Gandhi y el Dalai Lama

Se va el líder de los tibetanos, no es una salida, menos una huida, sino la oportunidad que daa ambos lados para que se logre la paz.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

¿Qué es la guerra sino una vía para saber cuál de las partes enfrentadas tiene más poder letal?, pero jamás eso significará que el ganador es quien tiene la razón. Eso decía Gandhi cuando, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler estaba decidido a convertirse en el enemigo del mundo con tal de defender ese discurso que llevó hasta las últimas consecuencias. Desde hace ya varios años, se sabe de una carta que el líder hindú le escribió antes de que los tiempos de guerra fueran declarados, pero también se sabe que tal escrito jamás llegó a su destino, el gobierno británico no permitió que las líneas fueran leídas por quien motivó a escribirlas, ni siquiera que se hicieran públicas (y que ahora conocimos por medio de Pijamasurf.com), a pesar de ser profundamente hermosas:

“Algunos amigos me han instado a escribirle en nombre de la humanidad. Pero me he resistido a su petición, porque me parecía que una carta mía sería una impertinencia. Con todo, algo me dice que no tengo que calcular, y debo hacer mi llamamiento por todo lo que merezca la pena.

“Está muy claro que es usted hoy la única persona en el mundo que puede impedir una guerra que podría reducir a la humanidad al estado salvaje. ¿Tiene usted que pagar ese precio por un objetivo, por muy digno que pueda parecerle? ¿Querrá escuchar el llamamiento de una persona que ha evitado deliberadamente el método de la guerra, no sin considerable éxito? De todos modos, cuento de antemano con su perdón si he cometido un error al escribirle (...) apelo a usted, en nombre de la humanidad, para que detenga la guerra. No perderá nada si pone todos los asuntos en litigio entre usted y Gran Bretaña en manos de un tribunal internacional elegido de común acuerdo. Si tiene éxito en la guerra, ello no probará que usted tenía razón. Sólo probará que su poder de destrucción era mayor. Por el contrario, una sentencia de un tribunal imparcial mostrará, en la medida en que es humanamente posible, cuál de las partes tenía razón...”

¿Qué hubiera pasado si la carta hubiera llegado a manos de Hitler? ¿Las palabras de Gandhi hubieran bastado para frenar uno de los episodios que más duelen de la historia contemporánea? ¿Cuáles fueron las razones por las que el gobierno del Reino Unido no permitió que la carta hiciera su recorrido para ser leída por su destinatario? Preguntas que tal vez ya no valga la pena responder, si no es como mero evento histórico, pero que no podrán cambiar el rumbo del mundo y cumplir ese objetivo por el que fueron escritas.

De igual forma, así como no sabremos lo que en Hitler hubieran significado esas palabras, la intención de Gandhi, como uno de los principales líderes del planeta, quedo manifiesta hasta el último día de su vida.

El mismo trabajo, y en condiciones sumamente limitantes, es el que ha realizado el Dalai Lama, quien ya ha hecho oficial su anuncio de retirarse de la vida política de China y quedarse sólo como un líder espiritual. Y es que los encuentros con el gobierno de su país, para garantizar respeto e igualdad, no han sido fáciles.

Pero no se trata de una salida, menos, una huida, es, en realidad, la oportunidad que el líder de los tibetanos le da a ambos lados, gobierno y exiliados, para que puedan elegir a un nuevo líder político que logre ese cordial cruce entre ambos y queden atrás los conflictos y las asperezas con los que han tenido que convivir.

Ambos, Gandhi y el Dalai Lama, pensadores y líderes que, desde sus letras y actos plenamente pacíficos, han contribuido a que esperanza, paz y absoluta fraternidad, sean ideales sin capacidad de diluirse...

Addendum. Y desde estas líneas envío un gran abrazo a dos queridos amigos. Carlos Mota y Mario Delgado, uno compañero en Grupo Imagen y, el otro, secretario de Educación en el Distrito Federal, ambos, reconocidos como Líderes Jóvenes Mundiales 2011 en el Foro Económico en Davos, Suiza. Mención absolutamente merecida. Enhorabuena y qué orgullo que estos dos jóvenes pongan todos los días su talento, para hacer de éste un mejor país.

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