemos dejado de ser un país iluminado por seres carismáticos, de enorme incapacidad para la democracia. Jamás se nos  ocurre sumarnos a ideas o proyectos que apoyen con vigor a la sociedad.

 Finalmente, suelen caer en lo grotesco, en el ridículo, como acaba de suceder en la absurda consulta PAN-PRD en el Edomex para eliminar a los caciques. Un grupo intelectual-político trabajó en vano sin pena ni lógica. La alianza no prosperó y, ante la turbiedad del asunto, se vio obligado a reprocharle al PRD, en especial a Ebrard, Obrador y Encinas, su actitud “separatista”, ella los conducirá a la derrota. El resultado era previsible. Prevaleció por encima del sentido común el odio al PRI, lo que impidió una reflexión más sensata. Los caciques y los corruptos no están solamente en el PRI, su herencia ha sido bien asimilada por el PAN y en especial por el PRD, cuyas acciones innobles son célebres. Dividir a los partidos en buenos y malos es un error lamentable. Siendo generosos, sólo hay que verlos en su parte dominante: la perversión. Los intelectuales puros pero equivocados, centraron toda su reflexión en un punto: hay que impedir el regreso del PRI, obvio, con otros caciques. ¿Han imaginado lo que significaría AMLO en el poder, sin ningún proyecto serio, con sus arrebatos de brutalidad y su populismo ramplón, con el poder que concede el presidencialismo mexicano? Del PAN, tenemos muestras de incapacidad, también de autoritarismo y corrupción. ¿Analizamos a Fox o a Calderón y su guerra contra el narco y la miseria?

Siempre creí en posturas más radicales como un cambio de estructura. Una utopía cuyos resultados fueron magros. Pero hay otras rutas para transitar a la democracia y ésas no pasan por los partidos políticos actuales sino por la sociedad. Aquellos que para modificar el cansado rostro del sistema político mexicano pretenden apoyar a otros partidos, caen en una trampa. Para colmo, los partidos están empapados de priismo. En especial el PRD. Fue fundado por ex priistas y sus triunfos se han dado con ellos mismos. ¿Dónde está la congruencia y los deseos de algo nuevo? ¿Las Amalias García son la solución? Ver a Calderón montado en el jamelgo heredado por el PRI mueve a risa o al PAN y PRD imitándolo en apresurados destapes de unidad, usando sus métodos y su lenguaje. Los intelectuales quieren salvarnos del PRI recurriendo a clones de ese partido cuya influencia se ha extendido por el país de modo trágico. Necesitamos servidores de la nación, no cascajo de la misma caverna.

*Escritor y periodista

 www.reneavilesfabila.com.mx

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